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To skype or not to skype

To Skype, naturally! Es natural que queramos utilizar lo que la tecnologí­a nos ofrece gratis y nos permite extender nuestro radio de acción. Es natural para un individuo cualquiera que toma lo que hay ahí­ fuera como un dato sin mayores reflexiones. Pero luego llegan los trascendentes, los que piensan por los demás y acaban tratando de dictar la conducta de todo el mundo.

Utilizar este programa maravilloso tiene sin duda sus efectos secundarios o, como dicen los sociólogos, sus consecuencias no queridas. Reduce el ancho de banda disponible para otras cominicaciones, dificulta en consecuencia el tratamiento de datos y, he aquí­ el quid, pone en peligro la cuenta de resultados de las operadoras.

Y sin embargo la miopí­a del consumidor individual es en este caso evolutivamente progresista. Esas operadoras tradicionales no tendrán más remedio que ponenrse las pilas y tomarse en serio la innovación. La batalla por la propiedad intelectual ya no sirve aquí­. Y menos mal pues entonces la utilizarí­an para dificultar la expansión personal que Skype hace posible pretextando que tienen que velar por sus accionistas.

Pero los accionistas pueden volar a otros valores lo mismo que el consumidor se pasa de una tecnologí­a a otra. La única defensa posible de aquellos que se queden, y de los propios ejecutivos, es desarrollar un nuevo producto que consiga desplazar a aquel que desplazó el anterior. La innovación sigue a la innovación siempre que no paralicemos la cadena por extraños motivos particulares y nunca favorables al consumidor el que , sin embargo, proclamamos su soberaní­a.

Dejemos pues que funcione la evolución y tendremos mayor acceso a datos, mayor rapidez en nuestro uso de internet e incluso una nueva oportunidad para invertir intelgentemente en Bolsa.

Pero todo esto exige una especie de materialismo contradictorio con la trascendencia de un cristianismo que está perdido en este mundo tecnológico que le sobrepasa. Pretende dejar que la naturaleza haga su trabajo sin interferencias humanas; pero luego parece haber perdido su fe en la economí­a de la salvación y pretende enmendar la plana al creador en materias cientí­ficas y tecnológicas como si éstas no fueran naturales.

O sea que, sin duda, utilicemos la posibilidad que nos brinda Skype. Y sepamos que cuando lo hacemos estamos siendo fieles a nuestra naturaleza que no nos pide previsión; sino docilidad a lo posible. Como nos recomendarí­a ese profeta de nuestra salvacion que es Michel Houellebeque.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.