Camino de Servidumbre

Las Ideas

Camino de Servidumbre está lleno de ideas que se solapan y se repiten. No es fácil ordenarlas procuraré y hacerlo en cuatro bloques. Los dos primeros hacen referencia a ideas que ya se han mencionado en la introducción, tratando ahora de distinguir aquellas que ya habían sido elaboradas con anterioridad de aquellas otras que sólo más tarde recibirán su forma definitiva. En los dos últimos bloques trataré de descubrir en este Camino de Servidumbre la semilla de ideas que sólo otros autores y mucho más tarde han sido capaces de llevar a su madurez pero que de todas formas matizan el carácter de su autor y colaboran a delinear al liberalismo en general.

Información, propiedad y libertad

Es bien conocido que si por algo es admirado el Hayek economista es por ser el padre de la Economía de la Información. Ciertamente lo es; pero de una manera profunda que quizá no llega a comprenderse del todo o admirarse suficientemente a partir únicamente de los resultados obtenidos por sus hijos espirituales. No pueden detectarse en el trabajo de Hayek en general, y ciertamente no en Camino de Servidumbre, el origen de ideas como la información imperfecta o asimétrica o temas como los relativos al azar moral o a la selección adversa1.

Sin embargo debemos mencionar dos resultados, hoy lugares comunes, que tienen su origen en el Hayek anterior al Camino de Servidumbre. El primero de estos resultados se refiere a la información propiamente dicha y nos dice que el sistema de libre mercado con propiedad privada genera unos precios que agregan bien la información dispersa. Este resultado no impresiona a los economista de formación neoclásica que saben bien que los precios son un estadístico suficiente; pero la gracia de la intuición hayekiana es que su afirmación no depende ni quiere depender de la estructura completa de los mercados ni de la noción de equilibrio sino que, simplemente, sugiere el hecho elemental de que la información privada se va difundiendo de manera impersonal y automática.

El otro resultado, cuya autoría compartiría con otros, hace referencia al conocimiento entendido como información codificada. Este conocimiento, aunque sea tácito y por lo tanto imposible de intercambiar, se incorpora en los bienes que sí se intercambian en el mercado y se difunde mediante la innovación sin necesidad de explicitarlo. En relación a estos dos aspectos de la información merece la pena demorarse en la cita que ofrezco en el recuadro 3.

Recuadro 3 (p. 79)
Esto es precisamente lo que el sistema de precios realiza en el régimen de competencia y lo que ningún otro sistema puede, ni siquiera como promesa, realizar. Permite a los empresarios, por la vigilancia del movimiento de un número relativamente pequeño de precios, como un mecánico vigila las manillas de unas cuantas esferas, ajustar sus actividades a las de sus compañeros. Lo importante aquí es que el sistema de precios sólo llenará su función si prevalece la competencia, es decir, si el productor individual tiene que adaptarse él mismo a los cambios de los precios y no puede dominarlos. Cuanto más complicado es el conjunto, más dependientes nos hacemos de esta división del conocimiento entre individuos, cuyos esfuerzos separados se coordinan por este mecanismo impersonal de transmisión de las informaciones importantes que conocemos por el nombre de sistema de precios.

Ahora bien este sistema de precios no funciona bien sin propiedad privada y sin competencia. Pensemos primero en la propiedad privada. Hay aquí varios aspectos que mencionar y discutir; pero comenzaré por el aspecto que más se asocia al nombre de Hayek y que tiene que ver con las ideas del llamado socialismo de mercado que, debidas a Lange y Taylor, Hayek conocía bien, aunque no parecería ser este el caso si sólo se leyera Camino de Servidumbre. Si admitiéramos estas ideas que derivan directamente de la Teoría del Valor Neoclásico (completamente ajena a la Escuela Austriaca) la propiedad no tendría por qué ser tan importante.

En efecto, de acuerdo con el llamado segundo teorema fundamental del bienestar, siempre podremos elegir la asignación optimo-paretiana que queramos (por ejemplo lo más igualitoria) y calcular los precios (sombra) que la sostendrán como la asignación de equilibrio del sistema de mercado. Publíquense estos precios y déjese que consumidores y productores individuales tomen sus decisiones libres de acuerdo con estos precios. Esta actividad libre llevará a la asignación elegida. Vemos cómo se permite una especie de planificación centralizada y se soluciona el problema de llevarla a la práctica descentralizadamente mediante el mecanismo de mercado.

