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Ablación y zafiedad

No hay hoy periódico que no comente, editorialice o monte un reportaje de opiniones sobre la caricatura de los Prí­cipes de Asturias practicando el sexo a su manera. Pero en medio de eso encuentro en El Mundo una entrevista con una mujer que dedica su vida de arrepentida a predicar contra la mutilización de una fuente del placer sexual de las mujeres.

No entiendo ni bien ni mal esta última práctica bastante extendida. Se dice que es una muestra de dominación masculina transmitida por las mujeres ya domadas. Pero yo no entiendo por qué los machos se privan a sí­ mismos del placer de los ojos en blanco o del desorden absoluto que revela el orgasmo femenino. Como ese placer me parece de lo mejor a lo que uno puede aspirar como macho, debe haber alguna causa profunda para explicar esta costumbre bárbara. Lo único que se me ocurre es que los machos son, o somos, unos remilgados en cuestiones sexuales y que tenemos no miedo, sino terror, al desorden del placer desbocado.

Pero los remilgos no son solo cosa de varones. Ellos y ellas se convierten en cursis señoritas de catequesis dominical en cuanto se trata de hablar de la caricatura de nuestros prí­ncipes. Hay quien está de acuerdo con la decisión judicial y quien no lo está; pero unos y otros, y especialmente los defensores de la primací­a del valor de la libetad de expresión sobre el de la dignidad de la pareja de sangre real y supongo que caliente, se apresuran a decir y afear el mal gusto, la groserí­a y la zafiedad de las viñetas. Y qué, digo yo; ni que el buen gusto sea obligatorio o la buena educación una virtud teologal. Me parece que, en el caso que comento, se trata más bien de una especie de coartada ante la posible represalia del poder simbólico que representa el Rey, el gran macho al que nadie quiere ofender.

No hay postura sexual humillante que ofenda la dignidad de quien la pratique, ni hay dominación que venza el miedo al desorden. Admitamos el desorden y hablemos menos de dignidad en materias sexuales.

Concentrémonos más bien en eliminar el miedo ante lo ajeno o lo extraño, sea por diferencia de color o de costumbres o de creencias y en defender la dignidad de los que no tienen voz ni oportunidades.

«Ablación y zafiedad» recibió 0 desde que se publicó el Sábado 21 de Julio de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] a hablar de sexo se me ocurre, complementando lo que ya he dicho aquí, que el miedo del varón al orgasmo femenino, es el miedo a no controlar la medida de las cosas. […]

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