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American vigettes 5

Una vez cumplida la extraña ceremonia de esconder el rostro entre las manos en actitud de oracion, los otros rituales, los que no tienen mas remedio que celebrar la vida, continuan imperturbales.

Hoy dejo N.Y. , la ciudad que construyeron y en la que se refugiaron los “robber barons”, en dirección oeste hacia la tierra de los padres fundadores. Pero no puedo hacerlo sin un comentario sobre la zona cero.

Ignoro por que , pero a medida que me acercaba a la zona, pensaba en Le Chagrin et la Pitie, un film de Max Ophuls hijo que produjo ira en los bienpensantes. Esa pelicula confrontaba el mito de la Resistencia francesa con malestar y con piedad.

Zona CeroExpreso piedad por quienes murieron o vieron su proyecto de vida seriamente condicionado. Pero no estoy seguro de sentir nada.

Y el malestar es de una naturaleza inesperada. Me parece odiosa la unción de los visitantes, casi ningun wasp, y su silencio impostado me irrita hasta el punto de que siento la tentación de la irreverencia. No por sentirme por encima de la piedad, no por una extraña necesidad de confesar que no siento nada ante la devastación; sino por denunciar que nadie siente nada aunque se crean en la obligacion de sentir algo.

Verán. La zona es diminuta en relacion a esa parte de N.Y. que es Manhattan. La herida es como un pequeno corte en el meñique producido por el borde de un hoja de papel: nada. Ingenua Al Qaida si cree haber producido una gran herida. Pobres afectados si creen que sus muertos significan algo. La transmision genética que es lo único en común que tiene la masa de gente que abarrota la zona, no ha sufrido nada, continua su ciega tarea.

¿Para qué pues el ritual? ¿para qué el duelo que los visitantes fingen? Quiza para llegar a sentir el dolor redentor de toda nuestra inanidad. La máscara hace el rostro y nos gustarí­a que ese rostro fuera humano. Para ello nos revestimos de ceremonial y nos maquillamos cuidadosamente. Pero no siempre lo conseguimos aunque tampoco eso importa. Lo único que importa es que, un poco mas al sur, el Battery Park está lleno de madres jovenes y de embarazadas.

Una vez cumplida la extraña ceremonia de esconder el rostro entre las manos en actitud de oracion, los otros rituales, los que no tienen mas remedio que celebrar la vida, continuan imperturbales.

«American vigettes 5» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 5 de Mayo de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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