Puente de Deusto, Bilbao

Pequeñeces 2: El puente levadizo

En aquella época llamábamos «puente levadizo» a lo que hoy se llama simplemente puente de Deusto. Hoy en día se atraviesa casi sin tener conciencia de que por debajo pasa la ría en su camino hacia el mar; pero hace unos 60 años no podíamos dejar de sentir esa función de la que se desprendía su nombre. Unía las dos márgenes del río. Si bien la denominación de «margen izquierda» hacía y hace referencia al correr de las aguas del río Nervión, y señala a la parte relativamente pobre de esta zona que produjo tanta riqueza industrial, en el cogollo de Bilbao, once kilómetros antes de esa desembocadura, es esa parte izquierda la que se reconoce como la buena para vivir por la calidad de sus construcciones y en la que se localizan todos los lugares en los que las personas disfrutan de las horas de ocio.

Así que el caminar desde mi casa hasta la Universidad de Deusto todas la mañanas, incluyendo las de los sábados, no era agradable para todos los que nos encaminábamos a recibir las clases de derecho o de empresariales con los libros debajo del brazo y la sentida obligación de llegar a tiempo ya que no se admitía ninguna disculpa del retraso que no fuera la de haber topado con la elevación del puente para dejar pasar a alguna embarcación en una dirección u otra.

A menudo era en ese momento tan precioso en el que nos encontrábamos varios alumnos de esa universidad que viviendo en la zona centro de Bilbao, a la izquierda del Nervión, nos encaminábamos hacia la casi desconocida para muchos de nosotros margen derecha. Cuando así ocurría la disculpa colectiva era aceptada como no podía ser de otra manera, pero poco a poco esa disculpa se fue aceptando sin más de forma que se fue convirtiendo en coartada para demorarse un poco en finalizar el desayuno en casa antes de llegar a esa diaria y temprana clase de derecho romano en la que, además de la explicación de un texto determinado por parte del profesor también podía ocurrir que se testara la preparación de alguno a algunos alumnos.

No se podía llegar tarde porque, o bien el profesor no te dejaba entrar en clase sin coartada o bien, si la tenías, te penalizaba con alguna pregunta sobre lo explicado el día anterior. Nunca se me olvidará aquella ocasión en que esto me ocurrió a mi y fui sometido a tener que recordar la definición de Tesoro en ese derecho romano. Lo que realmente nunca se me olvidará es que esa misma pregunta fue la que tuve que contestar en el correspondiente examen en Valladolid en cuyo distrito universitario estaba integrado Bilbao. Todavía creo recordar la contestación , en latín naturalmente, que me ganó un sobresaliente est vetus quedam dispositio pecuniae ut iam dominum non habeat.