Sin embargo este ejemplo de ingeniería social es anatema para Hayek y no solo por razones políticas (que para él prohibirían la fijación por el poder central de la asignación deseada) sino por razones económicas en su caso conectadas con la información; pero que hoy sabemos están relacionadas fundamentalmente con la comprensión adecuada del papel de la propiedad privada.

De acuerdo con su reconocimiento de la importancia de la información, Hayek arguyó que no habría información suficiente como para conocer la función objetivo necesaria para deducir las características definitorias de las asignaciones óptimas de Pareto. Esta dificultad no nos impresiona mucho hoy que vivimos en la sociedad del conocimiento y en el reino de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) ni debió impresionar demasiado a los neoclásicos de la época que, por tener a su disposición la teoría samuelsoniana de la preferencia revelada y por ser utilitaristas, no debieron tomar muy en serio esta dificultad en el plano conceptual ya que, en efecto, las funciones de utilidad pueden ser recuperadas por la observación del comportamiento y basta con sumarlas para contar con la adecuada función de decisión social.

Pero Hayek oponía una segunda objeción práctica, la imposibilidad de calcular el óptimo paretiano debido a la limitación de la potencia de cálculo (o quizá diríamos hoy debido a la posible incomputabilidad de la correspondencia paretiana, entendiendo por tal la que nos lleva desde los datos primitivos de la economía al conjunto de asignaciones óptimo-paretianas). Tampoco esta dificultad parece difícil de superar hoy (ni siquiera si la entendemos como un problema de incomputabilidad) ya que contamos con potentísimas máquinas de cálculo (y con algoritmos de aproximación) ¿Qué queda pues de la crítica Hayekiana al socialismo de mercado?.

Curiosamente la única crítica al socialismo de mercado que permanecería hoy vigente es la que se relaciona con una derivación de la Economía de la Información como es la teoría de incentivos y con su conexión con la propiedad privada. En terminología aceptada hoy diríamos que el mecanismo de mercado no es compatible en incentivos si no rige la propiedad privada. Y es que parece evidente que los productores no tendrán incentivo alguno en maximizar nada si no pueden apropiarse del fruto de su esfuerzo productivo. Este argumento es contundente para nosotros hoy; pero ¿podemos atribuírselo a Hayek?. He aquí un bonito problema historiográfico; pero no es éste el que me interesa en esta ocasión.

Me interesa más subrayar que podemos detectar en este asunto una incongruencia sutil de Hayek. Sabemos que la compatibilidad en incentivos es también una condición necesaria para que los individuos declaren sus verdaderas preferencias en cualquier problema de provisión pública de bienes colectivos. Por lo tanto la compatibilidad en incentivos es indisoluble del problema de la agregación de la información; pero si ésta está garantizada por el mercado, ¿para que queríamos la propiedad privada?. Como, por otro lado, sabemos hoy que el problema de los incentivos, o de los mecanismo para la revelación de las preferencias, no son sólo un problema de información; sino también de apropiación, es decir de distribución, podemos afirmar que, en su defensa de la propiedad privada, la posición de Hayek es difícil. O bien se base solamente en el aspecto político que la toma como un bien en sí misma, lo que sería ciertamente suficiente, o bien, si quiere añadir una fundamentación económica, no basta con la relacionada con la información a la que aparece como acercándose, sino que se necesita otra relacionada con la neceidad de poder apropiarse el resultado del trabajo. Podríamos decir que Hayek, en su defensa de la propiedad privada "is night for the wrong reasons"17.

De lo dicho hasta aquí se desprende que, con propiedad privada, el sistema de mercado funcionando en libertad difunde el conocimiento y la información y crea riqueza. Pero ¿hay en la noción de libertad algo más que la libertad de mercado, o de entrada en un sector productivo?. La respuesta es que esta libertad es condición necesaria para cualquier otra que podamos imaginar. Por ejemplo, no habrá posibilidad de participación real y efectiva si no hay libertad de mercado y de libre entrada, es decir si no hay competencia efectiva, porque en su ausencia habrá algún tipo de colectivismo o autoritarismo que hará imposible la participación política. Y esto, como ya sabemos, disminuirá el desarrollo o el bienestar por el mero hecho de que esa participación y la libertad que la hace posible son bienes en sí mismos.

Este tema de la libertad se despliega en tres direcciones curiosas. Topamos, en primer lugar, con otra incongruencia típica del estilo de Hayek. Si Hayek no es consecuencialista y la libertad es un bien en sí mismo (a través quizá de la participación que posibilita) deberíamos pensar que sería partidario, de manera natural y no problemática, de la propiedad intelectual e industrial no como extensiones artificiales del primigenio derecho de propiedad, sino como uno más de estos derechos. Sin embargo Hayek recela de las patentes debido a su aspecto inevitable de restricción de la competencia.

