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Sobre la situación económica: III. ¿Qué hacer?

Termino hoy con esta pequeña serie sobre la situación económica actual. Una vez centrada la cuestión en una primera parte, dediqué la segunda al diagnóstico heterodoxo de lo que está pasando a fin de poder hablar, en la parte en que ahora entro, de prognosis y de remedios.

Recordemos que, una vez perdido parte del patrimonio productivo por la subida del petróleo, el pasillo o corredor neoclásico en donde no hay ajustes de cantidades es menos ancho que antes debido a que las dos polí­ticas macroeconómicas centrales estaban calibradas para una situación de mayor potencial de crecimiento.

Quizá lo primero que hay que pensar es si y cómo podrí­amos utilizar las polí­ticas macroeconómicas básicas: la monetaria y la fiscal. A pesar de los avances en la teorí­a de los últimos años seguimos sin saber muy bien lo que hace cada una de ellas o los lags que necesitan la una y la otra para ser efectivas así­ como los efectos colaterales como, por ejemplo, al que estamos asixstiendo resultado, piensan no pocos, de la polí­tica monetaria de Greenspan. Pues bien léase una pieza recientí­sima de Mark Tomas recogida através de mi Feevy y desviemos la mirada hacia la heterodoxia, volviendo a hablar del corredor neoclásico

Los agoreros son partidarios de pensar que es muy estrecho y que los ajustes de cantidades llegan enseguida. Además suele coincidir que estos agoreros piensan además que estos ajustes son buenos pues barren fuera del mercado a aquellos agentes productivos o intermediarios que no han sabido hacer las cosas bien. Esto no es cierto en nuestro paí­s en el que los agoreros piden a gritos medidas de choque. Dejemos pues este asunto convencional aunque no sin antes llamar la atención sobre la extraña mezcla de agorerismo, populismo y ortoxia que se da hoy y no solo en nuestro paí­s.

En estas circunstancias quizá no parezca tan descabellado utilizar una lógica distinta que se abandonó, por mera y extraña dinámica intelectual explicada por razones no estrictamente epistmológicas.

Yo creo, dentro de esta lógica que vuelve que la anchura de este corredor neoclásico depende, como ya se ha dicho, del lí­mite de crédito y de su determinante principal, el endeudamiento.

El ahorro acumulado es negativo, parecen decirnos, debido al endeudamiento doméstico y al deficit exterior, a pesar del superavit público. Pienso, como ya he dicho en otras ocasiones, que el endudamiento exterior es sostenible siempre que nuestro sistema financiero sea solvente y robusto. Esto por un lado y, por el otro lado, mi sensación es que a pesar del endeudamiento doméstico, el valor de los activos es todaví­a muy grande. Admito por lo tanto que, en el peor de los casos, el endeudamiento acumulado serí­a neutral respecto a la anchura del corredor neoclásico, siempre, vuelvo a decir, que el sitema financiero continuara siendo robusto.

Lo importante, por lo tanto, es el lí­mite de crédito en sí­ mismo, una cuestión puramente financiera. Este lí­mite de crédito es grande cuando el colateral es grande, pero acabamos de decir que el valor de los activos compensa justamente el de las deudas. Sin embargo, el lí­mite de crédito es también grande si los bancos estás dispuestos a arriesgarse y seguir prestando a pesar del poco valor del colateral.

Este es el problema de hoy tal como explicaba el otro dí­a. Y tal como lo explicaba me parece claro que, ahora que ha acabado el asunto de cerrar las cuentas a fin de año, los bancos empezarán a desnudarse integralmente siguiendo el ejemplo de los que ya lo han hecho Ayer mismo Merryl Lynch). El conjunto, creo yo, estará sano y la anchura del pasillo neoclásico será suficiente como para no experimentar ajustes muy significativos en las cantidades ante shocks como el petrolí­fero que, por otro lado, era fácilmente anticipable, o el de las materias primas.

Esta manera de explicar las cosas macroeconómicas tiene la ventaja que enmarca muy claramente las ventajas e inconvenientes de lo que se puede hacer sin necesidad de apelar a diferentes paradigmas teóricos. Lo que hay que hacer es cuidar el sistema financiero, distinguir los bancos prudentes de los alocados y calcular cuanto antes para qué anchura del corredor da el lí­mite de crédito que nos podemos permitir en basea a esos bancos buenos o a los saneados gracias a los fondos soberanos.

No me parece recomendable, tal como avamcé tangencialmente en la primera parte de esta serie, utilizar drásticamente las polí­ticas tradicionales aunque será muy dificil que los gobiernos renuncien a ellas ante las presiones a las que se van a ver sometidos. Lo que sí­ me parece recomendable es que, en foros privados y globales, se acuerden los ajustes regulatorios oportunos.

Termino pues diciendo que lo que sí­ va a pasar es que el sector financiero va a cambiar. Por un ado tendremos mucho más cuidado en los informes de las agencias de rating y en la comprensión de las innovaciones finacieras así­ como en los conflictos de intereses entre analistas y prestamistas. y, por otro lado, vendrá una nueva ola de consolidación bancaria global, lo que obligará a revisar BasileaII aun antes de que entre compñetamente en vigor.

Este sí­ que es un asunto a seguir con atención.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.