Segundo Decenio II: Expansión

Mi colaboración con el periódico salmón Expansión comenzó antes de este segundo decenio, cuando la llamada de ayuda al BBV por parte de su presidente redundó en mi introducción en el que más tarde sería el Consejo Editorial y que, en ese momento, no era sino un lugar de encuentro entre la redacción y yo como representante de algunos de los socios.

En esa época yo solo me reunía con algunos periodistas una vez por semana y comentábamos sobre los asuntos de mayor relevancia o aquellos que a mí me parecía debieran ser atacados con cierta urgencia y con más profundidad de la habitual. Más adelante la reunión del Consejo Editorial fue ya algo más serio y acogía no solo a periodistas sino también a asesores internos y externos que trataban de desvelar lo que les parecía más digno de ser resaltado y las razones que les parecía justificar esa pretendida prioridad. Para mí esta reunión periódica no solo me hacía notar rasgos inesperados de asuntos de actualidad, sino que además me permitía esforzarme en adaptar algunos aspectos de mi saber técnico al idioma periodístico al tiempo que, con el visto bueno de la dirección, mantenía reuniones con miembros específicos de la redacción sobre estos puntos menos conocidos.

Poco a poco me fui haciendo un buen amigo de la redacción y la dirección y, eventualmente acabé convirtiéndome en un miembro más de la plantilla y contando con un despacho propio. Todas estos cambios se hicieron más y más importantes y el Consejo Editorial los transformó en parte de la naturaleza de Expansión. Y ese Consejo Editorial puede ser calificado de producto selecto aunque no sea el resultado de ninguna producción a granel.

Mi independencia era muy grande y traté de ir proponiendo miembros nuevos para ese Consejo procedentes del mundo académico en materias interesantes de la actualidad. Esto tuvo dos efectos sobre mi nueva forma de vida una vez abandonada la Universidad. Por un lado las reuniones del Consejo Editorial comenzaron a tener un nivel alto que pienso alegró a los periodistas y, por otro lado, sirvió a los intelectuales universitarios para acercarse al mundo real.

Mi compromiso con Expansión incluía el escribir un artículo con una cierta periodicidad que pienso nunca dejé de cumplir y que creo incentivó a hacer eso mismo, aunque sin compromiso, a los miembros académicos. Para mi esto fue como un consuelo de mi ausencia de la Carlos III y una cierta forma de mantener el contacto con académicos interesados en asuntos relevantes del momento. Y, por razones de la empresa como tal, el consejo Editorial se desgajó y surgió otro en Cataluña lo que me dio ocasión de acudir a Barcelona a menudo y conocer a bastantes empresarios y altos funcionarios que con su sola presencia me hicieron comprender su problemática propia y dotar de un mayor interés mis muchas visitas a Foixà, en donde habíamos adquirido una preciosa casa no lejos del costa.

Además de estas actividades, mi libertad me permitía, en cualquier caso, mantener otras costumbres y atender a otros intereses de los que escribiré pronto. Uno de estos intereses era atender a las actividades de la FUE que extendió sus actividades en Cataluña más de lo que ya estaban extendidas.