En el capítulo III que parece en ciertos momentos como un pequeño tratado de microeconomía con su énfasis en externalidades y en bienes públicos, subraya que la definición legal del derecho de propiedad deja mucho que desear: "Se ha desatendido, por desgracia, el estudio sistemático de las formas legales que permitirán actuar eficientemente al sistema de la competencia; y pueden aportarse fuertes argumentos para demostrar e las instituciones apartarse fuerte argumentos para demostrar que las serias deficiencias en este campo, especialmente con respecto a las leyes sobre sociedades anónimas y patentes, no sólo han restado eficiencia a la competencia, sino que incluso han llevado a la destrucción en muchas esferas" (p.67). Quede esta cita para una discusión hoy muy viva sobre propiedad intelectual e innovación, una discusión que empieza a pensar que patentes e innovación podrían ser incompatibles.

Por otro lado, y en segundo lugar, aunque ya he mencionado que en Camino de Servidumbre Hayek es critico con el laissez-faire, merece la pena aportar una cita muy potente tal como se hace en el recuadro 4. Pero quizá lo más sorprendente es que Hayek admite en esta obra otro tipo de intervenciones que no van dirigidas a eliminar efectos externos o a reducir la excesiva e inhumana dureza del trabajo, sino a procurar la igualdad de oportunidades.

Recuadro 4 (pp. 64-5)
Es importante no confundir la oposición contra la planificación de esta clase con una dogmática actitud de laissez faire. La argumentación liberal defiende el mejor uso posible de las fuerzas de la competencia como medio para coordinar los esfuerzos humanos, pero no es una argumentación a favor de dejar las cosas tal como están. Se basa en la convicción de que allí donde pueda crearse una competencia efectiva, ésta es la mejor guía para conducir los esfuerzos individuales. No niega, antes bien, afirma que, si la competencia ha de actuar con ventaja, requiere una estructura legal cuidadosamente pensada, y que ni las reglas jurídicas del pasado ni las actuales están liberes de graves defectos. Tampoco niega que donde es imposible crear las condiciones necesarias hará hacer eficaz la competencia tenemos que acudir a otros métodos en la guía de la actividad económica. El liberalismo económico se opone, pues, a que la competencia sea suplantada por métodos inferiores para coordinar los esfuerzos individuales. Y considera superior la competencia, no sólo porque en la mayor parte de las circunstancias es el método más eficiente conocido, sino, más aún, porque es el único método que permite a nuestras actividades ajustarse a las de cada uno de los demás sin intervención coercitiva o arbitraria de la autoridad. En realidad, uno de los principales argumentos a favor de la competencia estriba en que ésta evita la necesidad de un "control social explícito" y da a los individuos una oportunidad para decidir si las perspectivas de una ocupación particular son suficientes para compensar las desventajas y los riesgos que lleva consigo.

En efecto, en cuanto a esta igualdad de oportunidades. Hayek parte del reconocimiento de que quién produce y para quién lo hace es un problema central y básico que no tiene solución fácil. La propuesta concreta de Hayek no es fácil de aceptar. Aporto a continuación alguna evidencia textual y añado algunos comentarios en notas a pie de página. En el capítulo VII afirma que "en la competencia la ocasión y la suerte sean a menudo tan importantes como la destreza y la sagacidad en la determinación del destino de las personas" (p.137)18. Por lo tanto, y porque las oportunidades no son iguales para todos en un sistema de libre mercado basado en la propiedad (y también en la herencia) hay "un fuerte motivo para reducir esta desigualdad de oportunidades hasta donde la diferencias congénitas lo permitan y en la medida en que sea posible hacerlo sin destruir el carácter impersonal de proceso por el cual cada uno corre su suerte, y los criterios de unas personas sobre lo justo y, deseable no predominan sobre los de otras" (p.137)19.

