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Una noche de estrellas y trascendencia

J. C. dice que no le importa morirse . Lo dice en medio de una maravillosa noche de estrellas y de amigos. Los demás, que disfrutan de esa noche en compañía, manifiestan que «… con tal de no sufrir pues bueno…..». Alguien más sincero grita que le aterroriza pues no sabe que hay luego y que si no hay nada el vacío es terrible. Yo no digo nada, pero pienso que para mí es un consuelo que no haya nada, una liberación, la descarga de un peso enorme. Pues no imagino nada mejor de lo que he visto ya y eso no me parece para tirar cohetes

Eramos una pandilla de ancianos, con perdón de las señoras, y eso se nota en los temas de conversación. La conversación, que se desliza perezosa, recae más tarde sobre una evidente injusticia cometida por los y propietarios y rectores de un colegio privado no concertado perteneciente a una orden religiosa.

El problema tiene que ver claramente con diferencias de clase social. la persona progre (de verdad) de la reunión dice indignada que lpermitir las diferencias de clase no es nada evangélico. Yo me quedo pensando si el «haz por los demás lo que harías por tí mismo», en caso de que fuera una enseñanza de Jesús (que no habría que confundir con el «ama al prójimo como a tí mismo) es evamgélico.

Yo no lo creo. No hay nada en el evangelio que tenga que ver con las clases sociales. Lo del jóven rico es un episodio aislado y, por otra parte, se nos explica que José era de a estirpe de David, es decir de «clase bien».

La reunión se disuelve aunque hubira estado bien montar tres tiendas para continuar con la magia de la noche.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.