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21veintiúnversos

No se si seré capaz a esta edad de conseguir la construcción de esa Macro; pero de lo que ahora sí que estoy seguro es que esa construcción, que debería estar en el corazón de mi segunda novela, puede llegar a ocupar ese lugar y librarme así de esta parálisis que me aqueja desde hace ya bastante tiempo.

La unión armoniosa de palabra, imagen y sonido conforma una piedra preciosa que me resulta muy difícil de encontrar. De hecho es esta la dificultad que me tiene atorado con un posible relato que no consigo llegar a terminar. Y, héteme aquí que el otro día, en la Galería de Guillermo Osma, me topé con la sorpresa de la presencia de esa unión en forma de revista con ese nombre, 21veintiúnversos, una referencia obvia a los 21 gramos que pesa el alma.

Es una galería que visito a menudo y la última vez pocos días antes de esa reunión acompañando a mi mujer quien adquirió una obra preciosa de Dis Berlin. Pero la audiencia esta vez no era la habitual y reconocí pocas caras excepto una y bien bella.

Como el local es una sala de exposiciones no está preparada para acoger a mucha gente sentada lo que produjo una anécdota que no puedo dejar de contar. Una señora se levantó de una de las pocas sillas disponibles y me aconsejó pedir una silla porque «a cierta edad…» (y me dijo que tenía 90 y pico años). Claro que soy mayor pero pocas veces lo he sentido tan claramente como en esta ocasión. Convencí a esta señora encantadora de mi fortaleza y me mantuve de pie durante todo el acto más por orgullo que por buena forma física.

La unión de Palabra (poesía de la nueva revista), Imagen (pintura de Dis Berlin) era obvia y relativamente fácil, pero el sonido era más problemático. Sin embargo, la música apareció de sopetón cuando un poeta presente, Luis Alberto de Cuenca, leyó, como a mitad del evento, un poema que formaba parte de este tercer número de 21veintiúnversos y que cita a Brahms y a sus Danzas Húngaras, especialmente la quinta.

Aquí se puede oir esta famosa pieza y en el catálogo de la exposición de Dis Berlín en la Galería Guillermo de Osma, como ya he dicho, se edita el poema que la cita junto a la reproducción de Musa Danzannte, uno de los más bellos cuadros de la exposición. He aquí el poema de L.A. de Cuenca.

Escribí alguna vez que la Kammermusik
de Brahms era uno de los pináculos del arte
que no deben faltar en las más exclusivas
colecciones de música de siempre.
Las Ungarische Tänze no le van a la zaga
y aportan, en mi caso, cierto temblor biográfico
que les da más glamour y sentimiento.
Oyendo hace mil años la quinta danza húngara
-sin duda la mejor-te plantaste en mi vida.
Desde entonces, un tipo como yo, que no sabe
dar un paso de baile, se sorprende
marcándose una danza contigo de pareja
cada vez que se acuerda de ti (que es casi nunca,
por suerte para mí y para mis huesos,
definitivamente jubilados).

Merece la pena escucharla y no solo porque es muy bella y muy conocida. Más bien porque nos permite distinguir entre la continuidad, de la que escribía hace unos días, y las diferentes formas de ruptura de esta continuidad. Y esta genialidad musical me hace ver que la discontinuidad no solo puede ser esencial para hacer una Macroecomía buena y relevante sino que, además,que no toda discontinuidad sirve para eso. No hay recetas para la genialidad.

En una ocasión tan rara se me abrió la cabeza a la posible unión de esas tres cosas tan aparentemente dispares como son la Palabra, la Imagen y el Sonido. Y la introducción de esta última componente es la que permite utilizar la discontinuidad para construir bien la Macro del desequilibrio.

No se si seré capaz a esta edad de conseguir la construcción de esa Macro; pero de lo que ahora sí que estoy seguro es que esa construcción, que debería estar en el corazón de mi segunda novela, puede llegar a ocupar ese lugar y librarme así de esta parálisis que me aqueja desde hace ya bastante tiempo.

«21veintiúnversos» recibió 7 desde que se publicó el Martes 7 de Febrero de 2017 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. ¡¡¡Bien!!! No sabes cuánto echo de menos al Juan economista. Tanto, imagínate, como para perdonarle a de Cuenca sus versos cortesanos!

  2. Imagen de perfil de Juan Urrutia Juan Urrutia dice:

    Gracias por el perdón. Y quizá consiga volver a la econmía.

  3. ¡Bravo! Alivia empezar a ver un poco de optimismo ¡Animo!

  4. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Esa aspiración de unir sonido con palabra e imagen es la del arte total. Si al lenguaje audiovisual tan presente en nuestra sociedad le logramos añadir la presencia activa y fuerte de la palabra habremos logrado algo muy importante.

  5. Imagen de perfil de Juan Urrutia Juan Urrutia dice:

    El holandés errante es mi ejemplo paradigmático pues a la unión de esas tres cosas es más genuino que el resyo de la obra de Wagner

    • Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

      Pues no pensaba asi el propio Wagner. Su yerno fascista decía en El perfecto wagneriano que en el Tristan. Bernard Shaw que en el anillo del Nibelungo. Yo creo que esa empresa quedó inconclusa. Quizas el Parsifal con la escenografia de la fura dels baus

  6. Imagen de perfil de Juan Urrutia Juan Urrutia dice:

    El holandés es demasiado prematura;pero eso mismo la hace premonitoria

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