No hay quien lo pare

Joven escuchando música

Con el título de este post aparece en el The Economist del 5 al 11 de Octubre una interesante columna sobre los cambios en la industria de la música pop. Una persona muy cercana a mí que trabaja en esa industria acaba de volver de Los Ángeles a donde ha ido para ponerse al tanto de las novedades en esa industria y con la tarea pendiente de explicarlas en la zona hispanohablante de esa industria. Y como esa novedades tendrán su efecto a través de los cambios en los ingresos de los autores-cantantes de esa música, merece la pena tratar de explorar los cambios plausibles en esos ingresos para calcular su tamaño.

Hasta hace poco los autores en este mundo tenían derechos de propiedad sobre un disco, (un single digamos). Una gestora como la SGAE medía las ventas de ese disco y pagaba al autor sus ganancias relacionadas con el tamaño de esas ventas.

Pero ya ha llegado y triunfa en este mundo de la música pop el llamado streaming, es decir la posibilidad de escuchar canciones aisladas a través de su filtración con la ayuda de aparatos especiales (Spotify es un ejemplo bien conocido de este fenómeno). En consecuencia un porcentaje mucho menor que antes de los oyentes compra ese disco y la mayoría lo escucha en streaming.

En consecuencia la elaboración física de los discos, la duración de cada canción que lo compone, así como la introducción musical a la entrada del cantante-autor a esa canción, van a cambiar. Y no hay posibilidades de parar esta deriva. El cálculo de los derechos de propiedad deberá hacerse no sobre el número de discos vendidos, sino sobre el número de oyentes en lugar de canciones específicas.

Equilibrio en el cambio climático

Cambio Climáticu

Últimamente se habla mucho del cambio climático y de las cosas que habría que hacer para controlar sus efectos. A mi se me ocurre que una solución sería la de eliminar a la mitad de la población pues de esta manera se volvería a un cierto equilibrio. Pero me doy cuenta de que esta solución demuestra que no se sabe muy bien lo que tenemos que entender por equilibrio. E inmediatamente llegan a mi mente las muchas ideas que se han esgrimido en Teoría Económica a este respecto.

En este ámbito económico hay una distinción crucial entre Equilibrio Parcial y Equilibrio General. En Microeconomía por ejemplo podemos tener en cuenta todos los estados futuros de la naturaleza o solamente los de hoy y mañana. En Macroeconomía, como otro ejemplo, podemos agregar más o menos las principales variables. Cuando pretendemos pensar de forma práctica tendremos que elegir entre expectativas simples y expectativas racionales. Y más en general podemos introducir más o menos generalidad.

En cuanto al cambio climático y sus efectos en la naturaleza y en la sociedad y su economía deberíamos también saber cuántas otras variables habríamos de tener en cuenta y cómo hacerlo para modelar las reacciones de los seres humanos u otros elementos de la naturaleza sobre precisamente las otras variables o sobre la propia temperatura.

La txapela, su rabito y su inclinación a la izquierda

Grupo de hombres en algorta

Uso la txapela a menudo para significar en Madrid que soy vasco; pero la usa mucha gente. La mía naturalmente tiene rabito y cuando me la pongo lo hago inclinada a la izquierda y nunca a la derecha.

En cierta manera eso me identifica como un verdadero Vasco y en ciertos lugares como un claro Kontraren-Kontra esa figura de la que escribía el otro día hablando de tres escritores que llevaba la contraria por naturaleza. Esto es muy importante en Bilbao por ejemplo especialmente cuando te colocas con la chapela puesta en esa esquina de las siete calles para ver desde ese único punto de la parte vieja que se divisa la iglesia de la virgen de Begoña, un punto muy visitado por turistas bien informados.

La discusión simpática en Madrid sobre esa última cuestión de la boina vasca nunca llega a ningún sitio por lo que quizá sea necesario asociar la características de la boina vasca con la naturaleza de los vascos a fin de hablar en serio de esa naturaleza. Yo lo soy y por ello mi uso de la txapela pueda apoyar esa búsqueda de la naturaleza verdadera de nosotros. Jamás he usado una txapela sin rabo y jamás la llevo inclinada hacia la derecha. Como vasco tengo interiorizada la naturaleza sexual de los vascos y también que somos zurdos en el origen y que esa naturaleza se revela a veces en la inclinación a la izquierda mencionada en el origen, otro signo más que nos identifica. Por lo tanto sugiero que no insistamos en la necesidad del rabo por la forma de fabricación de esta especie de sombrero o gorrito ni tratemos de explicar la resistencia a abandonar esa inclinación por parte de unos pocos como una excepción a la inclinación a la derecha por parte de la mayoría como una costumbre adquirida a través de la imitación de esa población que a través de los siglos ha ido llegando desde otras partes de España.

Yo les ofreceré dentro de poco, espero, una explicación mucho más seria.

