Camino de Servidumbre

En marzo de 1944 apareció The Road to Serfdom de Friedrich Hayek, un científico social y economista de la escuela austriaca que recibió el premio Nobel de Economía en 1974 y que ha devenido una figura liberal emblemática. Keynes, otro liberal pero de pelaje distinto, dijo de este libro que "es un gran libro... Moral y filosóficamente me encuentro de acuerdo con virtualmente todo él; pero no solo de acuerdo, sino de acuerdo de una manera profundamente conmovida1".

Se trata de un libro político según su propio autor; pero su lectura pone de manifiesto que es bastante más que eso. La economía constituye una constante corriente subterránea vivificadora; hay capítulos que van más allá de la política y se adentran en vericuetos de filosofía política, a pesar de que el autor confiesa no haber querido transitarlos, e incluso de filosofía del derecho, pues el que Hayek cree su capítulo central dedicado a la Rule of Law (cap. VI) no puede dejar de ser considerado como incluido en esa área de pensamiento.

Su finalidad última era la defensa de la libertad frente al totalitarismo y al autoritarismo, la afirmación indomable del individualismo frente al colectivismo y la constatación de la espontaneidad del complejo mundo económico. Su visión es asombrosa y sus diagnosis son brillantes, aunque en ocasiones el lector quede sorprendido por un exceso de audacia poco propio de un académico y, en otras, crea detectar una retórica conceptual no del todo transparente.

Su objetivo, sus diagnosis y su visión serían razones suficientes para recomendar su lectura o su relectura a los 60 años de su publicación y coincidiendo con el mismo aniversario del final de la II guerra mundial en tierra europea y de la liberación de los supervivientes de los campos de exterminio. Pero en mi caso se añaden razones más personales y menos graves. Se publicó muy cerca del día de mi nacimiento y mi padre tenía la misma edad que Hayek. Además, y esto es mucho más interesante, en 1970 yo lo leí la edición en rústica simultáneamente con The Theory of Value de Debreu, el breviario del neoclasicismo, y con un trabajo de Irving Kristol que abría el número 21 de The Public Interest, una revista periódica que bien podría considerarse en el origen del neoconservadurismo estadounidense2.

Si cito estos detalles es porque esas tres lecturas simultáneas conformaron una trenza de la que no consigo aislar cada una de sus hebras, el liberalismo austriaco, el neoclasicismo ingenieril de origen franco-británico y el conservadurismo americano. Quizá es que yo soy muy lento; pero no es fácil destrenzar estos tres aspectos del capitalismo: (i) que se trata de un sistema complejo e impredictible que sin embargo (ii) podría ser manipulable y que (iii) como potente maquinaria de creación de riqueza puede llevarnos a perder los valores burgueses llevándonos al nihilismo. El guiso que cada uno hagamos con estos ingredientes nos define hoy. Lo que sigue es mi propio guiso presentado como una revisión de Camino de Servidumbre, sesenta años después.

Introducción: el libro

Que mi finalidad sea más amplia que la simple recensión no me exime de ofrecer mi impresión general sobre el contenido y la forma de este libro singular. Un libro político, de filosofía moral y de filosofía social (e incluso de filosofía política y jurídica).

Se trata sin duda de un libro político, tal como afirma su autor en el prefacio a su primera edición; pero no es un libro político al uso, sino que se trata de un libro provocativo escrito a contrapelo de las ideas de su tiempo. Basta con los dos primeros capítulo3 si para percibir con nitidez que Hayek escribe para exorcizar el peligro de que el socialismo se instale en Gran Bretaña, un peligro que cree percibir tanto en la resaca del esfuerzo bélico, que ha exigido la planificación de los recursos y la coordinación impuesta de manera autoritaria, como en la influencia de los fabianos de la London School of Economics a los que fustiga, de manera que hoy parece un tanto exagerada, sobre todo en la figura de los esposos Webb.

Estas dos influencias delimitaban un ambiente intelectual racionalista en el que afirmar que el socialismo, de cuya buena voluntad no duda el autor, no sólo está en el origen del nazismo y del comunismo, sino que es en sí mismo una enfermedad de la razón, es algo ciertamente provocativo4. Pero es que, además, parece que la provocación es consciente y querida pues escribe a contrapelo de las creencias más básicas del momento. Profetiza el fracaso, no ya del régimen soviético; sino incluso del socialismo democrático en un momento en que la clase intelectual juzgaba su advenimiento ineluctable y, en contra de la satanización general del nacional socialismo, deja traslucir aquí y allá su aceptación del volkgeist5.

