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Tenis, Dinero y The Good Life

murray nishikori del potro

Me asombra que mi post sobre Burkini y Tenis haya tenido tantos comentarios en La Matriz centrados en el nacionalismo que revela la forma de organizarlos y de contar el medallero como si, podríamos concluir, el éxito, incluso bien medido, fuera una cuestión de espíritu nacional. Esta es la visión de David de Ugarte.

La visión de Manuel Ortega se centra más en el tenis que aprecia muy mucho y afirma o sugiere que mis críticas de la persecución del dinero por parte de muchos tenistas están desenfocadas puesto que lo que los grandes persiguen no es poder ganar el próximo torneo sino sumar puntos que cuenten para la clasificación general lo que, según él no perseguiría ni dinero ni resonancia nacional, sino quizá solo hambre de éxito y fama.

Me gustaría que la afirmación de Manuel fuera cierta, pero no entiendo muy bien como deslindar la fama del dinero puesto que la fama puede acarrear consigo ingresos de otro tipo. Al menos la fama como profesional del deporte de que se trate. Parecería que por un lado y por el otro el nacionalismo y el dinero-fama son dos enemigos del espíritu deportivo y uno está inclinado a aceptar los corresppondientes argumentos. Pero en ese instante aparece el Athletic de Bilbao que me parece una clara excepción a las ideas de David y de Manuel.

Para radicalizar la situación séaseme permitido simplificar diciendo que este equipo no acude al mercado de verdad para conformar su plantilla y que se trata más bien de un equipo transversal al que aplauden nacionalistas y centralistas por igual, o casi. Y expresé todo eso en la revista Capital en una columna que reproduje en este blog haca unos tres años y que convendría volver a leer.

Allí reflejaba yo lo que entiendo por el espíritu deportivo genuino: ese deseo loco de ganar a tu amigo justamente para seguir jugando uno contra el otro empujado este por el deseo de revancha que florece entre amigos que quieren seguir siéndolo.

Y es ese espíritu competitivo el que hay que fomentar como parte fundamental de lo que se llama la buena vida, un concepto dificil que se identifica por su entronque con la sociedad digna o good society y que procuré aclarar en este post asimilándola la que los de Bloomsbury pretendían para sí. Basta quizá con esta cita de Keynes, miembro eximio de Bloomsbury, en el opúscuo «¿Soy un liberal?»:

Tenemos que decubrir una nueva sabiduría para una nueva época. Y entre tanto debemos, si hemos de hacer algo bueno, parecer heterodoxos, molestos, peligrosos y desobedientes para con los que nos han engendrado.

Podríamos empezar a ser heterodoxos tratando de explicar que, si fuera cierto que estoy tratando de eliminar el mercado de futbolistas, además de los juegos olímpicos, esto no me convertiría en un enemigo del mercado sino que simplemente mostraría que me hago cargo de una idea bien establecida que explica que en ciertas condiciones el mercado no tiene ninguna superioridad intelectual o práctica.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.