Segundo Decenio IV: Otras actividades

La involucración en la actividad de la FUE no fue suficiente para hacerme olvidar el juicio que tuve pendiente durante años. A pesar de que yo era consciente de mi inocencia no podía evitar sentirme avergonzado en no pocos ámbitos sociales. Y esta vergüenza me llevó a dedicarme a otras muchas actividades en el ámbito de los negocios financieros o los enfocados en una nueva comprensión de la naturaleza del funcionamiento de la economía.

Si efectivamente un día aparece mi obra póstuma deberá contener un buen resumen de esos siete años, contenidos en este segundo decenio, en los que dediqué una hora al día, tres días a la semana, al examen de mi psique bajo la tutela de la que a mí me pareció una gran psicoanalista, cuyo despacho no estaba lejos de la sede de la FUE, cuyas actividades tuvieron que acompasarse con el horario clínico que siempre se iniciaba a la media hora de salir de casa, de forma que pudiera dedicar ese tiempo para vaciar mi mente a fin de poder divagar, mirando al techo y de espaldas a la analista, sobre lo que a mí me parecían mis locuras y eran, en realidad, las directivas sugeridas por ella.

Creo que, en su día, ya agradecí explícitamente a la persona que me la recomendó y, siete años más tarde a ella justo al levantarme del sillón al sonar la hora del fin de la última sesión. Ya había acudido a un psicoanalista todavía en Bilbao y ante el nacimiento de nuestro hijo Ramón que nació microcéfalo y con una esperanza de vida de unos cuatro años y que hoy tiene cuarenta. Este primer contacto me sentó muy bien para sobrellevar esta maldición; pero estuvo muy lejos de constituir una reflexión general sobre mi psique.

Poco a poco fui reconociendo mi necesidad de acudir al psicólogo tanto en Bilbao como más tarde en Madrid en donde fui recomendado a asistir a un tratamiento psicoanalítico para completar mi simple tratamiento anterior y para enfrentarme a la vergüenza y a la culpabilidad que generó en mí el juicio que se nos abrió a unos pocos consejeros y a miembros de la plantilla del BBV acusados de algo como malas prácticas fiscales.

Pero tanto la FUE como el psicoanálisis no llenaban mi actividad diaria y no tuve más remedio que aceptar las ofertas que me llegaron para trabajar en apoyo de finalidades muy diversas relacionadas con asociaciones o fundaciones que me permitieron entrar en contacto con personalidades del mundo empresarial o político, pasando por el cercano a la universidad y la ciencia, en aquellos momentos en plena efervescencia.

En otro momento hablaré largo y tendido sobre el mundo naciente de Internet y sus derivados, que movilizó a no pocos jóvenes a tratar de organizarse la vida convirtiendo en negocio muchas de las ideas emergentes sobre redes y otras facetas fundamentales de lo que yo pensaba era una nueva forma de capitalismo que conectaba con ideas juveniles mías sobre libertad social, vida comunal y una liberación frente a la escasez.

Estas últimas actividades conectaron el psicoanálisis con mi trabajo intelectual en el que mis lecturas del sesenta y ocho, especialmente Marcuse, se mezclaron con la posibilidad de la abundancia asociada a la reducción de costes propia de la Nueva Economía y que me llevaron a la redacción de un nuevo libro que me llevó mucho tiempo y que fue publicado por fin en el año 2008 y del que hablaré en otra ocasión ya próxima.