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¡Viva Zapata!

No se me olvida fácilmente aquella película que vi de muy jovencito y que me emocionó por razones que hoy en día recuerdo mejor que hace solo unas semanas debido al resultado de las elecciones municipales y comunitarias y los consiguientes pactos. La película nos cuenta el papel jugado por el gran Emiliano Zapata que lideró la revolución mejicana y llegó a ocupar el mando supremo por breve tiempo. Merece la pena copiar aquí un párrafo de la Wikipedia al respecto:

El contexto de la producción es complejo. Producido en Hollywood por un anticomunista bien conocido durante La Guerra Fría, ¡Viva Zapata! no solo trató de contar la historia de una figura icónica de la Revolución Mexicana, sino también quiso hacer comentarios sobre el estado del gobierno en los Estados Unidos y sobre los peligros del comunismo. El guionista Steinbeck y el director Kazan intentaron hacer una historia de advertencia sobre la manera en la que los movimientos revolucionarios se hacen tan corruptos y represivos como los líderes que intentaron derrocar. Sin embargo, con la película también quisieron retratar a Zapata como líder ideal.

Este párrafo parece adecuado a nuestra situación presente porque simultáneamente describe dos de las reacciones que hoy más escuchamos respecto a Podemos y a su líder. Podemos es en el fondo comunista y se corromperá si llega al poder de verdad; pero sin embargo también tiene algo de líder ideal. Y estas dos ideas corresponden a dos de las secuencias de la película. La primera puede verse aquí y corresponde a un parlamento deslumbrante de Marlon Brando animando a los campesinos a nunca cejar en la lucha si quieren ser libres. El segundo no se si lo he soñado, pero creo recordar cómo a mí me impactó mucho ver al libertador triunfante dudando sobre la orden de dar muerte a nadie en la lista de enemigos que le ponen delante. Su dedo no acaba de pararse sobre ninguno de los nombres de la lista.

Esta historieta me sirve para justificar mi siempre ambigua posición respecto a la revolución o similar; algo muy serio que me ha perseguido toda la vida. Y es precisamente esta duda, junto con mi naturaleza de kontraren kontra, la que me lleva a pensar un poco más de lo obvio sobre Guillermo Zapata, concejal de distrito del Ayuntamiento de Madrid después de haber dimitido como concejal de cultura a causa de unos tuits antiguos poco afortunados, especialmente el de los judíos y el cenicero que me niego a reproducir. Alguien que le conoce bien me sugiere que ya apuntaba maneras antisemitas desde la juventud temprana. Pero mi intención en este post no es entrometerme en esa discusión que parece haber remitido un poco con su dimisión; sino más bien reflexionar sobre la naturaleza de Twitter una red social centralizada cuyo éxito como empresa parece ir decreciendo.

A mi me parece que el chiste sobre el holocausto, tal como se le ha calificado a pesar de que las masacres de los hornos crematorios no cubre todo el holocausto, y en particular sobre las cremaciones en las cámaras de gas, es tonto y siempre inoportuno cuando se dice en público y fuera de contexto. Ahora bien en un contexto determinado y si se cuenta en un entorno reducido y sin ninguna intención antisemita, es inofensivo y puede resultar hasta gracioso: el respeto hacia la memoria de aquella barbaridad no puede impedir la supuesta gracia de la mención a las cenizas, cosa que se ha hecho muchas veces a mi alrededor en grupos más bien prosemitas. Lo mismo me pasa con lo de resucitar la economía y resucitar a Marta del Castillo: una manera idiota e incluso cruel de decir que seguimos económicamente tan muertos como antes. Es como cuando a algunos se nos escapa un mecagüen D. sin ninguna intención de ofender al creyente blasfemando sino solo de dar un extraordinario relieve a algún acontecimiento u opinión.

Las circunstancias a veces mandan en política y es posible que la nueva alcaldesa de Madrid haya creído, de acuerdo con Zapata, que es mejor que no ocupe la concejalía de cultura, pero creo que hay espacio para defender la permanencia como concejal de Zapata, este tipo que viene de Podemos y ha sido atrapado por unos tuits mal leídos por algunos iletrados. ¿Qué habrían hecho los franceses, paradigma de «letrados» al menos para los que hemos llorado el cierre de la Hune, en un caso que no es sino una versión suave de los casos de Charly Hebdo o de incluso la simultánea publicación de la última novela de Houellebecq? En esos casos del uso de las armas la discusión pública acerca de la laicidad ha agotado todo su potencial y en este otro caso como el de Zapata y otros habrían organizado en los medios públicos, radio y televisión una discusión entre lingüistas, politólogos, filósofos y literatos con incrustaciones de ofendidos, a fin de discutir sobre la naturaleza delo tuits aparentemente ofensivos. Algo que en España no ha tenido sino un pobre remedo. Por supuesto ha habido quien en la red ha sido capaz de analizar correctamente la naturaleza lingüística del chiste, pero en general nadie ha estado a la altura que merece una discusión sobre Twitter. Pero también quien, como Emilio Lledó, en una entrevista de hace pocos días y totalmente independiente del caso Zapata nos ha dejado claro la importancia de la conversación y el respeto que merece.

El quid de la cuestión está precisamente en saber en qué medida podemos entender Twitter como un ámbito privado de conversación con independencia del número de seguidores que pueda tener una persona u otra: parecería que así es ya que la entrada puede restringirse, creo entender, pero algunos esperamos que sobre esta naturaleza de las redes sociales la práctica y la reflexión traigan consigo cambios profundos en la manera de conversar. Y el comienzo de este cambio conversacional quizá pueda vislumbrarse justamente si leemos directamente a Zapata en esta entevista y entendamos que su manera de hablar es correcta, que interpreta mejor la situación que la mayoría de los comentaristas y y que su tranquilidad de tono es algo que sería muy de agradecer que se extendiera. Me recuerda al tono de voz de Marlon Brando en la versión española de la pelicula de Elia Kazan

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.