Zer egin

Todavía no estoy en disposición de escribir sin parar todas las mañanas y todas las tardes. Justo cuando comienza el verano se acumulan un montón de tareas que no puedes dejar para más adelante. Tendré que esperar hasta mediados de julio; pero a partir de ahí no tendré disculpa alguna.

Lo que necesito es una idea para comenzar y luego continuarla en direcciones no previstas. Lo primero es decidir si quiero escribir ficción o prefiero iniciar un ensayo sobre, por ejemplo, los cambios en la política y sus orígenes tecnológicos. O quizá una por la mañana y otra por la tarde.

El desorden creativo (II)

Lucha de clases

Hace un par de días escribí un post que pretendía ser el inicio de una nueva época de mi blog y llamar la atención sobre el desorden que nos abruma. Me refería sobre desorden político que podría derivar en guerras. De todo esto me parece que se deriva una enseñanza, creo yo. Lo indicaba en el párrafo final de ese post:

No me parece que las diferencias hoy vayan a derivar en guerras como las del siglo XX. En la situación en la estamos enfrentamos un dilema crucial. O dejamos todo en manos de tres o cuatro poderosos o quitamos el poder a todos. En el primer caso dejaremos de ser personas realmente libres aunque quizá una cierta idea federal mantenga el orden. En el segundo caso, más que un estado federal, aparecería un confederación de estados con pactos entre ellos, y no iguales para cada dos. En el primer caso primaría la igualdad entre Estados y en el segundo habría desparecido esa igualdad y nos encontraríamos con una infinita variedad justificativa de la admiración mutua y de la justificación del turismo cultural y enriquecedor.

Las reuniones de amigos de las que disfruto a menudo me confirman en esta última idea pues incluso entre amigos no hay forma de ponerse de acuerdo sobre casi ningún tema aunque no sea político. Por ejemplo ayer por la tarde-noche no había forma de convencernos mutuamente de que las serie televisivas se han comido a las películas o al revés y tampoco de que ello sería conveniente o no. En otros temas culturales, como la forma de organizar los museos de arte, por ejemplo, las divergencias eran igual de radicales. Por no hablar de si el turismo destruye a la ciudades o mejora su configuración.

Finalmente ni siquiera podíamos ponernos de acuerdo sobre si no sería ya el momento de volver hacia atrás en el tiempo y reavivar la lucha de clases y la profunda guerrilla anticapitalista. Para algunos ya estábamos en ella y para otros parecía imposible volver a ella. Y es aquí donde entra con toda claridad la movilidad que despliega lo que se lama confederación en política y que también se podría denominar así en la vida civil cotidiana en este mundo en el que entran en conflicto la desaparición de los pueblos pequeños asociada, por ejemplo, con la de nominada aquí la España Vacía y la continua y masiva migración del campo a la ciudad.

Llegará un momento en el que las ciudades se dividirán en barrios dentro de los cuales se instalará una cierta homogeneidad cultural dependiente de los gustos de cada uno, dicho así por simplificar pues hay gustos diferenciales de muy distinto tipo. Y como todos evolucionamos a lo largo de la vida es muy natural pensar en que el mundo no acabará siendo una guerra; sino más bien un continuo transitar de barrio a barrio o de cantón en cantón de modo que la medida del éxito y también de lo que hoy se llama felicidad sea un asunto totalmente personal. Cuando esto llegue, las reuniones de amigos lejos de un debate continuo será como un verdadero desorden creativo.

El desorden creativo

Esfuerzo periodistico

No se cómo es que he tardado tanto en enterarme, o ser consciente, de esta especie de desorden que nos inunda en todo lugar y en todo momento. Hace mucho tiempo que perdí la pista de la política española. Desde la renuncia de Rajoy, a las elecciones últimas en las que ha quedado al descubierto la heterogeneidad política en cualquier ámbito, el local, el comunitario o el estatal. Aun hoy, y a pesar del esfuerzo periodístico, soy incapaz de entender o reproducir qué partido político ha contado con más votos y en qué ámbitos territoriales. Y lo que es más importante en base a qué temas se explica esa distribución.

