Artículos

¿Recuperando mi mundo?

Este principio de temporada se me ofrece como algo distinto a otros principios de temporada y no tiene nada que ver con la pandemia que sufrimos. Tiene que ver más bien con la falta de memoria que se me impone directamente o que inconscientemente uso como justificante de otros problemas de la edad.

Los problemas simples de mi falta de memoria se me antojan genuinos. Como este verano no hemos pasado por nuestra casa de Foixà en el Baix Empordà, pero recibo comentarios de la siguiente generación que sí que ha pasado por esa casa, me doy cuenta de que, desde hace solo medio año, he olvidado muchos nombres de la zona como el pueblo Palau Sator o como el cercano Dos XXX…(una fruta que en su versión verde o en la amarilla desayuno casi todos los días). Lo mismo me ocurre con libros cuyo título he olvidado y no puedo comprarlos, o con otros libros que encuentro en mi biblioteca y de cuyo contenido no recuerdo nada. Y no digamos nada de películas o de figurantes, el olvido de cuyos nombres dificulta las conversaciones con amigos o conocidos.

En mi estancia en Guecho (Vizcaya) o en mis esporádicas visitas a Madrid capital, no he podido recordar los lugares en los que he seleccionado algún extrañamente atractivo alojamiento en esas zonas hoy maltratadas por el Coronavirus o, si recordaba el lugar, resulta que había olvidado el nombre. Así que, en mis cotidianos y obligados paseos descubro un nuevo mundo. Es como si mi falta de memoria se compensara un poco cono mi mejor vista. Quizá debiera reconocer que no se trata de recuperar un mundo, sino más bien de construir uno nuevo. O de olvidarlo, como sería el caso del mundo bancario. El anuncio de la fusión entre Bankia y Caixa Bank no me ha hecho pensar en mi breve y pasado mundo bancario con cierta nostalgia sino, mas bien, con un enorme distanciamiento.

De todos modos, cuando lo que querría recordar no son detalles o nombres, la memoria no me falla del todo y me sirve para reconstruir mundos pasados que sigo añorando. No se trata de recordar a Lenin, Trotski o Stalin sino de poner en orden las líneas básicas de mi intelectualidad, anarquía o fuerza asociados a esos personajes que podrían configurar un mundo lleno de pujanza, solidaridad y belleza y que, si bien me tentó en mi juventud, nunca ha llegado más allá de un cierto socialismo nórdico que me permite tomar polvorones sin el remordimiento de conciencia típico del privilegiado.

De todas formas a mi edad y con esa especie de desgana de viejo, echo de menos un complemento más bien carnal que tiene que ver con la doctrina que ha ido construyéndose en Esalen, lugar icónico de mi ya viejo pasado.

mm

Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.