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Predatory Journals

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Predatory Journals es el nombre genérico que se da a las revistas científicas tramposas a través de las cuales se pueden cometer graves pecados científicos, o eso parece a la luz de estos posts en NesG: el de Bagües en el que se cita al de Fernandez Villaverde. En uno de los comentarios a este segundo post el autor del primero hace un buen resumen de la situación.

Me sorprende que algunos comentaristas sean tan indulgentes con el tema de los predatory journals (por no hablar de las predatory conferences). Para los lectores que no pertenecen al mundo académico, se trata de falsas revistas científicas internacionales gestionadas por individuos ajenos al mundo científico que a cambio de una módica suma te publican el artículo, independientemente de su calidad. Puede que haya algún caso en el que el autor ingenuamente no se haya enterado, pero en general se trata de un pacto de canallas en el que ambas partes salen ganando: el pseudoeditor de la falsa revista se lleva el dinero de las fees y el autor con pocos escrúpulos adorna su CV con una publicación en una revista internacional con un nombre rimbombante. No engaña a nadie del gremio que se dedique medianamente a la investigación pero puede colar como mérito en según qué situaciones. Y aunque no tengo pruebas de ello, no me extrañaría que gran parte de estas publicaciones en estas falsas revistas científicas internacionales se estén pagando con dinero público.

Suena todo un poco feo pero también raro porque no es creíble que nadie piense que cuando recibe una invitación a escribir en uno de estos Journals debido a la gran reputación que le adorna en el campo correspondiente, se lo trague. Es una falsedad tan grande como cuando un presunto amigo te pide dinero por mail, desde Sri Lanka, digamos, para poder volver a casa puesto que le han robado la cartera con el dinero y el billete de avión.

Y, sin embargo, no consigo indignarme por la existencia de estos Journals predatorios o por su uso para rellenar el CV o por el «mal» uso del dinero público para pagar la publicación correspondientes. Es algo tan tonto que tampoco entiendo bien que alguien se dedique a hacer la lista de estos Journals. Su presunta mala calidad debería ser evidente a partir de su lectura y si no lo fuere pues igual no está tan mal que existan estas revistas tramposas.

Curiosamente los detractores de este pequeño timo me recuerdan a los que atacan las protestas de los taxistas ante la emergencia de, por ejemplo, este medio de transporte colaborativo que se llama Uber. Alguien respetable como Richard Stallman, que además de nacer el mismo día que yo aunque algunos años más tarde, y haber pasado por este winterworkshop de la FUE como enemigo de la propiedad intelectual, explica aquí sus razones para recomendar que, en las circunstancias actuales, no se use. Pero, sin embargo, a mi me parece que no hay quien pare este arreglo que acabará siendo totalmente legal en cuanto se elabore una cierta regulación única para el gremio tradicional y para los que ofrecen sus servicios a través de Uber.

Pero volviendo al problema de la defensa de la verdad científica y la denuncia del error, no veo razón alguna para que no haya una especie de almacén central de publicaciones, bien ordenadas, sobre las cuales cualquiera pueda hacer de referee, anónimo si quiere, explicando sus reticencias o denunciando errores, reticencias y errores que todo el mundo puede leer y sopesar.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.