Pero esto podría ser aprehendido si no fuera porque los ámbitos se multiplican por todo el mundo. En América ya no basta con discernir entre la del norte y la del sur. La primera se divide ya en los USA y Canadá pues cada uno de estos Estados tiene o cree tener ideas muy distintas respecto a la inmigración. Es este último asunto el que hace bullir la central sin que desaparezca su habilidad para enredar en asuntos fiscales de cualquier persona de cualquier país del mundo. Y esto quizá o aparentemente la inmigración a la del norte, explicaría que Trump tenga una postura cerrada al respecto que parecería justificada por la finalidad de hacer a América grande o más grande todavía como ejemplo de todo lo que puede conseguir el mercado libre.

Rusia y China no han liberalizado el sistema económico, pero están mostrando que incluso sin mercado se puede crecer fuertemente. El stalinismo no es la clave de Rusia y China, parece ser, que ha sabido no olvidar a Mao aunque ha sabido asimilarlo constituyendo un país parecido a una escuela excelente. Y en base a la evolución de cada uno se han convertido en países de gran influencia en el resto del mundo de forma que, sin ellos, no se podría entender lo que ocurre en los países asiáticos especialmente los del sur. El ejemplo de Singapur es curioso como si fuera el único sitio en el que se ha aprendido de todos. E Israel no podría entenderse sin la influencia de todos los ámbitos geográficos mencionados más, naturalmente, Europa.

Europa, o mejor la Unión Europea, me parecía hasta ahora, el destino natural de gentes parecidas a mi y por las cuales merecía la pena estudiar economía. Pero todo esto puede cambiar y la Unión Europea puede desintegrarse pues no parecen casuales los problemas políticos nacientes no solo en el este sino en el seno de naciones que han sido ejemplo de mi generación. La movilidad entre sus gentes es tan grande que ya no sabemos quien nos ha enseñado qué. Quiero creer que al menos en África los países europeos tienen más generosidad que todos los demás que, sin embargo, se acercan a este continente aunque con finalidades totalmente poco generosas.

Pero este desorden no es nada si lo comparamos con el que se va creando en el seno de los muchos ámbitos que aparecen con bastante facilidad en los ya mencionados.

Texas parece que desearía independizarse, Quebec se las arregla para convivir con el resto de Canadá, Méjico sirve a los USA como frontera, Iberoamérica oscila entre extremos sociales sin llegar desde hace tiempo a iniciar guerras internas, Escocia quisiera ser como Quebec pero no le dejan, Bangkok se enfrenta al poder de China Continental, Rusia no permite ni siquiera opiniones sobre el destino de Ucrania, en África sí que hay guerras civiles, pero no perecen que sea independientes de intereses extranjeros. Y Europa ha dejado de ser el evidente y óptimo destino de la libertad.

Todo esto es cierto; pero no es todo ya que, aun dentro de cada país o lo que sea las diferencias aumentan rápidamente y por razones casi siempre correctas. Se discute por las diferencias económicas, por las brechas salariales, por el maltrato de las mujeres o mil otras cosas. A caballo de cualquiera de ellas se apelotonan en diferentes grupos con ideas divergentes que se acaban convirtiendo en partidos políticos con ganas de mandar. Y acaban haciéndolo por razones por ideas que parecían triviales pero que acaban siendo cruciales. A falta de otras cosas pensemos en el fútbol. Lo que era un deporte simpático para los recreos de un buen colegio, se ha convertido en una red de intereses financieros que incluyen las apuestas y la «compra»« de resultados por no mencionar la compraventa de los servicios de los jugadores. Y ejemplos como estos se podrían multiplicar ad infinitum

De todo esto me parece que se deriva una enseñanza, creo yo. No me parece que las diferencias hoy vayan a derivar en guerras como las del siglo XX. En la situación en la estamos enfrentamos un dilema crucial. O dejamos todo en manos de tres o cuatro poderosos o quitamos el poder a todos. En el primer caso dejaremos de ser personas realmente libres aunque quizá una cierta idea federal mantenga el orden. En el segundo caso, más que un estado federal, aparecería un confederación de estados con pactos entre ellos, y no iguales para cada dos. En el primer caso primaría la igualdad entre Estados y en el segundo habría desparecido esa igualdad y nos encontraríamos con una infinita variedad justificativa de la admiración mutua y de la justificación del turismo cultural y enriquecedor.

