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Apuntes para una teoría del mecenazgo.

Quiero escribir sobre el mecenazgo en mi artí­culo del mes de septiembre en EXPANSION. A partir de la campanada de Warren Buffet se ha vuelto a escribir sobre esta actividad que nos deja la mente en blanco y no sabemos como interpretar. O al menos yo me siento confuso.

Quiero escribir sobre ella porque, aprovechando el viaje, deseo revisar mis ideas al respecto que ya empiezan a hacerse viejas y a parecerme dudosas. Yo penbasaba que es bien posible que el mecenazgo no tenga nada que ver con el altruismo, especialmente cuando se trata de mecenazgo empresarial canalizado a través de fundaciones relacionadas con empresas con muchos accionistas que apenas notan el sacrificio en sus bolsilllos.

Pero cuando se trata de mecenazgo individual como el de Gates, Soros o Buffet, quien ni siquiera quiere gestionar su generosidad, es más difí­cil abstarerse del aspecto altruista. A pesar de ello lo voy a intentar en EXPANSION; pero por el camino se me plantea una complicación que no sé cómo encajar en mi proyecto desmitificador. Quizá después de un rodeo consiga encajarla.

La complicación comienza con una idea de una amiga, antigua alumna y hoy brillante catedrática, que me comenta lo que una serie de experimentos les van permitiendo, a ella y a sus colaboradores, intuir.

Esa intuición consiste en la posibilidad de que el altruismo dependa de la arquitectura de le red social en el sentido de que los nodos centrales serí­an más generosos que los marginales. Y, como no conozco su trabajo con precisión, me pongo a pensar sobre centralidad en las redes a mi manera artesanal.

Si la centralidad se define y mide según la cantidad de conexiones de entrada y de salida que ese nodo tiene en la red social, podrí­amos pensar que un individuo que corresponda a ese nodo así­ definido como central conoce a mucha gente y, para hacer mi pensamiento plástico, que seguramente organiza muchas fiestas sociales.

En cambio, si esa centralidad se definiera y midiera de acuerdo con la medida estándar de betweeness centrality un nodo será muy central si por él pasan muchas o la mayorí­a de las conexiones entre las diversas personas que conforman la red social y que podemos identificar como los invitados a la fiesta social a la que me referí­a en el párrafo anterior.

Que ambas nociones de centralidad son distintas es bien conocido y se puede ver fácilmente con un poco de imaginación y papel y lápiz. Toma un nodo, haz que salga d él una bifurcación hacia dos nodos y de cada uno de éstos otra bifurcación a otros cuatro y cierra el arbol. Haz esto otra vez a partir también de un nodo inicial. Si el nodo incial es el mismo en ambos casos se trata de un nodo que es central en ambos sentidos. Si el nodo inicial no es el mismo puedo unir los dos distintos entre sí­ y, en ese caso, ese nuevo nodo es central en el segudo sentido; pero no en el primero.

La primera consecuencia inmediata de esta diferenciación es fácil de enteder. Para sacar provecho, o extraer una renta, de su centralidad, el primero, rey de las relaciones públicas, tiene que gastar mucho y, seguramente convida más a menudo a los más centrales. En cambio el segundo individuo potencialmente central no necesita gastar mucho en fiestas sociales. Ni siquiera será invitado a muchas de ellas. Sin embargo podrá extraer una gran renta por su posición privilegiada que le permite poner en contacto a muchas posibles parejas de nodos.

Esto me hace pensar que la conclusión experimental tentativa de mi amiga igual no es tan evidente. El “padrino” es más central que el “festero” de acuerdo con la medida estándar y según los personajes de Mario Puzzo o sus trasuntos cinematográficos de Ford Coppola. Sin embargo, es aparentemente menos generoso.

Notemos que el que gasta más, es decir el más aparentemente altruista, es menos importante que el que gasta poco porque es este último el que puede dañar mucho a las conexiones si desaparece y, por lo tanto, no necesita hacer muchas y caras relaciones públicas. El “padrino” solo invitaba en ocasiones y aceptaba pocas invitaciones; pero recibí­a “diezmos” de todo el mundo.

Solo tengo una forma de recuperar la idea de mi amiga. Consiste en tener en cuenta el ciclo vital de manera que no se llegue a ser central en el sentido estándar si, primero, no se es muy generoso en establecer muchas conexiones que, una vez establecidas, ya puedan ser explotadas.

Si esta manera de entender el aparente roce entre mis ejemplitos y los experimentos de los especialistas pudiera ser tomada en serio, entonces me sentirí­a feliz porque los filántropos individuales que observamos no serí­an sino cazadores de rentas preparándose el terreno para cobrar piezas serias en el futuro. Mi vieja intuición no habrí­a perdido lustre.

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Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. No se si será significativo en ese sentido que Gates exija, para comprar medicamentos que estos renuncien a la patente… algo en principio llamativo para alguien que ha obtenido esos fondos precisamente gracias al monopolio otorgado sobre las creaciones de su empresa otorgados por el copyright.

    ¿Está invirtiendo Gates o simplemente está presionando a las empresas farmaceúticas al modo que al le presiona Linux porque pensaba cual linuxero? ¿Compartía mientras la perseguía con ardides de leguleyo, la ética del software libre?

    Si fuera esto segundo se trataría de un curioso caso moral: alguien que obra de forma opuesta a sus creencias, persiguiendo a otros con argumentos que no comparte sólo para evitar la competencia de aquello en lo que realmente cree. Esta segunda opción me resulta demasiado chirriante. Sería una bajeza moral, además.

    Así que si, debe ser pura y simple inversión, espectáculo para esa parte del público que, mal informada, sigue pensando en él como un innovador y un ejemplo de libre competencia.

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  2. […] la cuestión que surge, al menos desde el punto de vista del mecenas-coleccionista es para qué quiero artistas que van un paso por detrás, cuando lo que busco son ideas en bruto que […]

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