Pero, aún sin estas intervenciones permisibles, Hayek trata de defender su liberalismo frente a otros sistemas alternativos en los que habría todavía menos oportunidades. Dice: "¿Y quién negará que un mundo donde los ricos son poderosos es, sin embargo mejor que aquel donde solamente puede adquirir riquezas el que ya es poderoso?" (p.139/140)20. En sintonía con esto ofrece la siguiente afirmación extravagante: "La desigualdad se soporta, sin duda, mejor y afecta mucho menos a la dignidad de la persona si está determinada por fuerzas impersonales que cuando se debe al designio de alguien. En una sociedad en régimen de competencia no hay menosprecio para una persona, ni ofensa para su dignidad por ser despedida de un empresa particular que ya no necesita sus servicios o que no puede ofrecerle un mejor empleo". (p.141)21

Democracia y la Rule of Law

Camino de Servidumbre es un libro político escrito en pleno éxito del socialismo al que se opone como el origen del colectivismo y el autoritarismo que violan el individualismo y la libertad. Como no hay democracia sin libertad y sin individualismo parece evidente que se trata de un alegato a favor de la democracia liberal. Sin embargo no hay en esta obra una definición clara de democracia aunque por el tono general el lector tiende a pensar en ella como la regla de la mayoría aplicada a la elaboración legislativa en un parlamento elegido libremente que ocupa el centro del sistema político y en donde residiría la soberanía (aunque este concepto no es utilizado) y en donde, en consecuencia, se controlaría al ejecutivo. No es esta una noción canónica de democracia; pero bastará para mi finalidad que no es otra sino glosar el pensamiento de Hayek en torno a las ideas de planificación, democracia y Rule of Law.

Debo pasar brevemente sobre la planificación ya que implícitamente ya la he descrito al discutir el socialismo de mercado y sus dificultades informacionales, de cálculo y de incentivos. Cabe repetir que, además, Hayek no podría aceptarlo porque no es consecuencialista y, por lo tanto, no esta dispuesto a ordenar asignaciones sólo de acuerdo con algunas función de decisión social; sino que va a exigir la libertad en sí misma y la participación tal como haría Lord Acton. Según esté la libertad "no es un medio para un fin político más alto. Es, en sí, el fin político más alto. No se necesita por razones de buena administración pública, sino para asegurar la consecución de los más altos objetivos de la sociedad civil y de la vida privada"22.

Sin embargo el verdadero problema político es elegir la asignación óptima concreta. Es aquí donde entra el problema de la democracia. En la medida en que la identificamos con la decisión de una mayoría ya conocemos sus deficiencias23; pero Hayek pretende ir más allá y toca puntos que hoy siguen siendo conflictivos.

La Rule of Law ocupa el que es para el propio Hayek el capítulo central de Camino de Servidumbre. Este concepto crucial no dice, como podría entenderse, que hay que cumplir las leyes, no se trata del imperio de la ley. Se trata de que las leyes no puedan estar hechas de manera ad-hoc a favor o en contra de alguien concreto. Este principio se viola siempre que admitimos la planificación por parcial que ésta sea y nos debiera llevar a considerar otros conceptos que de una u otra forma tratan de esta especie de neutralidad que pretende incorporar la Rule of Law.

Ya he mencionado los velos (de la incertidumbre y de la ignorancia) de Buchanan y de Rawls que, con sus diferencias, están ambos cercanos a la Rule of Law. También he mencionado la conspicua ausencia de la idea de soberanía ( aunque parece que la creería deportada en el parlamento ) a pesar de que menciona a Carl Schmitt como un principal teórico nazi del totalitarismo muy importante (pp227-8) que confunde la sociedad con el Estado y del que debía conocer muy bien sus ideas sobre la soberanía. Y sin embargo el saber de quién son los derechos residuales en caso de excepción es tan crucial para la democracia como la planificación y esta cuestión es el centro del decisionismo Schmittiano que, sin embargo, Hayek omite mencionar quizá para no tener que reconocer que en el nazismo hay más que socialismo. Esta Rule of Law acaba traduciéndose siempre en reglas evitando la discrecionalidad, pero es ingenuo pretender que las reglas no pueden ser manipuladas por quién las impone o por quién captura a quién las impone.

En el primer caso nos encontramos con la delegación del poder que puede ser necesaria para llevar a la práctica la planificación. Esta delegación exige más y más poder y acaba generando un liderazgo dictatorial a partir del cual hacíamos bien temiendo por la Rule of Law. En el segundo caso toparíamos con lo que hoy llamamos capitalismo de amigotes, un arreglo que está formado por un conjunto de monopolios que florecen y tratan de controlar hasta la opinión pública, cosa necesaria pues a veces ésta última, dominada por la izquierda, clama por su nacionalización. Atrapados entre la estatalización, letal para la libertad y el individualismo, y el capitalismo de amigotes, a menudo nos vemos obligados a aceptar este último justificados quizá por la premonición hayekiana que cree vislumbrar que quizá hay una esperanza en la competencia dinámica o en la contestabilidad de los mercados24.

