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Rentas y la parábola del administrador infiel

El pasado jueves un amigo, ESR, nos leyó a un grupo de gente supuestamente culta la parábola del administrador infiel confesando que no la entendía. He aquí el texto que nos leyó ESR:

Lucas 16, 1-9
1 Decía también a sus discípulos: «Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; 2 le llamó y le dijo: «¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando.» 3 Se dijo a sí mismo el administrador: «¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. 4 Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas.» 5 Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi señor?» 6 Respondió: «Cien medidas de aceite.» El le dijo: «Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.» 7 Después dijo a otro: «Tú, ¿cuánto debes?» Contestó: «Cien cargas de trigo.» Dícele: «Toma tu recibo y escribe ochenta.» 8 El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz. 9 Yo os digo: Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas.»

Todos los presentes quedamos asombrados y yo en particular comprendí que, dentro de la historia sagrada que me fue sistemáticamente presentada en los primeros años del bachiller, nunca se encontrara esta parábola. Trato de enterarme ahora de su significado y no consigo entenderla aunque parece que la Iglesia ha sabido encontrarle un significado que tampoco entiendo y que ahorro al lector, pero que quizá pueda extraer de aquí.

Pero quizá podríamos tratar de ubicarla dentro del intento de comprensión de la emergencia y disipación de rentas. Parecería obvio que el Amo era un rentista por mera tradición basada sin duda en la fuerza de hace unas cuantas generaciones. Este rentista extrae rentas de unos cuantos proletarios que son vigilados por un capataz, nuestro administrador infiel.

Nos encontramos pues en el contexto de un problema de agente y principal y podemos aspirar a entender que existe una manera de disipar rentas mediante la aportación a la competencia del capataz, esa figura tan espantosa que quizá así comienza a hacerse respetable. Es gracias a él que las rentas del Amo se trasladan y reparten, a menos en parte, entre los distintos arrendadores (agrícolas) que conformaban lo que inadecuadamente he llamado proletarios. El agente, administrador o mayordomo también disfruta del botín pues se gana el reconocimiento de los deudores quienes desde ahora serán seguramente sus principales a los que cobrará más que lo que sacaba del amo-principal.

Es extraño el papel del Amo porque no trata de rehacer el contrato con el agente, sino que se limita a felicitar al agente-administrador por su prudencia y/o astucia. Este amo debía ser el teórico del análisis económico que admira profundamente a los aparentes hijos de la tinieblas que en verdad nos iluminan haciéndonos comprender la mecánica de una forma determinada de disipar rentas tratando de hacerlas tuyas en parte mediante el expediente, propio de esos capataces que son los intelectuales que se dan cuenta de que el amo es uno y los arrendatarios muchos, de forma que es el capataz el que está en la posición adecuada para apropiarse de una buena parte de las rentas excluyendo al amo y compartiendo con los proletarios-arrendatarios.

Esta forma de dinámica social hace del Nuevo Testamento algo realmente interesante para un economista interesado en la dinámica de rentas generada por el deseo de apropiarse de ellas.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.