Pero Camino de Servidumbre es algo más que un libro político. En él Hayek rumia, defiende y trata de justificar unos ciertos valores, tal como también afirma en el prefacio y se observa a lo largo de todo el texto. Los dos principales son el individualismo y la libertad. Respecto al primero nos ofrece una noción canónica que cito en el recuadro 1:

Recuadro 1 (pp. 89-90)
Sobre este hecho fundamental descansa la filosofía entera del individualismo. Este no supone, como se afirma con frecuencia, que el hombre es interesado o egoísta o que deba serlo. Se limita a partir del hecho indiscutible de que la limitación de nuestras facultades imaginativas sólo permite incluir en nuestra escala de valores un sector de las necesidades de la sociedad entera, y que, hablando estrictamente, como sólo en las mentes individuales pueden existir escalas de valores, no hay sino escalas parciales, escalas que son, inevitablemente, diferentes y a menudo contradictorias entre sí. De esto, el individualista concluye que debe dejarse a cada individuo, dentro de límites definidos, seguir sus propios valores y preferencias antes que los de otro cualquiera, que el sistema de fines del individuo debe ser supremo dentro de estas esferas y no estar sujeto al dictado de los demás. El reconocimiento del individuo como juez supremo de sus fines, la creencia en que, en lo posible, su propios fines deben gobernar sus acciones, es lo que constituye la esencia de la posición individualista.

Un somero análisis de esta declaración nos prepara para el análisis posterior de algunas dudas, incoherencias y contradicciones de las que la exégesis de Hayek no puede nunca librarse. Reconozcamos, para empezar, que la declaración no se entiende a pesar de que habría hecho sin duda un esfuerzo de claridad ya que se trata de la formulación de la filosofía del individualismo, de la esencia de la posición individualista. O se entiende cual es el dominio de las preferencias que definen a un individuo: ¿Rn donde n es el número de bienes o quizá Rnxm donde m es el número de individuos?. ¿No hay ahí un problema de agregación mal definido?. ¿Hay quizá una premonición de la paradoja del paretiano liberal de Sen?. Sea cual sea la respuesta a estos interrogantes, lo que es claro es que para Hayek la noción de individuo no es problemática, tal como pretendería hoy la crítica lingüístico-hemeneutica6 y que, para él, el individuo y no la colectividad7 es la medida de todas las cosas. No es difícil aceptar este individualismo valorativo; pero ésta aceptación no implica la de un individualismo metodológico puesto que hoy sabemos que algunas explicaciones "mejoran" si se tienen en cuenta, por ejemplo, cosas como la identidad o la racionalidad expresiva asociadas a trabajos de Akerlof y Kranton (2000) y Hargreaves Heap (1985).

Críticas o precisiones aparte, es este individualismo el que le mueve a escribir contra el colectivismo y más en concreto contra el socialismo y la planificación ya que el único colectivismo creíble es precisamente el socialismo Pero el ataque se lleva a cabo simultáneamente por otro flanco, el de la libertad. A pesar de que no hay consecuencialismo alguno en Hayek, ya que defiende la libertad como un bien en sí mismo (lo mismo que Sen), su noción de libertad se reduce finalmente al funcionamiento sin dificultades de la competencia en el sistema de mercado. Y la razón es que sin esta libertad, que podría verse como un poco rudimentariamente materialista, no hay posibilidad de que surja o pueda ejercerse ni la libertad política ni ninguna otra8. Como Hayek pone mucho énfasis en que no hay que confundir su liberalismo con el laissez-faire merece la pena ofrecer en el recuadro 2 otra cita larga que me servirá más adelante.

Recuadro 2 (p. 45)
No hay nada en los principios básicos del liberalismo que hagan de éste un credo estacionario; no hay reglas absolutas establecidas de una vez para siempre. El principio fundamental, según el cual en la ordenación de nuestros asuntos debemos hacer todo el uso posible de las fuerzas espontáneas de la sociedad y recurrir lo menos que se pueda a la coerción, permite una infinita variedad de aplicaciones. En particular, hay una diferencia completa entre crear deliberadamente un sistema dentro del cual la competencia opere de la manera más beneficiosa posible y aceptar pasivamente las instituciones tal como son. Probablemente, nada ha hecho tanto daño a la causa liberal como la rígida insistencia de algunos liberales en ciertas toscas reglas rutinarias, sobre todo en el principio de "laissez-faire". Y, sin embargo, en cierto sentido era necesario e inevitable. Contra los innumerables intereses que podrán mostrar los inmediatos y evidentes beneficios que a algunos les producirían unas medidas particulares, mientras el daño que éstas causaban era mucho más indirecto y difícil de ver, nada, fuera de alguna rígida regla, habría sido eficaz.