Principios y Proyectos

Caldwell, el gran biógrafo intelectual de Hayek, nos cuenta cómo Keynes leyó The Road to Serfdom en el barco que le llevaba hacia la reunión de Bretton Woods y nos deja saber que Keynes hubiera deseado que Hayek fuera más específico. Continua diciendo que "si Hayek no era contrario a toda forma de intervención, Keynes hubiera querido saber exactamente cómo podría uno distinguir las intervenciones gubernamentales buenas de las malas". Y termina Caldwell citando a Keynes que se dirige a Hayek diciéndole: "Admite usted aquí y allá que es cuestión de saber donde trazar la línea. Está de acuerdo en que la línea debe trazarse en algún lado y en que el extremo lógico no es posible. Pero sin embargo usted no proporciona guía alguna acerca de donde trazarla"25.

La cita es interesante pues presenta, de manera muy gráfica, la diferencia entre dos liberales y entre dos liberalismo. Keynes es un liberal "proyectista" que está dispuesto a cambiar de proyecto si el problema cambia mientras que Hayek no quiere saber nada de proyectos diseñados para situaciones específicas, está en contra de juzgar cada caso en sí mismo en base a sus propios méritos y apoya la adopción de principios. Sin embargo Caldwell nos dice que Hayek aceptó el guante de Keynes y se aprestó a discutir la intervención gubernamental en The Constitution of Liberty. Pero también hizo un esfuerzo en el último capítulo del Camino de Servidumbre tal como él mismo confiesa en la conclusión.

En este último capítulo en efecto, Hayek se aventura a la detallar (aunque no excesivamente) un programa y a referirse a proyectos concretos como el relativo a la cuenca del Danubio o a problemas específicos como el de la industria española del hierro. Como no podía ser de otra manera, dado el momento en el que escribe con el final de la guerra ya cercano, se siente obligado a pergeñar un programa para la organización mundial que sería necesario mostrar en sustitución de la fracasada Liga de las Naciones. En su opinión el fracaso de la Liga se debe al deseo de incluir a muchos países. Típicamente Hayek piensa que hay que aprender de este fracaso e ir poco a poco, además de reconocer el fracaso previsible del socialismo -sobre el que se han escrito todas las páginas anterior del libro-, si queremos dotarnos de una organización eficaz para evitar la guerra.

A pesar de que en este capítulo va a hacer el esfuerzo de diseñar un proyecto, no puede Hayek renunciar a un principio general que en esta ocasión pone en boca de Lord Acton como cita inicial del capítulo. Dice Lord Acton: "De todos los frenos a la democracia, la federación ha sido el más eficaz y el más adecuado... El sistema federal limita y restringe el poder soberano, dividiéndolo y asignando al Estado solamente ciertos derechos definidos. Es el único método para doblegar, no sólo el poder de la mayoría, sino el del pueblo entero (p.262)."

Las ideas de Hayek sobre cómo organizar este instrumento deben ser miradas con atención por quién piense que la soberanía popular es importante políticamente a pesar de los males que la unanimidad puede traer consigo, por no hablar de los que traería el sistema de mayoría. Estas ideas a las que me refiero son las relativas a un tema tabú, el de la relación entre liberalismo y nacionalismo26.

Como este tema no suele plantearse en la escena internacional y como la cita de Lord Acton se restringe a la esfera nacional, aprendemos bastante sobre este tema tabú a partir del examen detallado de las ideas de un Hayek que actua como proyectista improvisado. La mayoría e incluso la unanimidad pueden cometer injusticias. Estas se cometerán en nombre de la soberanía que residirán en el conjunto de cuya mayoría o unanimidad estamos hablando. Luego hay que limitar la soberanía y la forma más expeditiva de hacerlo es dividirla mediante la creación una Federación en la que se le asigna al gobierno Federal (o Central) unos derechos bien definidos que habría que entender en sentido restringido de forma que no incluyen los derechos residuales para decidir en situaciones no previstas.

Si este análisis es correcto Lord Acton está hablando, como mejor forma de organizar los controles que eviten los posibles excesos de la democracia, no de una Federación sino de una Confederación. Retengamos esto y volvamos al ámbito internacional siguiendo paso a paso el razonamiento de Hayek.

Como ya hemos argüido que la participación de ese hombre ordinario es importante para Hayek no es de extrañar que éste acabe diciendo que el Reino Unido tiene mucho que aprender de Suiza.

Otras ideas

Una de las indudables virtudes de Camino de Servidumbre es que está lleno de ideas inteligentes y perceptivas sobre multitud de temas económicos, políticos y sociales que no sólamente encuentren su ubicación concreta en el pensamiento de la época; sino que, además, evocan muchos problemas e ideas actuales. Es imposible sin embargo detenerse en cada una de ellas por lo que me limitaré a comentar aquellas que más me llaman la atención.

