Vulnerabilidad, periferia y liquidez
Las feminista hablan continuamente de vulnerabildad y su reflexión dentro de lo que se llama Feminist Economics, no restringida a mujeres, comienza justamente desde el reconocimeinto de esa posición vulnerable de una mujer dentro del grupo humano, sea el total o el parcial y particular, en el que esa mujer se encuentre inmersa.
Ser vulnerable significa desde luego no tener todo el poder y, muy a menudo, no tener el suficiente como para defenderse del abuso de aquellos a los que realmente les sobra.
Son estos poderosos los que conforman el centro y ser vulnerable significa estar en la perfieria de casi todo. El centro es, en principio, el fuerte, pero, tal como he dicho muy a menudo, es de la periferia de donde surgen las ideas justamente por esa precariedad que dota al pensamiento de un filo especial.
No son las mujeres, sin embargo, el único ejemplo, ni quizá el ejemplo más actualizado, de periferia. Ese ejemplo sería hoy el de esa especie rara de inmigrantes que son los refugiados. Decía Bauman:
“Y los refugiados son el ´residuo humano` personificado: sin ninguna función ´útil`que desempeñaar en el país al que llegan y en el que se quedan y sin intención ni posibilidad realista de ser asimilados e incorporados”
¿ No son las mujeres simples refugiadas en un país de hombres? Son tratadas como si fueran útiles solo para una cosa y nunca son asimiladas o incorporadas.
Ser vulnerable es estar dependiendo del poder que siempre puede liquidarte lo mismo que cualquier paranoico puede asesinar a su amante justamente por una cestión de poder.
Liquidarte, jugando con el significado de las palabras según su contexto temático, es, para un economista, hacerte líquido, es decir obligarte a estar disponible para cualquier cosa de manera inmediata y a precio de mercado sin descuentos ni recargos. De ahí que ser vulnerable o estar en la periferia sea ser líquido como lo es un billete de cinco euros.
Pero ¿no somos todos líquidos en el mundo posmoderno? Los refugiados pueden ser utilizados a un precio irrisorio para cualquier cosa y todos somos refugiados. No tenemos forma alguna propia y distinta de la que nos proporciona el tarro que nos contiene como instrumentos de la liquidez.
En este posmodernismo (o ´modernismo líquido` que diría Bauman) nos encontramos con esta terrible pardoja propia de este siglo, pero que viene del anterior y que no sabemos cómo interpretar. Mujeres, refugiados, periféricos, nos perseguirán como fantasmas recurrentes y no todas esas gentes encontrarán una salida civilizada a través de una rama del pensamiento que encuentra su sitio como es el caso de Feminist Economics
