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Un rompecabezas

barbarieLa Utilidad de lo inútil. Un manifiesto es el título de un librito de Nuccio Ordine que ha editado hace ya tiempo Acantilado y que cayó en mis manos durante un paseo por una librería con aire acondicionado en la que me refugié huyendo del calor de estos últimos días. Lo estoy hojeando antes de leerlo ordenadamente y entiendo que va a ser una crítica brutal de la generalización desordenada del beneficio económico como única vara de medir del sentido de la vida. Ni la verdad ni la belleza tienen ya el valor que los de mi generación fuimos enseñados en atribuir a la ciencia pura o a la literatura como dos ejemplos de algo inútil.

Lo de la ciencia me es más cercano por lo que quiero protestar un poco la parte del libro que intenta contarnos por boca de otros los antecedentes necesarios de pura investigación sobre la verdad de algo para llegar a un producto innovador con claro valor económico para los productores que lo pueden vender con un beneficio y que en algunos casos pueden también patentarlo de forma que además pueden gozar de una cierta renta monopólica. Por lo tanto siento el mismo rechazo por la mercantilización de la ciencia que solo aprecia el producto final y que, en consecuencia, es responsable de la deriva simplista de no pocos centros de investigación.

El arte en general y, en concreto, la literatura me es más lejano por lo que la parte que dedica este libro a reivindicar la utilidad de la literatura la leo con más atención meditando sobre la opinión de muchos literatos o similares que defienden acaloradamente la utilidad de la ficción literaria que nada tiene que ver con la verdad. Su utilidad consiste en la vía que abren al conocimiento de lo que realmente somos a partir de la experimentación de aquello de nos proporciona un subidón que nos pasma. su valor económico es menos obvio pero entiendo aunque no comparto que el copyright trate de dotar al arte de valor económico. O que, en general, los artistas pretendan sacar dinero de sus obras aunque éstas, como muchos productos, tengan su origen en antecedentes remotos.

Sin embargo me hago un lío en cuanto pienso en la sacralización de cualquier tipo de objeto que refleje la búsqueda desinteresada de la verdad o la belleza precisamente porque reflejan, como tales objetos, este desinterés generoso. Si lo sacralizamos por esa razón estamos dotando a lo inútil de valor económico y por lo tanto haciéndolo útil con lo cual la discusión pierde su sentido. Y entonces, me pregunto, ¿qué tendríamos que hacer para preservar lo realmente inútil?

Mi asombro mental, el rompecabezas, radica en que el razonamiento me lleva a apreciar solo a los escritores nunca publicados o a los investigadores cuya imagen de la realidad no se sabe si coincide o no con esa realidad y solo mientras no se sepa o se descubra que no hay coincidencia alguna.

Los únicos que producen algo realmente valioso por inútil son los soñadores anónimos. Y por esa razón me siento arrastrado hacia donde no quiero llegar: la defensa de la destrucción de las grandes obras de arte por parte de gente a la que no entiendo y por la que me siento amenazado.

Help please!

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.