Patentes y farmaceúticas
David de Ugarte me envía el siguiente comentario sobre el último artículo que he publicado en Expansión y que me parece merece la pena presentarlo como un post independiente. Que quede constancia que es suyo aunque pienso apropiármelo.
Una industria farmaceútica sin patentes significa que el tiempo de explotación exclusiva de los medicamentos se reduciría por debajo de los cuatro años. Conforme avanzara la tecnología de síntesis es probable que llegara incluso a rondar los dos años, que es el record actual de plagio, acusado aunque nunca demostrado en el caso del Warfarin, la versión genérica de un anticoagulante llamado Coumadin patentado originalmente por DuPont Pharmaceuticals Inc.
Lo interesante del caso Coumadin es que sigue generando unos ingresos de unos 500 millones de dólares anuales a DuPont. Según el Wall Street Journal el gasto mensual por paciente costaría 35.50 dólares frente a los 28.60 del genérico. Sin embargo, a pesar de la diferencia de precios, Coumadin sigue reteniendo casi el 80% del mercado.
Algo parecido nos dice la experiencia del Zovirax, la famosa pomada contra el herpes labial, quien a pesar de existir un genérico (aciclovir) hasta seis veces más barato, conserva diez años después un 66.5% del mercado.
Esto se debe a que en los países ricos, los mayores consumidores mundiales de medicamentos, los precios en relación a las rentas medias, son lo suficientemente bajos como para que los consumidores mantengan estrategias conservadoras y fidelidad a las marcas. Los grandes beneficiarios de los genéricos son los países periféricos, los sistemas nacionales de salud y a través de estos las personas de rentas más bajas.
Pero por lo mismo, en la industria farmaceútica, el que llega primero, el innovador, tiene incentivos más allá de la patente suficientes como para justificar y rentabilizar sobradamente el I+D. Hoy Coumadin sigue siendo el producto estrella de DuPont, fundamental dentro de las cuentas de la multinacional, a pesar de haber sido uno de los pocos casos donde la aparición casi simultánea de un genérico crea una situación asimilable a la que se daría en ausencia de patentes.


Hemos instalado un 
Den tur aproksimashon na e diaspora nan, su evolushon i desaroyo, persona nan ta keda skondí bou etikèt nan komo
El razonamiento podría ser falaz, dado que no tiene en cuenta elementos de peso sobre la capacidad de distribucion en el mercado. Primero, las grandes farmaceúticas tienen un enorme peso en las distribuidoras, a las que pueden inducir a que den preferencia en la distribucion a sus productos frente a los genéricos en varias formas; en segundo, es evidente que los superiores precios de las marcas permiten mayores margenes para toda la cadena de distribuidores y vendedores, creandose de nuevo incentivos a inducir a los consumidores en favor de unos medicamentos frente a alternativas.
Por otro lado, hay algunos elementos no mencionados que podrían hacer menos divergentes de lo esperado el coste final para el consumidor de unos y otros productos sustitutivos; en una reciente visita a Peru, me encontre con que las farmacias expenden fracciones de “pmbases”, de manera que es posible comprar un analgésico para dos tomas, sin tener que adquirir el embase completo, dejando que el resto de las tomas caduquen en mi botiquín casero. Me parece que la discrepancia de precios en una sola dosis, tiende a minorarse comparando con la de todo un embase.
Por último, como en tantas otras industrias, crear una “marca” permite el marcaje premium, aunque no responda a caracteristicas del producto. Y si no, que se lo digan a Pascual, que siempre ha sido un buen ejemplo de cómo posicionar una commodity como la leche. Que este tipo de efectos se reproduzca en la industria de medicamentos es lógico. Con independencia de ser la primera en descubrirlo o no. De hecho, ¿sería impensable que un laboratorio de primera pudiese lograr un premium comercializando un producto genérico que no sea propio?. Creo que esta pregunta es muy relevante, y debiera orientar el análisis sobre este tema: No como el premium de los farmacos protegidos frente a los genéricos, sino como el precio de los fármacos de empresas marquistas frente a empresas de descuento. Distintos productos, distintas estrategias, distintos resultados. Que hay mercados para ambas, lo demuestra la coexistencia de Wall Mart con Harrods y de Sanchez Romero con Mercadona y Eroski, y de las marcas que estos comercializan.
O, de nuevo, estaremos, como decía un amigo chileno, meando fuera del tiesto!.
Marcelo del Campo