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Tiempos oscuros

MAFOBankia se interviene para que no se cargue a todo el sistema finaciero español y ¿qué es lo primero que salta a la opinión pública? Pues que la culpa la tiene MAFO. No nos interesan los detalles, la trayectoria seguida hasta ese momento por la institución, las características de su consejo. Tampoco elevamos el tiro hacia otros pros y contras de las Cajas, o sobre qué van a pintar las pocas viables que queden sueltas, o qué va a ser de la obra social o una reflexión más general sobre un sistema finaciero. No, nada de esto interesa. Lo que importa es quién tiene la culpa. O, más exactamente, lo que importa es que la culpa la tenga alguien.

Esto es un signo más de la decadencia y falta inteligibilidad del mundo en el que estamos. Es como si todos dependiéramos de algo arbitrario como la simpatía de un dios, un algo al que no vamos a renunciar mientras podamos decir como niños: «ha sido Juanito». Y así durará un poco más esa pequeña prebenda que me ha tocado por una concatenación de casualidades que, sin mérito alguno por mi parte, me han proporcionado una cierta cuota de poder.

¡¡Ha sido M.A Fernández Ordoñez!!. Pues igual sí, pero lo interesante entonces sería volver a pensar algunas cosas que en su día fueron objeto de atención privilegiada. Me refiero a la naturaleza de las instituciones de diseño y en qué medida son frágiles si no van acompañadas de su resonancia con los equilibrios de intereses. O igual no, en cuyo caso lo interesante no es quien la ha tenido, sino lo mismo que antes, la construcción de instituciones fuertes. Y en ambos casos el descaro para poder hablar de todo ello sin falsos pudores ya que nuestra única obligación es hablar sin restricciones mentales.

Lo horroroso de nuestro tiempo es justamente que nos quedamos tan tranquilos en cuanto encontramos una cabeza de turco y que esa tranquilidad nos dificulta el pensamiento libre y su expresión franca.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.