Tratamiento del Mal de Paget

Ironman

Ayer contaba en este blog que, a pesar de mi Paget pensábamos ir con unos viejos amigos de Los Angeles a Biarritz. Después de comentarles que ya teníamos las reservas, me encuentro horas más tarde con el siguiente texto enviado por Joe sobre el tratamiento del Page. Es un texto muy largo y en la traducción procuraré simplificarlo.

El Tratamiento puede controlar este mal; pero no hay cura «disponible». En cualquier caso lo primero del tratamiento son los biofosfonatos y quizá también la vitamina D y el calcio como suplementos. La ODS (Ofice of Dietory Supplements) recomienda para pacientes mayores de 70 años que tomen diariamente 1.200 mgs de calcio y 800 unidades internacionales de vitamina D.

Los Doctores también recomiendan la exposicion al sol, pues esto incrementa la generación de vitamina D por el cuerpo. Biofosfonatos y calcio deben ser tomados con dos horas de separación. Y continúan comentando las posibilidades de operar algún hueso y de tratamiento general de la persona afectada.

Esta información sorprendente ha tenido efectos ambiguos en mi espíritu. Por un lado me hace sentirme viejo y por otro justo lo contrario.

Un día agotador

Ayer pasé el día en Barcelona o mejor dicho en la UAB que no está propiamente hablando en Barcelona; sino en Bellaterra o en San Cugat. Se trataba del estar presente en el patronato de MOVE del que soy presidente, reunión en la que tendríamos que examinar y aprobar las cuentas del año 2018 más otros muchos puntos importantes para el desempeño de esta institución.

El AVE permite ir y venir en el día sin excesivo cansancio y con tempo suficiente para, además de cumplir con la función charlar con jóvenes viejos amigos y disfrutar de un pica-pica estupendo. A pesar de todo volvía a estación de Sants con tiempo suficiente como para cambiar el billete reservado a uno que me permitiera tomar uno anterior. Pero, para mi sorpresa estaban todos llenos.

Así que tenía casi tres horas para pensar en mi ausencia de la Universidad y en las razones de dicha ausencia, algo que ya es conocido por los viejos lectores de este blog y que no pienso explicar a los nuevos.

Vuelta a mi vida

Mis experiencias con los miserables ya han dado de sí tanto como es posible y he superar las enfermedades y otras cosas chungas para reincorporarme a la casa y el patrimonio que nuca quemé. Resulta suficiente como para ir construyendo mi presente y preguntándome por él.

Ayudante de hostal

Llegar a un acuerdo con mi mujer respecto a mi estancia en casa y a mis noches experimentales no fue tarea fácil. Ella recordaba mi vieja propuesta de pasar un mes al año pasando cada noche en un hotel de buena calidad distinto en el que, además de dormir, pasásemos el día en él desayunando, almorzando y cenando, desplazándonos al siguiente hotel de nuestra lista a media mañana. Y nunca le pareció muy apetecible por lo que no es de extrañar que la nueva propuesta le diera unas enormes ganas de llorar.

Mi intención era seguir durmiendo en paradas de autobús dentro de una especie de ataúd de cartón, vestido con una ropa como de esquimal que guardaba en la mochila cuando muy de mañana resucitaba y me disfrazaba de mísero ciudadano. Y, como hasta ahora, pasar la noche del domingo en nuestra casa, después de haber cenado con un enorme apetito. Pero esta intención mía no era aceptable para mi mujer. Sin embargo después de bastante tiempo aceptó otro plan que a mi me parecía peor para ella.

