Desde mi sillón

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Athletic

Es una historia de dependencia morbosa. Me refiero a lo mí­o con el Athletic. Acudir cada quince dí­as a San Mamés acompañado por mis hermanas, comprar el emblema ( una especie de alcabala franquista), mostrar orgulloso mi carnet de socio infantil, jalear al equipo y disfrutar y sufrir a partes iguales, es una parte de mi infancia.

Qué digo: ¡es mi infancia toda!. Frí­a y húmeda, menos los domingos después de comer cuando nos disolví­amos en la rí­ada de gente que, después de la copa y el puro, acudí­a al campo a rascarse durante dos horas las pústulas que le carcomí­an el alma. Pero no yo. Yo iba feliz y nunca he vuelto a sentirme tan bien como cuando gan ábamos por muchos goles varios domingos seguidos bajo la dirección técnica de Dauicik o como cuando presencié en vivo el triunfo, en el propio Chamartí­n, sobre aquel Real Madrid de Diestéfano en la final de copa del 58.

Pero me quise convertir en un intelectual y desde finales del bachillerato se fue fraguando en mi alma la ruptura. Finalmente abandoné una carrera deportiva, modesta pero propia, en el Indauchu infantil, en el que corrí­a la banda derecha creyéndome Arteche, y rompí­ el carnet de socio como m ás tarde ellos quemaban la cartilla militar y ellas sus sostenes en un paí­s lejano. Empezaba así­ mi mundo; ahora me tocaba a mí­ y no estaba dispuesto a empañar mi futuro intelectual por un deporte de masas o a pagar por aquel tipo de emblema.

Pero las malas mujeres son conscientes de su poder y , adem ás, son vengativas. Y esta mujer seductora y mala que es para mí­ el Athletic se vengó. Me echó los tejos y yo los recogí­, en parte como un humillado y agradecido profesor Umrath que ha perdido su dignidad intelectual y se inclina a cambio de una sonrisa de cualquier Angel Azul. Y enarbolé la bandera roja y blanca para acudir, ahora ya a un ampuloso Bernabeu, y derrotar al Barcelona de Maradona en la final de copa del 84.

Satisfecho con mi amante mala y compartida, pero tan seductora , suave y sexy que uno acepta contento ser casi su exclavo, vine a Madrid a la estela de mi intelectualidad. Pero llegó la carcoma del alma y cada fin de semana constituí­a una tortura que no me dejaba vivir. Mi amante envejecí­a y no sufrí­a yo ya la dulce humillación de verle con nuevos admiradores. Sus antiguos amantes dejamos de mirarnos de reojo para contemplarnos de frente y saludarnos como colegas que saben que la procesión va por dentro.

Tení­a que romper y lo hice. No podí­a seguir sujeto al duro banco de los disgustos semanales viendo cómo mi vieja amante, la que mejor entendió el idioma de mi cuerpo, se arrastraba humillada por un poco de simpatí­a. Sí­, era cuestión vital; pero tambié habí­a un gesto de desafí­o hacia todos esos competidores que en su mirada al cruzarnos llevaban ya la oferta de un armisticio, la renuncia a la esperanza del triunfo total, la oferta de pertenencia resignada a la cofradí­a de exadictos anónimos.

Un conocido escribió que se exiló a Parí­s siendo nacionalista y volvió siendo bilabaino, es decir del Athetic. Otro amigo, ante las dificultades polí­ticas en las que nos poní­a el nacionalismo, decí­a que siempre non quedarí­a el Athetic; pero yo, que siempre me creí­ realmente el favorito, no podí­a aceptar estos consuelos de pobre. Se acabó. Para siempre.

Y así­ fue. Ya no oí­a los comentarios cada vez m ás escasos sobre sus andanzas de entretenida en decadencia y a punto de entrar en una residencia para ancianos prematuros. Pero ahora se muere y en donde no quedaba ni un rescoldo de fuego o de amor, surge la necesidad de defender su dignidad.

Llamo a todos los que hemos amado a esta mujer fatal. A este Athletic que canalizó nuestros amores desordenados. Sí­ ,todos sus examantes tenemos que enterrarle. Lo digo r ápido para no llorar. Tenemos que vender San Mam ás y construir un campo nuevo, sobredimensionado, eso sí­, como todo lo de Bilbao y colocar anuncios del Guggen en las camisetas. Tenemos que romper el monopolio de los jugadores vascos y acudir al mercado mundial como acudimos desde tiempo inmemorial al mercado del bacalao.

Cerremos dignamente la época que dio forma a los bilbainos de mi generación y abramos otra de la que niuestros hijos se puedan sentir orgullosos.

«Athletic» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 16 de Enero de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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