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Ya solo falto yo

Llegué al hospital para que me infiltraran no sé qué en el hombro derecho y ya iba entristecido por el fallecimiento de mi compañero de colegio, J.A.Z, del que me enteré justo antes de salir de casa camino del hospital. La infiltración de ese algo me produjo una somnolencia que traté de vencer tomando una coca-cola baja en cafeína a fin de poder trabajar un poco. Quizá por la mezcla de ambos líquidos me costó mucho dormirme y durante un tiempo, que me pareció eterno, caí en unos recuerdos de hace muchos años que acudían a mí atraídos por un acontecimiento triste como la muerte de este buen amigo bilbaíno.

Podría volver a recordar no pocas curiosidades de las idas y vueltas al y del cole con J.A.Z y otros amigos que vivían cerca de él y de mí, pero son de hace demasiado tiempo ya que ni siquiera había llegado el 98. Me concentraré por lo tanto en una disquisición que me viene a la cabeza ahora y que puede tener una cierta relación con lo que escribía en la primera entrada de Arquitectura Espiritual. Que Bilbao no era adecuado para alcanzar una heterogeneidad cercana a la que yo deseaba. En efecto este recuerdo de un grupo de amigos algo tiene que ver con el hecho de que todos vivíamos cerca unos de otros.

Efectivamente nuestras familias respectivas habitaban en la misma manzana del comienzo del Ensanche. El primero,J.P.G. vivía en la calle Iparraguire, el segundo, V.Ch.O. en la parte de esa manzana que da a la Gran Vía, el tercero, J.A.Z, precisamente, en la esquina de Gran Vía con la calle Aguirre, y mi familia en otra esquina, la de Colón de Larreátegui con Iparraguirre de la que quizá algún día cuente algo. Una manzana amplia que tenía un patio interior que nos proporcionaba la oportunidad de comunicarnos a voces ya que los pisos estaban, más menos, a una altura parecida. El primero de los amigos que he citado vivía en un tercer piso, el segundo amigo en un cuarto, el tercero en un segundo y yo en un quinto.

Todos ellos, menos el tercero, desaparecieron de estos pisos, incluso yo, así que dejaron de entretenerse a gritos por el patio común y de intercambiar preguntas sobre temas de los estudios comunes de tres de ellos o sobre temas generales también con el cuarto aunque estos últimos eran menos habituales, dada la poca flexibilidad política de los tiempos. El amigo recién fallecido tardó un poco más en cambiar de casa para poder hablar sin la vigilancia bienintencionada de los padres de aquel entonces. Este amigo se acaba de ir de este mundo. El primero de los citados se largó hace unos cuatro años desde Menorca, el segundo hace unos pocos más, creo recordar, en Guecho. Solo falto yo.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.