Antes de concentrarme en las dos que más me interesan, explicaré telegráficamente porqué no me demoro en algunos temas que, sin embargo, son apasionantes. No discutiré, en primer lugar, el papel que juega la seguridad (física, jurídica o de cualquier otra clase) porque, a pesar de que en el cap.IX hay muchas ideas que siguen siendo útiles para pensar la idoneidad y el tamaño del Estado del Bienestar27, hoy caben tantas formas de cubrirse de contingencias futuras a través del propio mercado28 que el asunto empieza a estar un poco gastado.

En segundo lugar, y a pesar de que Hayek se refiere a ello ampliamente en el Cap. XI, tampoco comentaré nada respecto al peligro de la utilización de los medios de comunicación, en forma de propaganda, por parte de los poderosos aunque cabría mencionar cómo muchas de las visiones de Hayek no sólo aplicarían hoy a los socialistas visionarios; sino muy en particular al capitalismo de amigotes29. Aunque tampoco comentaré sobre ello, llama la atención, en tercer lugar, el empeño que Hayek pone en identificar al socialismo como el origen del nazismo. A ello dedica el capítulo XII entero; pero ya he tenido ocasión de insinuar que, en este punto, su discurso me parece autocensurado y miope30.

Y, finalmente, y aunque no me extienda en ello, tengo que subrayar que su crítica a los economófobos me parece imposible de mejorar y debería ser aplicada a los antiglobalizadores, a los que critican el imperialismo de la economía, defienden excepciones culturales o pretenden arreglar la televisión pública sin mancharse las manos con su financiación o su gestión.

Hay sin embargo un par de ideas, correspondientes a los capítulos VIII (ya examinado en parte) y X en los que me gustaría detenerme para examinarlos con más cuidado. Se trata de la idea de diversidad y la de la selección negativa.

Pasemos por lo tanto al examen de ese tema semi-mágico de la diversidad. Hoy sabemos que da origen a la complementariedad que es muy productiva; pero que también incrementa los costes de transacción (por falta de confianza) lo que trabaja contra la extensión del mercado. ¿Qué pensaba Hayek?. Hayek defiende la diversidad atacando a quienes pretenden eliminarla y ataca la uniformidad. Como la planificación exige el apoyo de muchos grupos diferentes, hay que utilizar la educación para indoctrinar. "No es la convicción racional, sino la aceptación de un credo, lo que se requiere para justificar un particular plan" (149).

Notemos incidentalmente cómo Hayek rechaza todo lo definitivo, incluyendo conjuntos de valores (y prosiblemente los suyos propios) en caso de que lo fueran -definitivos-. Y vemos también cómo Hayek atribuye al socialismo y no al fascismo el boysoutismo : "No fueron los fascistas, sino los socialistas, quienes comenzaron a reunir a los niños desde su más tierna edad en organizaciones políticas, para asegurarse que crecieran como buenos proletarios. No fueron los fascistas, sino los socialistas, quienes primero pensaron en organizar deportes y juegos, fútbol y excursionismo, en clubs de partido donde los miembros no pudieran infectarse con otras opiniones. Fueron los socialistas quines primero insistieron en que el miembro del partido debe distinguirse del resto por los modos de saludar y los tratamientos. Fueron ellos quienes, con su organización de "células" y las medidas para la supervisión permanente de la vida privada, crearon el prototipo del partido totalitario. Balilla y Hitlerjugend, Dopolavoro y Kraft durch Freude, uniformes políticos y formaciones militares del partido, son poco más que remedos de las viejas instituciones socialistas"(p150). Me reprimiré para no aplicar esta crítica a los clubs de algunas organizaciones católicas (o de la cienciología); pero no en apoyarme en Hayek para criticar la discriminación del diferente o incluso a los mismos clubs liberales como su querida Sociedad Mont Pelerin31.

Para terminar este apartado dedicado a ideas menos centrales, pasemos revistas a las ideas de Hayek sobre lo que él llama selección negativa en el capítulo X bajo el título genérico de "¿Porqué los peores se colocan a la cabeza?" Este título parecería hacer referencia a lo que hoy entendemos como selección adversa, un ejemplo de la cual es la famosa ley de Greshan de acuerdo con la cual la mala moneda desplaza a la buena debido a que, como no se sabe en general y de manera común, cual es verdadera y cual es falsa, los propietarios de la mala no tienen inconveniente en usarla a sabiendas de que estafan, mientras que los propietarios de la buena tendrán reticencia a desprenderse de la que saben es buena.