Baste por ahora con destacar que aunque no es partidario del laissez-faire y aunque acepte regular el medio ambiente o los servicios sociales o limitar las horas de trabajo, nos deja, como ocurre muy a menudo en la escritura de una mente multifacética como la Hayek, con la duda y el asombro debido que finalmente lo que dice es que, como regla, quizás el laissez-faire no sea tan malo en una sociedad que, en contradicción con su fe en su evolución espontánea, no es tan merecedora de confianza en lo que se refiere a su deseo de libertad.

Camino de Servidumbre es un libro político y de filosofía moral; pero también algo más que quizá se pueda calificar como de filosofía política e incluso jurídica. Es imposible, en esta dirección, no ver en él un constitucionalismo procedimental y una crítica del conservadurismo.

La insistencia de Hayek en la anomia que distingue a La Rule of Law parece un precedente claro del constitucionalismo contractual de Buchanan (con su velo de la incertidumbre) y de la Teoría de la Justicia de Rawls (con su velo de la ignorancia)9. A pesar de esta clarividencia no se pueden ignorar dos críticas que resaltan inmediatamente. El tipo de consideraciones sobre la Rule of Law le debería haber llevado, creo yo, a considerar al decisionismo de Carl Schmitt como un precedente específico del nazismo que no podría ser explicado únicamente a partir del socialismo10. Esta es la primera crítica; pero hay una segunda relativa a su ingenuidad. Es increíble que alguien tan perceptivo como Hayek no detectara la posibilidad de aprovecharse de la Rule of Law, máxime cuando, mostrando una vez más su capacidad previsora, es consciente de los peligros de la delegación11 a efectos de la emergencia de lo que luego hemos denominado como la captura del regulador.

Por otro lado hay que subrayar con doble trazo que no hay en Hayek semilla alguna de conservadurismo tal como mostraré más adelante. De momento solo quiero recordar que no participaba de dos rasgos formales y básicos del conservadurismo. Como hemos visto en el recuadro 2 no cree para nada en soluciones definitivas (once-and-for-all) debido, sin duda alguna, a su concepción de las fuerzas espontáneas, que, en ese momento, hemos de considerar como meramente intuitiva ya que todavía no había desarrollado en profundidad el espontaneismo social y se limita a repetir superficialmente ideas de Mises. Y tampoco creía en el sentido común. En efecto, refiriéndose a lo razonable que parecería en principio una vía intermedia entre la competencia "atomística" y la dirección centralizada, afirma: "el sentido común se revela como un engañoso guía en este campo" (p. 71).

Para terminar con esta reseña general e introductoria, cabe afirmar que este libro provocativo y escrito a contrapelo, de naturaleza poco definida y lleno de afirmaciones dudosas, es sin embargo imprescindible para cualquiera que crea en el individuo, en la libertad y en el espontaneismo. Yo diría que hay hoy mucha gente que defiende esos dos valores y cree que el sistema económico tiene su dinámica propia y por ello Hayek puede ser, y es, su maître à pénser" Sin embargo, para los que simultáneamente nos educamos en el neoclasicismo ingenieril y observamos hoy con asombro la mixtificación de las ideas hayekianas en un chato neoconservadurismo que ya apuntaba hace treinta años, Camino de Servidumbre también sirve, y mejor que cualquier otra de las obras doctas del prolífico Hayek, para entender el poco éxito social del liberalismo como filosofía política práctica. Es que este liberalismo es incompresible, antipático y frágil. Es, en efecto, difícil de comprender que se rechace el laissez-faire; pero se admita luego como una regla eficaz a pesar de todo.

Y, para mi generación, hay una diferencia conceptual entre enfrentar la espontaneidad mediante la coerción y canalizar esa espontaneidad de forma ingenieril a través de incentivos12. El paternalismo reflejado por la admisión de la regla rutiaria del laissez-faire hace del liberalismo de Hayek algo antipático. A ello colaboran otros detalles. Conceder a los socialista buena voluntad pero escasa inteligencia es también paternalismo antipático. También es poco simpática la falsa ecuanimidad al usar a menudo la noción de "espíritu de los pueblos" para salvar a los alemanes del Nazismo cuando esa noción choca con el individualismo. Y no cae simpática su retórica cursi del prefacio13. Incomprensible y antipático; pero también frágil. Su fragilidad es fácilmente ejemplificada por su ceguera, ingenua en su caso pero culpable hoy en sus seguidores, en relación a la posibilidad de la captura del regulador y al aprovechamiento en beneficio propio de la Rule of Law14. Esta fragilidad y su aceptación del laissez-faire, hacen que el liberalismo en general, y el de Hayek en particular, no sea muy propenso a ser adoptado por los "progresistas" mientras que es muy fácilmente malentendido y adaptado por los "conservadores".

