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A propósito de Hopper o entre la lealtad y la traición

Me atrevo a decir sin autoridad ninguna que lo que nos enseña es la importancia de diferenciar el afuera del adentro. El ojo del pintor mira el adentro iluminado de una oficina desde un afuera nocturno. La luz de la mañana que viene del afuera de una habitación sirve para proyectar sombra en el adentro de esa habitación y el pintor da testimonio de ello.

Office at nightMeursault, el protagonista de El Extranjero de Albert Camus es alguien en quien la experiencia de la nausea que siente Roquentin en la novela homónima de Jean Paul Sartre ante la visión de una raíz, es llevada al límite. Cualquier cosa o persona, y no solo una raíz, resulta totalmente extraña a un ser humano incapaz de reconocer su funcionalidad y resulta absurda e incomprensible en su simple estar ahí. En un sentido ético y/o pragmático esta sensación alucinada, o quizá totalmente lúcida, nos permite afirmar que, tal como decía hace un par de meses, la heurística, aquella con la que nos hemos conducido hasta ahora, se ha acabado.

Esta constatación es un posible prólogo para una comprensión de la Modernidad como el período histórico durante el cual se construye y se usa una heurística escatológica propia del fin de los tiempos. El camino de la Razón está trazado por la comprensión definitiva del funcionamiento de la naturaleza que el uso sistemático de la razón científica y de su práctica tecnológica, permiten. Pero esta heurística, quizá como todas las posibles, tiene sus puntos de ruptura y poco a poco se convierte en un quehacer sin principio ni fin que no sacia la sed de absoluto más que a aquellos que no sienten nunca sed y para quienes la noción de absoluto les es extraña.

Pero aquí irrumpe el punto de ruptura. Este ocurre cuando desde la misma modernidad se detectan agujeros en el llamado proyecto de la Modernidad que intentan ser taponados o disimulados bien desde la filosofía, que resucita viejos temas problemáticos supuestamente superiores en algún sentido o se esfuerza en pensar justamente las huellas de la heurística, bien desde la literatura que mira a las «cosas» como de soslayo tratando de cazarlas en sus lenguajes secretos o en sus muecas divertidas cuando no las miramos.

Pero cuando esto ocurre y sigue ocurriendo sin que la ciencia nos ayude a mirar a otro lado ni surja ningún absoluto sin fisuras nos comenzamos a hacer preguntas locas como por ejemplo ¿quién soy yo? o como ¿cuántos soy? Imitamos a la física cuántica y decimos que un ser humano es tanto el corpúsculo, o agente, individual de la teoría económica como una onda formada por sujetos que no pueden traicionar del todo su identidad colectiva y encuentran un extraño compromiso entre la lealtad y la traición en frase afortunada de J.L. Larrea. Lealtad a esa identidad colectiva y traición a la misma que les permite devenir «sujetos» siempre en terreno de nadie, siempre dudosos del control de su propio destino y nunca seguros de la forma de enfocar los enigmas para convertirlos en problemas que tengan una respuesta provisional satisfactoria. No soy nadie, pero como el demonio soy legión. No sé cómo atraparme a mí mismo para controlar mi destino, pero como los gatos tengo siete vidas.

¿Cómo entender algo en este mundo extraño que solicita mi escepticismo ante mi necesidad de absoluto y ante esta última me impone un relativismo implacable? Las ideas de soledad y de incomunicación o de ser arrojado a este mundo extraño en el que me siento extranjero, propias ambas del existencialismo camusiano o sartriano se me han quedado cortas ante la necesidad que tengo de agarrarme a algo que no fluya sin parar, el compromiso con lo que sea resulta falso y meramente voluntarista, las mil caras que me atribuye la psicología trufada de neurología no acallan mi terror a la desaparición.

Y es en este vacío, por otro lado tan trivial, donde entra Hopper pues contrariamente a la idea en toda crítica especializada nada tiene que ver con la soledad de seres puestos ahí sin ninguna intención ni con el silencio metafísico. Me atrevo a decir sin autoridad ninguna que lo que nos enseña es la importancia de diferenciar el afuera del adentro. El ojo del pintor mira el adentro iluminado de una oficina desde un afuera nocturno. La luz de la mañana que viene del afuera de una habitación sirve para proyectar sombra en el adentro de esa habitación y el pintor da testimonio de ello.

Lo que importa parece decir, al menos a mí, es saber si todo es endógeno o no lo es. En el primer caso no tengo esperanza alguna de explicar propiamente nada, sino que solo puedo aspirar a observar lo que ocurre a mi alrededor como un simple mariposón del pensamiento. En el segundo caso solo me queda apelar a alguna forma de trascendencia o razonar que la zona iluminada desde la oscuridad exterior será cada vez mayor convirtiéndome así en un mariposón con mayor empaque.

Y de la rebelión ¿qué?. Pues el acto gratuito, esa entelequia tan de nuestros Roquentin o Mersault, se nos han quedado anticuados como si fueran una retirada desordenada de una batalla que sabemos imposible de ganar. La soledad acompañada en una gasolinera de carretera secundaria parece un acto más significativo. Pero significativo ¿de qué? Quizá, y solo quizá, de vivir a pesar de todo como un hombre de la frontera que es el hábitat natural de aquellos que tienen las manos en la luz de la habitación de un hotel y los pies sólidamente apoyados en la oscuridad de la noche que nos rodea.

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  2. […] del deseo de comprender. Por una u otra razón me parece que mis últimos posts, especialmente este y este, son […]

  3. […] Es, por otro lado, el único pensar adecuado para un hombre de la fronera, alguien que trata de establecer un cierto compromiso entre la lealtad y la traición, un ser humano exilado y huérfano. […]

  4. […] admisión de un afuera distinto de un adentro no es algo banal pues es similar y no puede ir separada de la distinción entre trascendencia e […]

  5. […] la guerra de Corea. Más allá de la manera de narrar, está la imagen y allí aparece una vez más Hopper con su plasmación pictórica del aislamiento de los hobres y mujeres y los silencios de gentes que […]

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