Sin embargo Hayek no llegó a formular esta idea y ni siquiera a plantearse el problema de la información asimétrica en general. Sin embargo sí se planteó el problema de la selección negativa de acuerdo con la cual los peores llegan más arriba que los mejores.

Este tipo de selección se produce en un mundo totalitario por tres razones concatenadas y todas ellas debidas a la necesidad de que quién manda cuente con un grupo de apoyo numeroso y cohesionado. Para que, siendo numeroso pueda ser cohesionado, esta cohesión tiene que darse "por abajo", no por arriba" en donde siempre hay poca gente. En consecuencia la gente más educada no suele formar parte de este grupo. El grupo tiene que estar formado, para que sea numeroso, por una gran masa de gente con una muy pequeña ratio razón/corazón pues son pocos los que tienen esa ratio muy alta. El aglutinamiento necesario para mantener el poder exigido por el totalitarismo se refuerza mucho con la atención paranoica hacia un presunto enemigo exterior o interior; pero esta paranoia es mucho más accesible a los tontos y a los malos.

Hay razones por lo tanto para que el grupo que manda sea de poca calidad. Y es, en muy buena parte, esa falta de calidad de los componentes de ese grupo la que facilita que el ahogo del individuo por la comunidad sobre la que el grupo quiere mandar. Leamos con atención la cita siguiente: "si la "comunidad" o el Estado son antes que el individuo; si tienen fines propios, independientes y superiores a los individuales, sólo aquellos individuos que laboran para dichos fines pueden ser considerados como miembros de la comunidad. Consecuencia necesaria de este criterio es que a una persona sólo se la respeta en cuanto miembro del grupo; es decir, sólo si trabaja y en cuanto trabaja para los fines considerados comunes, y su plena dignidad le viene de su condición de miembro y no simplemente de ser hombre. En realidad, los conceptos mismos de humanidad y, por consiguiente, de internacionalismo, en cualquier de sus formas, son por entero productos de la concepción individualista del hombre, y no hay lugar para ellos en un sistema ideológico colectivista" (p.179).

Esta primacía de la comunidad sobre el individuo en el totalitarismo viene acompañada por dos reflexiones que me interesa retener. La primera es una nota a pie de página dedicada a Nietzche como el gran totalitario. Dice esta nota: Pertenece por entero al espíritu del colectivismo lo que Nietzsche hace decir a su Zarathustra: "Mil objetivos han existido hasta aquí porque han existido mil individuos. Pero falta todavía la argolla para los mil cuellos: el objetivo único falta. La humanidad no tiene todavía un designio. Pero decidme, por favor, hermanos: si aun falta a la humanidad el designio, ¿no es la humanidad misma lo que falta?"" (179).

Me interesa destacar por un lado que Hayek parece pues saber que en el origen del nazismo como totalitarismo no tiene por que estar sólo el socialismo y, por otro lado, que contrariamente a la actitud anticonservadora del Hayek, esta atribución a Nietzsche de organizador de un cierto tipo de antiindividualismo va a ser aprovechada más tarde por el neoconservadurismo.

La segunda reflexión relativa a la selección negativa que quiero subrayar es la de la tendencia del totalitarismo hacia la creación de imperios o unidades nacionales amplias. Hayek nos recuerda que "los dos Webbs y su amigo Bernard Shaw... fueron ostentosamente imperialistas". Y luego cita al historiador Halevy: "La independencia de las pequeñas naciones podía significar algo para el individualista liberal; no significaba nada para colectivistas como ellos. Puedo todavía oír a Sydney Webb explicándome que el futuro pertenecía a las grandes naciones administradoras; donde los funcionarios gobiernan y la policía conserva el orden" (p.181).

Esta última cita debe ser añadida a las ofrecidas más arriba en conexión con el único proyecto que nos ofrece en Camino de Servidumbre, el que se refiere a la organización internacional de las naciones y en el que expresa las ventajas de los Estados pequeños. A mi juicio, sin embargo, aquellas y estas afirmaciones deben ser reconsideradas a la luz de las ideas de captura a las que Hayek se refiere pero a las que no parece sacar todo el jugo que contienen32.

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Notas

15. Estas ideas fueron premiadas con el premio Nobel en el año 2000 que se concedió a Akerlof, Spence y Stiglitz. Una justificación breve del interés de estas ideas aparece en Urrutia (2003).

