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Pensamiento único

La expresión «pensamiento único» ha devenido un insulto y un deseo. Un insulto que oculta un deseo que no osa expresrse y un deseo que, insatisfecho, deriva en insulto.

Fueron los progres, organizados alrededor de la defensa del desarrollo y de los pobres, o de la protección del medio ambiente o del desarrollo sostenible, los que la acuñaron para expresar la incapacidad de la economí­a de mercado para distinguir entre mercancí­as y bienes que, a diferencia de aquellas, no pueden ni deben ser objeto de tr áfico mercantil. El pensamiento único serí­a el propiciado por los insaciables capitalistas que pretenden deforestar el mundo o esponjarlo desviando la mirada de la pobreza de Africa.

Pero los inteligentes defensores de la economñia de mercado contraarguyeron como saben. Mostraron cómo el mercado puede solucionar casi todos los problemas de manera óptima y de la mejor manera posible los llamados fallos de mercado. Y pasaron al ataque denominando «pensamiento único» los argumentos a favor del voluntarismo de ecologistas, oenegeros e intelectuales en general.

Fueron los los liberales los que admitieron que la expresión puede ser insultante y los intervencionistas refuerzan esta virtualidad.

Pero sospecho que unos y otros desearí­a realmente que lo que utilizan como insulto les bendijera con su favor. Unos y otros les gustarí­a convertirse de verdad en los abanderados de un pensamiento sin alternativa, sin posibilidades de contestación. Una profunda voluntad de muerte porque todo, y especialmente el pensamiento, necesita esa contestación y la confrontación pública.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.