Después de bastante tiempo experimentando diferentes lugares para dormir sin morir de frío me di cuenta de que me estaba desplazando hacia una zona vieja y fea de la ciudad pero en la que la parada de autobús estaba muy cerca de un hostal en el que entraban y salía muchos turistas que eran bastantes generosos con sus limosnas, probablemente por miedo a lo que aquel menesteroso podría hacerles. Poco a poco me hice con la confianza de los pocos empleados del hostal y acabé trabajando todo el día de empleado de ese hostal barato como inesperado especialista en recomendar lugares interesantes y restaurantes baratos además de indicar el medio de transporte más adecuado para el plan que quisieran llevar a cabo. Lo que me pagan equivale a dejarnos dormir a mi mujer y a mí en el hostal una o dos noches a la semana y a mí cualquier noche adicional especialmente fría en cuyo caso podría ocupar esa noche una especie de tienda de campaña que hay en el garaje del hostal.

Las limosnas que recibo las entrego al hostal y eso me permite almorzar en el comedor del hostal vestido como un caballero. Además este hostal posee una pequeña, pero bien elegida biblioteca que, si bien está a disposición de los huéspedes, me es permitido usar o, mejor dicho, nos es permitido, a mi mujer y a mí, examinar con cuidado contribuyendo a satisfacer el gusto literario de los huéspedes.

Vuelta a Casa

Ha sido una experiencia increíble;pero ya no puedo más. Ya ha pasado más de una semana sin poner un pie en casa y durmiendo al aire libre aunque lo más protegido posible o, alguna vez, en un hostal de una estrella que podía pagar con las limosnas acumuladas durante el día.

He tenido que elegir con cuidado la parada del autobús circular en la que tratar de cobijarme para dormir desde la medianoche hasta la madrugada. Elegí una muy cercana a esas triadas de depósitos para vidrio, comida y cartón. Este material sobra muy a menudo y no es difícil hacerse con él antes de que pase el autobús de la basura y acercarlo hasta la parada más cercana y organizar el descanso. Con el cartón me hago una especie de cuartucho que me protege del viento frío, y lo hago a mi medida. Luego abro la mochila con la que cargo todo el día y saco de ella las prendas que más quitan el frío, incluyendo un chaleco de plumas y un abrigo muy elegante, además de una manta. Luego meto toda la ropa con la que me desenvuelvo todo el día en esa mochila ya vacía y la coloco a la cabecera del cuartucho. Saco un bocadillito de pavo que adquiero en un chino cercano y me lo como mientras concilio el sueño.

El amanecer del día siguiente es ya otra cosa. Tengo que ponerme a caminar siguiendo la senda del circular y ya  vestido con las prendas de vagabundo ocultando el abrigo y el chaleco de plumas dentro de la mochila. Al tiempo hago mis cuentas y calculo cuanto me puedo permitir gastar en comida en las próximas quince horas o así. Es curioso lo poco que, en esta materia, se parece un día a otro.

No es difícil conseguir una dádiva de un par de churros si se intenta justo cuando abren el café y te acercas humildemente.  A veces te regalan hasta el café. Y desde ese momento hasta la hora de tratar de tragarme algo a la hora de comer, comienza mi larguísimo paseo buscando ya un lugar adecuado para pasar la noche en la parada correspondiente dentro del nuevo cuarto de  cartón y tan calentito como soy capaz.

Pero no me contento con un sitio cercano al de la última noche y voy investigando esos lugares en los que prácticamente es seguro que nadie me vea, además de cumplir con las otras condiciones que ya he comentado. No me atrevo a acercarme a esa especie de chabolas bajo unos puentes del río, ni tampoco a pedirle protección al Padre Angel. Se me ha metido en la cabeza que lo que yo necesito son más bien esas partes de la ciudad y no lejos del circular en las que las oficinas cierran pronto y ocupan edificios viejos en los que entre las verjas externas y las escaleritas que te suben a la entrada hay como unos vacíos profundos.

He aprendido que, aunque esos lugares suelen estar protegidos por las normas de seguridad de las empresas especializadas, cuando el guardián correspondiente te ve allí metido no hace nada y te deja en paz hasta que ya llega el primer oficinista al que nunca dejo de pedir la primera limosna del día.