16. Me refiere aquí a "Economics and knowledge" y a "The use of knowledge in Society", cuya referencia exacta aparece en las Referencias que se ofrecen al final del trabajo. A pesar de la fecha de la segunda pieza, su elaboración es anterior

17. Que Hayek entiende el problema de incentivos es obvio. Basta con leer el capítulo IX.Pero lo que es dudoso es que lo relacionara con la necesidad de la propiedad privada. Ver Macowski y Ostroy. Por otro lado este es el momento de afirmar que el tema no debería considerarse como algo zanjado hace tiempo. En China parece que hoy funciona un régimen de propiedad estatal compatible con el mercado y con la posibilidad de apropiarse de los beneficios obtenidos en este último. De hecho funciona muy bien, según sus tasas de crecimiento, lo que a veces se atribuye al autoritarismo del régimen político. Esto último ataca frontalmente algunas ideas anticonservadoras de Hayek.

18. Retengamos esta cita para la ulterior discusión sobre el conservadurismo. Equivale a la mucho más larga, proveniente de The Constitution of Liberty que Kristol ofrece para justificar su desdén hacía la manera hayekiana de concebir la justicia.

19. En este punto se me ocurre pensar que sería bastante hayekiano defender hoy un impuesto de sucesiones (y de donaciones a los hijos y familiares) del 100%. No viola la Rule of Law, deja espacio para las diferencias congénitas y no extiende la propiedad más allá de sus límites naturales. Muy poco conservador.

20. Digamos, en mis palabras, que Hayek no tiene nada que objetar contra el statu quo, siempre que este sea frágil y atacable. Simplemente está diciendo que la verdadera competencia dificulta la permanencia y el poder excesivo de ese statu quo. Y yo creo que esto es correcto. Ver Urrutia (2005).

21. He aquí en toda su desnudez la ingenuidad de Hayek que le lleva a afirmaciones al menos muy discutibles. Yo, por ejemplo, preferiría que se complete contra mí para no darme una plaza en unas oposiciones a que se me niegue la plaza por razones impersonales que juzgan mi capacidad. En el primer caso puedo dar rienda suelta a mi rabia y me siento más digno que en el segundo caso en el que mi imagen de mi mismo queda tocada y en el que no tengo más remedio que reprimir mi rabia. Hayek sabia de neurología; pero no parece que fuera muy perceptivo en asuntos psicológicos.

22. Citado en Camino de Servidumbre, p.101

23. Por ejemplo, es un método de elección social no transitivo.

24. El cap. XI de Camino de Servidumbre es el lugar para explorar las ideas de Hayek sobre medio de comunicación. Su relación con los monopolios, así como la negación de que estos sean inevitables es el centro del capítulo IV.

25. Ver Caldwell (2004) p.289.

26. En este punto hay que citar el discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de Pedro Schwartz que distingue muy bien entre los límites a la soberanía según sean horizontales o verticales. Ver Schwartz (2005).

27. El lector debería leer cuidadosamente las páginas 158 a 164 y especialmente las dos últimas en que se compara la sociedad de tipo militar con las de tipo comercial.

28. Este es un punto en el que la visión de Hayek no fue tan grande. Nos dice en el p.170 que, aunque entiende que se actué para evitar las grandes privaciones, "si esta acción ha de tener éxito y no se quiere que se destruya la libertad individual, la seguridad tiene que proporcionarse fuera del mercado..."

29. Aquí hay dos puntos sobre los que habría que volver en algún momento, ambos relativos a la ciencia: si la verdad puede obtenerse sin competencia y si tiene sentido la planificación científica que, nos guste o no, funciona en todos los países y con bastante éxito.

30. Recientemente ha aparecido un libro de Beroist sobre este asunto que increiblemente no cita Camino de Servidumbre. Ver Benoist (2005)

31. Este es un buen momento para criticar los clubs liberales, como la citada Sociedad Mont Pelenin, por la forma de acceso a ellos que, como la correspondiente a las academias reales en España, pasan por la solicitud una forma de autoselección muy determinada. Por lo tanto es difícil decirse liberal como también es difícil decirse nacionalista, exactamente por las mismas razones y especialmente por la incapacidad para admitir la autoridad de los autonombrados "papas" de cualquier secta. Y sin embargo comporto con liberales y nacionalistas dos características bastantes contradictorias, la de pretender formar mi propia secta y la de pensar a contrapelo.

32. En relación a esta selección negativa las citas deben retenerse. La primera conforma una explicación de porqué los inmigrantes suelen ser fervorosos patriotas. La tercera da origen a una discusión del los tamaños de los Estado que puede enriquecerse en Urrutia (2004). Y la segunda será importante para los comentarios sobre conservadurismo.