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A vueltas con la felicidad

Como dentro de unos pocos meses se cumplirán diez años de la primera época de este blog, voy a tratar de recuperar algunas entradas o borradores que me parezcan significativos. Tal es el caso de este borrador del 29/10/2003 que tiene un espíritu y un estilo que nada tienen que ver con los actuales después de casi cinco años de crisis. Es posible que se publicara en EXPANSION, pero no lo he podido encontrar.

Escuela de Atenas, por Tibaldi, en El Escorial

Que el dinero no hace la felicidad es una pieza de sabiduría popular en cuyo análisis no imaginamos a los economistas para quienes la idea de felicidad parecería totalmente ajena. Sin embargo empiezan a aparecer estudios y encuestas sociológicos, así como experimentos de laboratorio, relacionados con los determinantes de la felicidad, que plantean problemas interesantes que la ciencia económica, en su afán imperialista, pretende hacer suyos.

Pero, como siempre, hay antecedentes. Limitándonos a los próximos hay que citar The Joyless Society que en 1976 publicó Scitovski en Oxford University Press. En la segunda parte disecciona las estadísticas del consumo cultural americano y europeo y ofrece unos comentarios que hace poco (ver Economista joven, economista viejo en Economía en Porciones, Prentice-Hall, Madrid 2003) yo resumía de la siguiente forma:

A los americanos les interesaría el confort y a los europeos el placer. El confort es como un bien negativo que sirve realmente para evitar cualquier roce con la realidad mientras que, para encontrar el placer, uno tiene que pagar el precio de un pequeño roce estimulante. El confort procura evitar las sorpresas mientras que el placer estaría muy relacionado con lo inesperado. La rutina y homogeneización haría feliz a un americano mientras que las innovaciones y las diferencias proporcionarían placer a un europeo. El arte del que gustan los americanos sería un arte provinciano mientras que las vanguardias sí que serían apreciadas en Europa.

Habría mucho que discutir sobre esta caracterización del gusto artístico que hace Scitovski e incluso cabría darle la vuelta; pero lo que interesa retener ahora es que la felicidad como confort es muy diferente de la felicidad como placer y que hay como una presunción implícita de que solo la segunda es creativa.

Mucho más recientemente he topado con tres publicaciones que directa o indirectamente, de frente o tangencialmente, exploran los determinantes de la felicidad sin distinguir entre confort o placer. Mesina, di Tella y McCulloch resumen una encuesta sociológica sobre el efecto de la desigualdad sobre la felicidad diciendo que es negativo, grande y significativo en Europa pero no en los EE.UU. En el Economic Focus del 9 de agosto, The Economist se hace eco de las Robbins Memorial Lectures ofrecidas por Richard Layard y en las que éste economista introduce la idea de ocio como determinante de la felicidad. Citando algunos experimentos de laboratorio Layard sugiere que los europeos serían más felices que los americanos debido a que trabajan un 15% menos consiguiendo así un surplus de ocio gracias a un más alto tipo marginal en la imposición sobre la renta que desincentiva el trabajo.

Además de la desigualdad y el ocio podríamos pensar en la seguridad como un tercer determinante de la felicidad y a ello nos llevaría una lectura oblicua del último libro de Robert Schiller, The new financial order editado por Princeton University Press, New Yersey 2003, en el que con verdadero talante proyectista recomienda nuevos y ambiciosos esquemas de aseguramiento mutuo. De acuerdo con estas tres piezas bibliográficas nos encontraríamos con que la felicidad de un miembro individual de un cierto grupo dependería de la desigualdad de la renta en el grupo, del ocio al que se puede acceder dados los incentivos fiscales y de la certidumbre que me puedo garantizar a través de los activos financieros disponibles a efecto, de aseguramiento.

Entender las características de una función que uniera igualdad, ocio y seguridad a la felicidad no es un problema baladí o falto de interés; pero está muy alejado de lo que puedo hacer hoy aquí. Hoy y aquí sólo se me ocurren algunos comentarios y una sugerencia interpretativa que quizá puedan tener algún interés.