Esto es lo que yo quiero para no sentirme como un asqueroso ricachón sin necesidad de renunciar a todo lo que he acumulado. Pero esta decisión exige el acuerdo de mi mujer. Vuelvo pues a casa con la intención de proponerle un trato raro. Una vez a la semana iré a dormir a casa y de buena mañana iremos los dos a un buen hotel en el que dormiremos esa noche y en el que desayunaremos generosamente, almorzaremos y merendaremos juntos para juntos seguir explorando el territorio de un hombre libre.

Resbalón y cumplimiento de la pena

Dormir en la calle

Hace ya semanas que el tiempo en Madrid es frío y húmedo. La caída de las hojas de los árboles forma una placa húmeda peligrosa para los de mi edad que insistimos en salir a pasear en cuanto ceja la lluvia por un instante. Un día que por un momento salió un rayito de sol salí a pasear con mi mujer y las gafas de sol puestas. Pasando por una esquina cercana a nuestra casa en la que está posicionado hace años un subsahariano al que mi mujer de limosna a menudo, cosa a la que yo me niego, resbalé y mi cara con las gafas puestas topó con el suelo. Pensé que habría perdido un ojo, pero cuando con la ayuda del subsahariano me levante me dí cuenta que solo tenía dolor facial, pero nada grave. En cualquier caso este incidente me hizo pensar en la inmigración y en la injusticia que yo cometo justificando mi avaricia en base a su organización en mafia.

A partir de ese día saludo al subsahariano con afecto y claro agradecimiento, pero, sobretodo, pienso en lo terrible de una vida en la que no tienes ninguna comida garantizada y no siempre sabes donde vas a dormir ese día determinado. Una vez más volvió a mi mente esa idea de que debería arreglármelas para ir a un lugar de Africa en el que pasen hambre y prepararme para ayudar, aunque no se cómo, y vivir como sea. Trataría de estar siempre disponible para cualquiera que fuera mi tarea allá y no como el correspondiente dentista que, ante mi explicación de lo que había pasado, me dijo simplemente que ya estaba cerrada la consulta.

Me convertí en un jubilado al que seguía no faltándole de nada; pero que desde aquel día vivía en el reino del remordimiento. Decidí compensar mi falta de generosidad ante el dios que fuere, durmiendo al raso al menos dos o tres días. Pero enseguida descubrí que esto no es tan fácil de llevar a cabo y menos en este tiempo de otoño ya tardío en una ciudad más bien fría. Exploré en mis paseos diversos lugares y los restos que allí se dejaban. Hasta que mi cruce continuo en mis paseos me hizo fijar mi mirada en un autobús urbano que decía ser la linea circular y la idea se fue perfilando.

Podría tomarlo, según descubrí, cerca de mi casa y del lugar del resbalón y si tomaba el último seguramente podría descender en una parada muy lejana y utilizar la tejavana de la parada como lugar de recogida. Me pondría ropa de mucho abrigo y utilizaría una de mis mochilas más amplias para complementar el avío con complementos extras, como camisetas, jerseys o trajes de neopreno de mi época de esquiador. Además acabo de descubrir que esa posible parada no está lejos de esos lugares que llaman «punto limpio» y que mi experiencia me dice que suelen estar llenos de cartón y de papel desechado que podría utilizar como mantas. Lo mismo posiblemente si me hiciera con con una parada cercana a uno de esos grandes buzones de reciclaje que te obliga a dejar el cartón fuera del correcto por el tamaño excesivo.

Así hice todo hace unos días y me apresté a pagar mi culpa ya de noche y bien tapado, después de tomar todas mis medicinas incluyendo doble dosis de lo que tomo para conciliar el sueño cada noche en casa. Cuando me desperté ya había amanecido e inmediatamenete pasó lo que creo era el primer viaje de este autobús de la línea circular de este nuevo día. Podría cogerlo, pensé, pero luego lo pensé mejor y decidí caminar hasta mi casa. Nada más comenzar a hacerlo cambié de acera y ese tacón fatídico del zapato (bota en el día de hoy) izquierdo tropezó con el bordillo y volví a derrumbarme sin nadie que me ayudara a levantarme. Esta vez caí sobre la mandíbula y el pómulo derechos y como iba sin gafas no temí por ojo correspondiente. Me levanté solo y decidí caminar hacia la consulta de mi dentista que llegaría seguramente para la hora que yo llegara.

