Correo de las Indias

Juan Urrutia

  1. 4 de febrero de 2012

    Master in Business Traction (MBT)

    Me refiero a business más en el sentido que se da a esta palabra cuando hablamos de business cycles que en el sentido que tiene cuando mencionamos los masters in business que se refieren a las empresas y más bien como negocios que a la actividad económica general que puede sufrir ups and downs. Y con esta aclaración in mente paso a describir las líneas maestras de mi propuesta de poner en marcha un Master in Business Traction.

    Necesitamos saber cómo tiramos de la actividad económica sobre todo en momentos como el actual. Pues, de acuerdo con el folleto que acompaña a la caja en la que acarreas una compra de zapatos tipo «masai», los famosos MBTs, el secreto está en la inestabilidad, algo muy contraintuitivo. Veamos.

    Si estás andando (o equivalentemente creciendo hacia un steady state, quizá el correspondiente a la regla de oro de la acumulación que corresponde al máximo consumo per cápita) la forma de estos zapatos, pura tecnología suiza, te obliga a caminar tacón-punta, justo al revés que en la técnica seguida por las modelos, a fin de fortalezer esos músculos que te permiten permanecer firme y continuar creciendo de forma continua a lo largo de la senda que te lleva por el camino más rápido a tu destino.

    Si estás de pie y quieto (supongamos que ya has llegado a la regla de oro) el uso de los MBTs te da la posibilidad de continuar en la misma senda de crecimiento gracias a que la inestabilidad que amenaza si te desvías un poco te hace más capaz de sostenerte y seguir tu senda sin hacer ningún esfuerzo especial dada la solidez que han adquirido los músculos que te permiten mantenerte erguido y tieso sin caer en las tentaciones típicas de crecer más rápido.

    Parecería que las analogías sugeridas pueden quebrarse si, gracias al nuevo desarrollo muscular y a la falta de ansiedad propia del bien plantado, se llegara a excitar la libido y cambiara la tasa de fertilidad, pues entonces deberíamos esforzarnos en acumular más capital para mantener el consumo per capita o, lo que es lo mismo en este ejercicio o juego de analogías, en acelerar el paso. Pero no hay aquí quiebra alguna de las analogías, era solo un espejismo, pues esa aceleración conveniente se hace posible gracias al fortalecimiento adquirido en el uso correcto de los MBTs.

    Este Master tiene porvenir pues la idea es bien simple: mantente en forma mientras aparentemente llevas a cabo cualquier otra actividad y hazlo mediante el uso de un calzado apropiado para reforzar los músculos necesarios. Otra manera de decir que siempre hay que apuntar al objetivo de manera oblicua.

  2. 2 de febrero de 2012

    Fogonazos. III: La cabaña

    Viajando en coche hacia Bilbao el martes pasado reparé una vez más en la cabaña abandonada en el Km 139 de la autovía Madrid-Burgos. Aun antes de la existencia de estas autovías que debemos a Borrell, he pasado por ese punto cientos de veces y siempre, desde pequeño, he disfrutado de una suave curva que hoy se conserva pues la autovía simplemente recubre el mismo camino de la llamada en su día carretera nacional número 1. En esa curva, delicadamente peraltada, se te aparecía de repente una cabaña con aspecto siniestro en la que con letras blancas sobre fondo azul se anunciaba quizá el nombre del término municipal en el que entrabas o quizá la distancia kilométrica a Aranda de Duero. El martes la reconocí después de años de desconocerla. Está casi totalmente destejada y la maleza cubre aquel cartel que era como una alucinación embriagadora. O quizá ha perdido el cartel. No podía quedarme con esa interrogante así que frené de golpe, me eché a la cuneta y desandé con peligro de mi vida esa centena de metros que me iban a confrontar con el terror. Desbrocé la maleza con el paraguas y, efectivamente, no hay cartel. Accedí al interior, desabrido y húmedo, que nada bueno presagiaba y el terror me hizo temblar como una hoja al principio del otoño. De pie había un esqueleto que bien conservado y aparentemente lustroso parecía sonreirme. No he dudado ni un momento. Ese era mi esqueleto. Una placidez infinita me acompañó el resto del viaje y todavía no me ha abandonado.

  3. 30 de enero de 2012

    ¿Es la Universidad mi isla?

    Terminaba ayer preguntándome a dónde ir y D.de U. me comentaba que a cualquier sitio donde se pueda hablar franco y sin miedo a nada tal como querría Foucalt. ¿No será la Universidad un sitio así? Me lo preguntaba de hecho el otro día con ocasión del doctorado Honoris Causa que la Carlos III otorgó a Nicolás Sánchez Albornoz y a Maria Emilia Casas.

    Creo que hace mucho tiempo que no había oído cinco discursos tan brillantes a cargo de los dos doctorandos, sus respectivos padrinos y del Rector. No solo las comas estaban en su sitio sino que además en todos los casos esas personas se enfrentaban con entusiasmo ante problemas que sabían de antemano que, al no tener solución, no hay más remedio que atacar oblicuamente y de la forma más inteligente posible sin dejarse llevar por la dependencia del recorrido del conocimiento.

    Aprendí mucho sobre dónde están hoy la historia económica y el derecho y el sistema de relaciones laborales mucho más amplio este último que el (mal)llamado mercado del trabajo. Recordé maravillosas anécdotas de la vida de Nicolás, una vida llana de verdad y anécdotas que me recordaron aquel dictum de Aristóteles sobre lo malos que son un discípulo y su maestro si aquel no sobrepasa a éste.

    Había en este acto y en los discursos mucho de posmoderno desde un discurso moderno, pero en la ceremonia se injerta todo ello con tradiciones medievales que mezclan la pureza de los guantes blancos con el anillo que te hace responsable de dar fe como si fueras un notario de la verdad, con la superioridad del birrete y la humildad que debes profesar por respeto a tus maestros. No estoy seguro que me guste este aspecto medieval por lo que tiene de conservador, pero creo que sí me gustaría el aspecto fraternal de la recepción en el claustro si la salmodia fuera cierta, pero desgraciadamente no lo es.

    Luego tuvimos comida y me senté al lado de uno de los otros discurseadores con el que entablé una amable conversación sobre las rencillas internas dentro de un institución como la Universidad. Yo les llamaba “mezquindades”, pero él me iluminó al contarme que su maestro afirma que esas actitudes reflejan “poquedad de alma”. Una expresión que me gustó mucho y que pienso usar sin citar la fuente en defensa de la libertad de copia aunque con el mayor de los respetos y sin apropiármela.

    Pensé que la Universidad tampoco es el sitio donde uno puede refugiarse de las acechanzas de un mundo que incita a la doblez.

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