El primer comentario es típico de economista. Quizá un mismo grupo humano pueda alcanzar a través de su actividad económica, y teniendo en cuenta el sistema impositivo y el financiero, dos tipos de equilibrio: uno, europeo, en el que hay poca desigualdad, mucho ocio y poca incertidumbre y otro americano, en el que la desigualdad es mayor, se trabaja más y hay una mayor incertidumbre. Cabe, naturalmente, que cada tipo de equilibrio corresponde a grupos humanos distintos; también es posible que haya otros equilibrios menos característicos y no es posible saber si siempre podríamos clasificar los equilibrios unánimemente en términos de felicidad. A pesar de estas matizaciones y sólo a efectos expositivos voy a continuar fijándome en los dos equilibrios que he destacado.
El segundo comentario es menos de economista y exige un poco de imaginación. Es claro que no puedo clasificar ambos equilibrios porque he comenzado admitiendo que no parece haber una relación clara entre renta y felicidad individuales. Trataré por lo tanto de clasificar ambos equilibrios de acuerdo con una noción alternativa y mal definida, la creatividad, que en cualquier caso, parece estar en el origen del crecimiento de los países en la sociedad global del conocimiento. Lo que quisiera saber es si, en los términos utilizados por Scitovski, el equilibrio americano es más o menos confortable que el europeo y si éste es más o menos placentero que el americano, a fin de saber cual es más creativo.

En el tercer comentario pretendo contestar a la pregunta que acabo de plantear en el segundo. En los términos generales que utilizaba Scitovski deberíamos decir, tal como ya insinué, que quizá hoy lo americano haya heredado la búsqueda del placer y de la creatividad y lo europeo se haya estancado en el confort. Quizá en los 70 los americanos prefieran Wyeth a Pollock; pero quizá sean los europeos los que prefieren hoy Clemente a Rothko. Sin embargo quizá quepa una sugerencia que pretendería hacer una distinción fina en el concepto de creatividad.

En efecto, se me ocurre que podríamos pensar en dos tipos de creatividad asociados respectivamente a los dos términos, Manchester y Atenas; que Freeman Dyson utiliza para caracterizar dos actitudes distintas hacia el conocimiento. La creatividad manchesteriana, estaría asociada a la solución de problemas concretos planteados por la realidad inmediata, mientras que la creatividad ateniense estaría en el origen de conceptualizaciones más generalizadoras.

Simplificando todavía más diría que esta distinción correspondería a la distinción entre tecnología y ciencia, o entre ciencia aplicada y ciencia básica. Mi sugerencia arriesgada puede por ahora explicarse claramente. El equilibrio que Europa alcanza en términos de igualdad, ocio y seguridad proporcionaría más o menos felicidad (¿quién lo sabe?) pero creo que propicia una creatividad ateniense, mientras que el equilibrio que América alcanza entre esos mismos elementos proporciona una creatividad más asociada a Manchester aunque no podemos decir nada respecto a la felicidad que proporciona a un americano.

Hace unos años hubiera terminado este conjunto de comentarios sugerencias e ideas afirmando que yo preferiría, en las condiciones expuestas, ser Europeo pues la creatividad que me lleva a la compresión general y a la unificación del conocimiento me hace más feliz que la creatividad asociada a la solución de problemas según van llegando. Habría añadido sin duda que no hay tecnología sin ciencia, una afirmación muy europea o ateniense.

Hoy, a la vista de lo que observo sobre política científica o prestigios culturales no estoy tan seguro de que la ciencia preceda conceptualmente a la tecnología y, consecuentemente pienso que quizá fuera muy feliz enfrascado en problemas tecnológicos simples y bien definidos con la finalidad de no desviarme mucho de la renta media y a pesar de la falta de ocio o de la relativa inseguridad. Pero quizá este cambio en mis preferencias no sea genuino sino el resultado del éxito momentáneo del modelo cultural americano… a pesar de Bush.

«A vueltas con la felicidad» recibió 2 desde que se publicó el Miércoles 11 de Abril de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. Ramón M dice:

    Matthieu Ricard: “La búsqueda de nuestra felicidad no funciona sin la de los demás”
    http://www.expansion.com/2012/04/10/directivos/1334081698.html

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