Un estanque

Llego y me decepciona el mar. No hay olas de cuatro metros, ni siquiera llueve sino que hay un cielo casi brillante. Los marinos recién desembarcados de buques de lejana matrícula para pasar la Nochebuena no ensayan canciones tristes pues ceen que están en disneylandia con neoprenos bogando en kayaks amarillos, con barquitos deportivos siguiendo la regata de veleros para niños. Esto es un estanque. Lo bueno es que, como cada año, el destino (en forma de señora de la limpieza) me tiene preparados libros que no recordaba que tenía, algunos adquiridos dos veces, como el de Thomas Wolf sobre el tiempo y el río, e incluso los que justamente necesito para encontrar mi sitio de autor maldito entre la literatura, la filosofía y la economía.

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