Una vaga esperanza

Mambo: busqueda espiritual

Hace unos días que conduzco un automóvil de sustitución mientras que en un taller que corresponde a la marca de mi vehículo propio tratan de arreglar un diminuto desarreglo del faro frontal izquierdo. Es en ese coche de sustitución en el que ayer nosotros acarreamos unas ricas piezas de merienda para celebrar el cumpleaños de nuestro hijo mayor con su familia propia y la de su hermana. Los nietos nos alegran muy mucho y por ello acabamos dejando en paz a los jóvenes demasiado tarde al anochecer dispuestos a volver rápidamente a nuestra casa y ponernos al tanto de los resultados de las elecciones andaluzas.

Sin embargo la cosa se puso fea cuando, para nuestra sorpresa este coche de sustitución se negó a arrancar disfrazando el ruido conocido de la batería por un ruidito para mí desconocido. Pedimos ayuda a nuestro hijo que bajó de su piso pero no pudo hacer nada por arrancar el coche aunque le parecía que no era cuestión de batería. Por suerte yo llevaba una tarjeta de la compañía correspondiente que nos envió con prontitud un coche de asistencia a fin de que el personal que lo manejaba tratara de poner en marcha el motor o de llevarse este vehículo al que su conductor llamaba la Base. Intentó ponerlo en marcha pero el ruidito seguía sonando como el de una cerilla húmeda a la que tratamos de encender. Musitó que sería la batería y sacó de su vehículo las pinzas necesarias para reactivarla, pinzas estas que, me retrotrajeron a mi lejana juventud.

Esa vieja solución no funcionó y yo comencé a marcar el número de la compañía propietaria del automóvil sustitutivo mientras que la persona encargada puso primera, quitó el freno y comenzó a empujar el vehículo cuyo motor se puso en marcha con toda facilidad. No podría repetir la explicación que me dio pero no terminé de marcar el número de teléfono y sin pensarlo ni un segundo me acerqué a abrazarle. La razón de semejante arrebato fue, creo entender, que por mi cabeza pasaron velozmente las imágenes de toda esta gente que no tienen techo bajo el que dormir y nada para comer. Piden limosna y supongo que se acercan a esa iglesia que usa el Padre Angel para acoger a esas pobres gentes que, sin su ayuda, o la de otra mucha gente generosa, morirían de frío y de hambre. Durante esa décima de segundo, sentí lo que sería mi noche si el vehículo de asistencia cumpliendo con su misión se llevara nuestro vehículo de sustitución. Los puentes del río de Madrid quedaban muy lejos y el piso del hijo del cumple no tenía espacio para sus padres.

Fue todo muy breve y finalmente pudimos llegar a nuestra casa sin ningún problema adicional y a tiempo para conectar con los diversos canales que todavía se dedicaban a difundir los resultados de las elecciones en Andalucía y los comentarios sobre los mismos por parte de gentes bien informadas. Todos pusieron mucho énfasis en la irrupción de Vox y en la posibilidad que esa irrupción proporcionaba a la formación de un triunvirato de derechas asó como en la imposibilidad de la repetición de la cooperación entre PSOE y Podemos. En los tiempos que vivimos en buena parte del mundo esta noticia parece preocupante y seguramente lo es; pero yo me empeñé en encontrar un rayo de esperanza seguramente empujado por la suerte que tuvimos con el problema de nuestro vehículo. El problema no era lo obvio a donde llevaban los números de los escaños (algo parecido a la batería de un vehículo) sino que lo difícil era, y es, encontrar razones para convencer a Ciudadanos y a Podemos para colaborar entre ellos y con el PSOE para ir construyendo el camino hacia una democracia novedosa por liberal y originalmente global. Una vaga esperanza.