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¿Qué es eso de Grexit?

oriente y occidente
El título de este post no es una gracieta dirigida a criticar la falta de información de su autor pues aunque ésta no sea sistemática sí que estoy al tanto de los defectos del diseño de la UE y del euro, ambos muy alejados de las viejas recetas de las áreas monetarias óptimas de Mundell, así como de las grandes cifras y de los posibles simulacros que podemos estar contemplando bajo diferentes disfraces.

Hay algunas cosas obvias como por ejemplo, que un área monetaria no puede ser óptima, en general, si no está acompañada de un área fiscal unificada o si no hay libertad de movimientos de la fuerza de trabajo. Esto ya lo sabíamos pero nunca nos lo decimos para no tener que ceder más soberanía que la que permite una historia llena de encontronazos y aparentes reencuentros. Y esta memoria viva explica muchas cosas desde la negativa a tener una constitución europea, hasta la amenaza continua de cerrar Schengen, pasando por los fondos europeos siempre utilizados en favor de los poderosos pero disfrazados de solidaridad europea o ese míserable mirar para otro lado cuando se trata de inmigración a través de la frontera sur de esta Europa.

Tampoco voy a tratar de ofrecer ninguna solución espectacular y novedosa sobre cómo frenar la marcha de Grecia que sea aceptable para aquellos que están deseando librarse de este lastre. No, lo que voy a hacer es tratar de imaginar un enorme acuerdo geoestratégico que explique algunas de las aparentes contradicciones que sorprenden a los lectores de periódicos y vaya más allá de la aplicación de teoría de juegos a la que apelaba Varoufakis al comienzo de la subida al poder de Syriza y que hacía referencia al juego de la gallina dando como ganador a aquel jugador que se para más cerca del abismo. No parece el juego adecuado pues el destrozo de caer en el abismo es, opino, mucho mayor para Grecia que para el resto de la UE o de la zona euro y, sobre todo porque el conjunto de estrategias disponibles no es el mismo para todos los jugadores.

El problema parecería ser el de la aplicación por parte de gobiernos griegos títeres de medidas que no eran muy apropiadas, al menos a corto plazo, para Grecia o para ninguna otra economía que no tuviera la moral resiliente del ordoliberalismo de Alemania. Esas medidas recomendadas, o más bien impuestas, por la Troika y que durante años inducen pobreza para la mayoría de la población a fin de paradójicamente reducir endeudamiento. Y ese endeudamiento era en buena parte lo que se debía a los bancos alemanes y franceses que, aunque fuera difícil de creer, seguían prestando a Grecia.

En esas condiciones las elecciones recientes en Grecia encumbran a un partido como Syriza que no está dispuesto a seguir jugando este juego y plantea algunas cosas razonables para el resto de Europa pero, de manera muy lógica, plantea una quita y un alargamiento del plazo de pago que le permita cumplir y al mismo tiempo decantarse por la otra manera de plantearse la salida de la crisis, la correspondiente a la herencia keynesiana. Nada extraordinario para un economista vulgar que no se rija por la similitud entre países y hogares y que parecería ignorar que en no pocos países cabe también la suspensión de pagos o la quiebra de familias.

Y así parecía que todo iba bien y que pronto se podría pasar página, pero de repente Tsipras plantea el referéndum sobre esas últimas medidas del resto de Europa y de las instituciones de la Troika con la aparente intención de votar que NO junto con los críticos de su propio partido y abocarse así a una posible salida del euro para arreglárselas sola mediante la devaluación que implicaría una vuelta al dracma, la moneda tradicional de Grecia.

Y es aquí, y sin ninguna razón aparente, que me viene a la cabeza la posibilidad de un simulacro cuando en realidad lo que quiere quien convoca el referéndum sería que sus paisanos dijeran SI, se quedaran en el euro y Europa hiciera alguna concesión menor. El simulacro se montaría entonces por razones estratégicas para no desguarnecer el flanco sureste de Europa en estos momentos tan tensos en la zona y no dar baza alguna a Rusia para romper el equilibrio geográfico establecido desde la desaparición de la URSS y hoy en juego en Ucrania. Entre Putin y Obama no parece haber ninguna sintonía que llegara a un arreglo sensato y Obama parecería querer terminar su segundo mandato con las fronteras políticas muy claramente establecidas.Para ello nada como los tanques de la OTAN no lejos de Alemania y una Grecia de una importancia renovada.

Al final un éxito para Alemania y los EE.UU. Otra vez ganarían los ricos y no se bien cómo Tsipras va a evitar esta crítica a la postura poco limpia que implícitamente le atribuyo. Los críticos de su partido le van a calar.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.