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Aterrorizado

Lo que ese día acabó de arruinarme el día, después del afeitado asimétrico y de la soledad afectiva de alguna gente con la que te topas sin buscarlo, fue el anuncio implícito de los peligros que me acechan y que no me parece puedan ser soslayados.

men-shavingMis problemas cardiacos que están ahí, pero están controlados, me condicionan la vida. No debo desfondarme ni acelerar el ritmo cardíaco, pero debo mantenerme en una forma que mi edad resiente. A pesar de ello no perdono mis paseos y los 35 kms semanales que debo acumular. De hecho me preparo para ellos con una dieta cuidadosa así como con el entrenamiento en casa tres días a la semana.

De una u otra forma cada día comienza de una manera terriblemente rutinaria. Mi cuidado personal me exige el afeitado diario, con espuma y maquinilla de toda la vida. Pero, por un error, hace unos días me hice con jabón en lugar de espuma y la preparación se hace más lenta, lo que me ha permitido notar que mi simetría de piernas y de hombros se extiende también a la dureza y densidad de la barba. Mi carrillo izquierdo es mucho menos suave y fija el jabón de una forma tal que afeitarme esa parte izquierda me exige un mayor número de pasadas de la cuchilla.

A mi edad estoy consiguiendo corregir mi excesiva caída del hombro derecho y la debilidad de mi pierna zurda, cosas estas resultado de la represión en mi tendencia a derrotar hacia la izquierda, pero lo de la barba no parece tener arreglo. Y es esto justamente lo que cada mañana me entristece: las cosas sin arreglo se van acumulando irremediablemente. Pero triste y todo salgo a mi hora como si fuera un colegial bien domado y me encamino a mi «colegio», con la mochila a la espalda, por alguno de los caminos alternativos que tomo según el brillo del sol, la temperatura o la pendiente de las cuestas.

Mi tristeza, sin embargo, aumenta todos los días al notar como mi paso es tan vacilante que me sobrepasan hasta los ancianitos y las ancianitas apoyándose en su bastón o en el brazo de la persona que les cuida y parece darles conversación.

El juego de los semáforos y la ralentización del paso de le gente, incluso joven, contribuye a que a veces yo tome una cierta delantera que me permite escuchar las conversaciones. El otro día una voz de mujer joven susurraba a su móvil: «no soy nada para nadie». Me quedé de piedra, casi me vuelvo y le ofrezco matrimonio: ¡alguien tan triste como yo!

Ese mismo día y ya habiendo resistido el impulso de la solidaridad, continué el camino elegido ese día y vi de lejos a la rumanita que a esta hora temprana pide limosna en la esquinita que le ha sido asignada, y siempre sentada en el suelo exhibiendo su cartel de «sin trabajo» o «quiero trabajar». como si su labor diaria no fuera trabajo. Me palpé los bolsillos y saqué las monedas que allí estaban y me apresté a depositarlas en su vasito de cartón generalmente vacío. Lo hice como cada día, doblando un poco mi cuerpo y estirando el brazo para que las monedas cayeran dentro del vaso. Su vocecita entonó el «muchas gracias» habitual que, lo crean o no, me consuela muchas mañanas y que suele ir acompañado de un «que Dios le bendiga».

Lo que ese día acabó de arruinarme el día, después del afeitado asimétrico y de la soledad afectiva de alguna gente con la que te topas sin buscarlo, fue el anuncio implícito de los peligros que me acechan y que no me parece puedan ser soslayados. Lo que me dejó aterrorizado hasta hoy, de momento, fue que en lugar de la coletilla habitual, ese día le oí un claro «que Dios le proteja».

«Aterrorizado» recibió 1 desde que se publicó el sábado 17 de mayo de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. juan urrutia dice:

    Esto no es un comentario, sino un addendum al post. Ayer me enteré de que, con una diferencia de un día, han fallecido dos viejos amigos de mi edad. Mi terror aumenta.

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