Vallejo, Bernhard y Houellebeq

Fernando Vallejo - Memorias de un hijueputa

En el periódico El Mundo del lunes pasado, en su sección «la esfera», había una entrevista a un escritor enormemente atractivo llamado Fernando Vallejo originalmente colombiano y más tarde mexicano. La lectura de EL Mundo me hizo recordar al austriaco Thomas Bernhard y luego a ese gran escritor francés, Michel Houellebeq. Los tres utilizan un nombre propio distinto de aquel que les impusieron al nacer y los tres son, como yo, unos perfecto Kontraren Kontra siempre de frente a las opiniones e instituciones más importantes del sistema político en el que crecieron.

De hecho los leí casi en el orden en que los he mencionado. El primero fue el colombiano Vallejo, casi simultáneamente con Gabo, al que machacaba, para seguir con Bernhard y su enrabietada noticia de Salzburg y terminar bastante más tarde con la crítica radical de Houellebeq a los valores burgueses franceses. Los tres tuvieron una familia poco acogedora y fueron educados en formas poco convencionales.

Y esta falta de seguimiento de las convenciones ha sido mi clave en el ejercicio de la profesión tal como explicaba en
Expansión como hace unos 10 años. El contenido de este trabajo es todavía bastante adecuado a la situación actual.

Golf, Vértigo y Pérdida de Memoria

Club de Golf

Hoy mi mujer me ha invitado al Club de golf de la Moraleja del que es socia mientras que yo no lo soy. Ella quería acudir para enterarse bien de de las condiciones y los costes de algunas actividades en las que estaba interesada bien para ella, bien para sus nietos y yo podría disfrutar de uno de esos día de las primeras fechas de otoño que tan maravillosas pueden llegar a ser. Al mismo tiempo pensaba que me podría sentar bien para mi vértigo que tan malas pasadas me ha generado últimamente en muchas direcciones. Digan lo que digan los médicos no me extrañaría que tuviera que ver también con esa terrible pérdida de memoria de la que adolezco.

He aprovechado la tranquilidad y la belleza de esos campos de golf para serenarme al tiempo que me tomaba un botellín de agua tónica y trataba de realimentar mi memoria acudiendo a la de mi mujer preguntándole por los nombres de muchas personas de nuestra ciudad natal que, como nosotros, hace años que vinieron a Madrid y comenzamos a vernos y retomar una cierta amistad al tiempo que nos asistían en nuestro conocimiento de Madrid. Se trataba de lo que en nuestro origen se llamaba «gente bien» aunque con un encomiable sesgo hacia los intereses intelectuales. Pero por una razón o por otra ese acercamiento no alcanzó su finalidad y hemos ido perdiendo contacto. Había seis nombres que no podía recordar y me irrité mucho conmigo mismo especialmente cuando ella, mi mujer, fue recordándomelos uno por uno.

Cuando ya me encontré un poco satisfecho comencé a prestar atención a mi entorno inmediato, tanto a los socios allí sentados leyendo el periódico como a otros que mantenían tertulias sonoras. Me pareció que esta gente, presuntamente «bien», no estaba a la altura. Los lectores de periódicos escribían sobre ellos, quizá llenando el sudoku o/y el crucigrama con una total falta de respeto con los otros posibles socios que podrían estar interesado por su lectura. Respecto a las conversaciones se llevaban acabo en un tono de voz exasperadamente alto que llevaban hacia mi oído medio sordo y responsable en buena parte de mi vértigo, expresiones realmente groseras e impropias no ya de un club de golf sino de cualquier colectivo medianamente educado. Parecía una competición acerca del mayor número posible de groserías.

Diario antiguo: una pequeña entrada

Continuando con la organización de mis papeles viejo hoy me he encontrado con una pequeña entrada que procedo a colgar en mi blog. Se trata de un comentario a un acontecimiento todavía más viejo que escribí cuaado un querido amigo me apretó la garganta y yo hice ruidos de ahogado para aparentar que realmente no podía respirar y exhorcizar el peligro. Pues bien, hoy recuerdo que en realidad me estaba ahogando.

En algún momento de los años 70 este recuerdo me sirvió para escribir una entrada en el Diario que en aquel curso académico que que pasé en Los Angeles. Refiriéndome a esa entrada escribí que quería sublimar aquel recuerdo:

«La tristeza es la dramatización de esa tristeza con finalidades esperanzadoras. La muerte es la dramatizatización de la muerte con poco éxito por lo que puedo terminar afirmando que se puede evitar.»

Y, naturalmente, terminaba así:

«La muerte se puede evitar y por lo que sí esa muerte es siempre un suicidio»

¿Qué hacer?

