Artículos

Parcheando los efectos de la última crisis financiera

Los mercados financieros siguen en condiciones de alarma. Los bancos no confí­an unos en otros y por dos buenas razones . Porque no saben hasta qué punto está cada uno de ellos cargado con los malos créditos relacionados con las hipotecas que todos temen sean non-performing en poco tiempo. Y porque no saben tampoco cuanto valen los vehí­culos especiales en los que se han instalado las asset-backed securities a pesar de que todos los adelantos de la literatura técnica de finazas parecerí­an ser capaces de valorar cualquier cosa.

Sin embargo hay un malentendido en esto último. Todo se puede valorar en función de un subyacente cuyo comportaminte se cree conocer. Pero nada es conocido en los mercados ( y si no que se lo pregunten al LTCM y a sus socios especialistas en valoraciones de derivados; les mató un black swan). Pero cuando el subyacente ni siquiera tiene una historia como es el caso de muchos de los tí­tulos sintéticos donde se introducen toda clase de activos para dispersar el riesgo, no hay manera de alcanzar una valoración aceptada unánimemente.

En estas condiciones lo importante era y es la propia dispersión del riesgo. Podrí­amos imaginar que conseguimos dispersarlo hasta sus últimas consecuencias llegando, como si dijéramos, a que cada ser humano soporte la parte alí­cuota que le corresponda.

Es importante recordar esto porque el fondo que acaban de constituir Citi, BofA y J.P.Morgan (M-LEC, Master Liquidity Enhencement Conduit) abierto a otros muchos, es la manrra de seguir por la la senda de la redisribución del riesgo. Si llegáramos al final de esa senda, no se necesitarí­a un prestamista de última instancia que discriminara al menos un poco entre los fantasiosos y los que han tenido mala suerte. Bastarí­a en realidad con que este fondo capitalizdo por esos bancos admitiera comprar los créditos dudosos de algunos colegas y, a su vez, los empaquetaran correctamente para que la confiaza se recupere.

Esto valida la tesis de que en buena parte la naturaleza de la crisis actual está relacionada con la innovación financiera. Sin duda en su origen detectamos la interconexión global del sistema financiero, lo que por un lado facilita el contagio y, por el otro, dispersa el riesgo haciendo el sistema más resistente que hasta ahora. Esto, incidentalmente, apunta a un nuevo capitalismo en el que las crisis son frecuentes y menos duraderas colaborando a la circulación de las clases ricas y poderosas. Los cinco minutos de gloria que a todos nos van a tocar.

Pero todo esto tiene también una lectura adicional menos pretenciosa. Por primera vez es el propio sector, sin ayudas de los reguladores, el que está dispuesto a sacar las castañas del fuego aun a riesgo de quemarse las manos. Merece la pena este empeño desregulatorio.

¿Y qué pasa con el azar moral? Pues nada siempre que los bancos que han sabido ser prudentes y que básicamente conocen bien la gestión del riesgo y no se meten donde no entienden su naturaleza, van a salir bien parados porque no necesitan ese fondo que es costoso y porque pueden, si lo entienden y lo desean, quedarse con parte del beneficio del esquema. El que les correponde por ayudar a la salvación de un sector al que pertenecen.

mm

Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.