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Tenebrosa idea del otoño que llega

La desaparición del compañero, pareja o cónyuge, no significa siempre lo mismo.

Ese esfumarse es trágico justo cuando no se trata ya propiamente de un cónyuge, pareja o compañero; sino de un acompañante accidental en la sala de espera de una clí­nica especializada en un tratamiento eterno de soledad.

Pero ese desaparecer es quizá brutal aunque curable, por lo que a lo mas es simplemente dramático, cuando lo que nos golpea es la simple inexistencia fí­sica de nuestro habitual cómplice en el juego del placer.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.