Son ya dos meses desde que me juré a mi mismo que retomaría la escritura para siempre; pero no lo he hecho. Las razones aunque verdaderas no consiguen convencerme del todo. He vuelto a sentirme un enfermo con las enfermedades de siempre y añadiendo una especie de mareos que me atacan siempre en momentos inesperados. He utilizado todo ello para vaguear bastante.

Pero el otro día volví a leer Conocimiento y Sabiduría y pensé que aunque no me gusta mucho puede ser mejorado y constituir un nuevo comienzo.

Fisio, masaje, gimnasia

Sesión de fisioterapia con acupuntura

Para mi sorpresa he recibido esta mañana la llamada de Alba, mi fisióloga del verano pasado en Foixà, y hoy al anochecer recibiré mi último masaje hasta septiembre. Hace ya unos días mi entrenadora se fue de vacaciones y mi ayudante, Agata, se ha ido de vacaciones. Desde mañana me puedo permitir no hacer nada por mi cuerpo. Pero no estoy seguro que eso sea lo que deseo. Son casi dos meses sin fisiología, sin masaje, sin entrenamiento y sin organización de papeles.

Hay amigos que me dicen no me abandone y que siga practicando todas esas actividades a mi manera. Se lo agradezco; pero tengo experiencia y se de antemano que me limitaré a comprar los periódicos, pasear por una u otra playa con algún chombito y mucha lectura sobretodo de ficción.

Otros amigos me aconsejan que intente escribir una vez más aquellas historietas inventadas que, al parecer, gustaron en su día. Me lo pensaré; pero lo que más me gustaría es iniciar un nuevo relato gordo. Ya veremos.

¿Cómo empezar?

La mesa del escritor

En el minipost de hace dos días comentaba cómo tengo que retomar la escritura en cuanto me libre de los líos preveraniegos. En este momento son ya las 18 horas de un día caluroso aquí en Madrid y el aire acondicionado me ayuda a pulsar la teclas del ordenador;pero no se de qué puedo hablar.Creo que las tardes debería dedicarlas a la ficción pues siempre queda la esperanza de salir a tomar una copa cuando ya se va haciendo de noche. En Sabiduría y Conocimiento que espero salga pronto publicada y que debe entenderse como una continuación de El Síndrome del Capataz el protagonista aparece como un alter ego del autor por lo que es atrevido hacerle cometer siempre al menos un crimen en el nunca es pillado en buena parte porque ese crimen no es del todo intencionado. Es decir podría tomársele como una mala persona. En el trabajo de este futuro verano desearía más bien colocarme como un tipo un tanto inmoral que, sin embargo, es liberado por la justicia por razones poco claras.

Tal vez el abandono del conocimiento y la búsqueda de la sabiduría hace de este futuro protagonista alguien ajeno a la moral lo que le permite no atenerse a la verdad y salir indemne de no pocas inmoralidades. Hoy al mediodía he terminado un librito de ficcción de apenas 120 páginas, La edad del desconsuelo de Jane Smiley, un ejemplo claro de la forma en la que me gustaría escribir por las tardes. No tiene nada de particular, excepto que su protagonista es un varón cuyo comportamiento está descrito por una mujer. Un matrimonio de dentistas con tres hijos llevan una vida rutinaria ganando bien en su doble clínica de odontología y cuidando de sus hijas con todo cuidado. Todo el misterio consiste en que el hombre cree percibir engaño por parte de ella; pero no dice nada ni cambia su actitud amorosa.

Quizá esto podría ser todo, la vida ejemplar de un matrimonio que se permite sus pequeños engaños sin caer en ningún momento en una ruptura a partir del odio generado por el engaño. No habría estado mal y la descripción de la vida de las niñas pequeñas, cada una con sus características podría hacer constituido una preciosa historia familiar. No había, al parecer, un final más normal. Pero llega la gripe y el matrimonio cuida de si mismos y de sus hijas con todo amor y sacrificio hasta que todos recuperan la salud.

Es justo en ese momento cuando ella desaparece un par de días y él confirma para sí mismo el engaño de ella que lleva tiempo sospechando. Hasta que un día cualquiera vuelve y sin aspaviento alguno dice que vuelve para quedarse. Fin de la novelita. Me ha recordado a mi deseo de describirme este verano como un tipo un poco tramposo, aunque no malvado, que por razones desconocidas no es acusado públicamente por esa otra persona que ha confirmado la trampa.

Zer egin

Todavía no estoy en disposición de escribir sin parar todas las mañanas y todas las tardes. Justo cuando comienza el verano se acumulan un montón de tareas que no puedes dejar para más adelante. Tendré que esperar hasta mediados de julio; pero a partir de ahí no tendré disculpa alguna.

Lo que necesito es una idea para comenzar y luego continuarla en direcciones no previstas. Lo primero es decidir si quiero escribir ficción o prefiero iniciar un ensayo sobre, por ejemplo, los cambios en la política y sus orígenes tecnológicos. O quizá una por la mañana y otra por la tarde.