Y, sin embargo, Camino de Servidumbre es, como ya he dicho, un libro imprescindible y su autor, a pesar de su retórica jesuítica, un ejemplo de coraje intelectual. Trataré de explicar las ideas que lo hacen imprescindible y de iniciar más tarde una crítica del conservadurismo, no sólo como la haría él, a contrapelo y provocativamente; sino apoyádome en las ideas que él mismo expone de manera explícita en este libro que sigue vigente a los 60 años de su publicación.

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Notas

1. Esta cita aparece en la contraportada de la edición en rústica, cuya decimonovena reimpresión adquirí en 1970 y para la que Hayek preparo un prólogo especial y muy revelador: The Road to Serfdom, Phonix Books, 1967. Alianza Editorial publicó en 1978 la traducción y prólogo que hizo D. José Vergara ya en 1946 -Camino de Servidumbre- y que contiene , además un prólogo de Hayek correspondiente a otra edición en inglés de 1976, así como un segundo prólogo de J.V.D. He utilizado esta edición de Alianza para todos las citas, salvo una que corresponde al prólogo de la edición en rústica.

2. Ver en las Referencias el final de este trabajo, Debreu (1959) y Kristol (1970).

3. Se trata de dos capítulos históricos que, además de revelar algún exceso retórico, son imprescindibles para entender El camino abandonado -cap I- y La gran utopía -cap II- que nos hacen ver que, en gran medida, lo que Hayek va a denunciar son los excesos de la razón: un tema este que aflora aquí y allí; pero que no es fácil de identificar como central aunque, de hecho, lo sea.

4. En aquel momento para casi todo economista o politólogo el socialismo representada la razón. Ya un año antes Schunpeter así lo había expresado en Capitalism, Socialism and Democracy. Ver Referencias.

5. No utiliza esa palabra; pero se refiere muy a menudo al pueblo alemán y al pueblo británico. Quizá lo hace llevado por su deseo de que no se condenara en bloque al pueblo alemán. De todas formas esto choca con su énfasis en el individualismo y su crítica acerba a la personalización de la comunidad.

6. Ver el librito de John Davis (2003).

7. Ver la cita que se ofrece más adelantes al hablar de la selección negativa y que proviene de la p.179.

8. Podría ofrecer alguna cita concreta; pero en realidad todo el libro es una ilustración de este punto.

9. Ver Buchanan (1987) y Rawls (1972).

10. Naturalmente Hayek menciona a Schmitt e incluso afirma que es el filósofo de cabecera del nazismo; pero no hace esfuerzo alguno para considerar su influencia como determinante en la formación de la ideología nacional-socialista.

11. Dice Hayek en la p.97 que la delegación significa que se ha concedido poder a alguna autoridad para dar fuerza de ley a lo que, a todos los efectos, son decisiones arbitrarias.

12. La teoría de incentivos, que es para muchos la última revolución teórica, está incluida en Hayek como no podía ser de otra manera ya que aquella no es sino parte de la Economía de la Información y Hayek es reconocido como el padre de ésta; pero su desarrollo se debe al ingenierismo neoclásico.

13. Más que cursi , su continuo no -pero- sí constituye una retórica jesuítica. He aquí algunos ejemplos. Escribir un libro como Camino de Servidumbre va en contra de sus intereses personales ya que, además de distraer su atención de trabajo más importante, le alejará de sus amigos y del reconocimiento de sus pares. Sin embargo tenía que escribirlo como aportación al esfuerzo bélico de un privilegiado que no había tenido que luchar y porque él mismo había caído en los errores que ahora iba a denuncia. Este esfuerzo retórico es de buena calidad; pero no garantiza la verdad o la adecuación de las ideas que va expresar, aunque quizá ayuden a su aceptación siempre facilitada por el arrepentimiento.

14. Aquí hay que hilar muy fino. Hayek es consciente de la posible emergencia de lo que hoy llamaríamos un capitalismo de amigotes, tal como muestra en el cap. XIII (los totalitarios en nuestro seno) especialmente en las pp.235 y ss. Pero parecía dar a entender que esto se podría evitar con la Rule of Law. Lo que en el texto se afirma es que Rule of Law en sí misma podría ser el origen y la coartada de muchas acciones encaminadas a hacerse con rentas mediante la captura de algún regulador o del propio Estado.