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Juan Urrutia

5 de enero de 2009

Otra vuelta de tuerca de Teo Millán

Hace unos días decía yo:

El origen de la cuestión genérica de la macroeconometría, hay que situarlo en una comparación inocente entre el psicoanálisis y las expectativas racionales que ya fue puntualizada en su parte economica por Teo y repuntualizadas tanto por Kueli como por mí mismo al postear el comentario de Teo.

Ahora Teo desea no solo puntualizar sino reconvenirme por unas cuestiones serias que, en su opinión, revisten interés. Les dejo con él sin cortes ni interupciones y mañana volveré para tratar de defenderme y dar por finalizado este intercambio que, al menos, me ha llevado a leer el artículo original de Sargent.

A la vuelta de Bilbao, me asomo a tu blog y dando marcha a atrás a la moviola me encuentro con que has recogido y comentado el mail que te mandé sobre precisiones a tus menciones de la conferencia Max Weber de Sargent. Siento que se me pasase por alto pero con el revuelo de las fiestas no estoy muy al día (ni en esto, ni en nada). Creo que haces muy bien en aclarar que tu referencia es a la conferencia y no a su artículo en la AER, y coincido contigo en la falta de claridad de la misma (no así del artículo que, efectivamente me parece una pieza de gran valor pedagógico). Una lástima porque el artículo no tiene desperdicio y ojala los investigadores brillantes se toman la molestia de hacer una hoja de ruta para mortales y aficionados como hace Sargent en el artículo, de lectura obligada en todo centro que se precie de enseñar macro.
Sin embargo, siento tener que insistir en algunas de mis precisiones, porque apuntan justamente al corazón de la explicación de Sargent que no es bueno distorsionar. Tales puntos hacen referencia a;
-
- Tu comentario de que los self-confirming equilibria convergen a rational expectations equilibria.
- La trivialización de lo que Sargent llama la problemática de la inducción.
- Y, de refilón, la reconvención de mi observación sobre el principio de indeterminación.
Para hacer estar precisiones aclaratorias hay que comenzar recalcando, siguiendo el texto de la conferencia, que se usan tres conceptos claros y diferenciados que pueden ser fuente de confusión; REE (Rational Expectations EquilTu afirmación de que con anterioridad a la crítica de Lucas era sobradamente reconocido y usado el que los modelos macroeconómicos incorporasen comportamientos coherentes a nivel estructural.ibria); SCE (Self Confirming Equilibria) y; ALP (Adaptive Learning Processes).
La historia que cuenta Sargent es la siguiente;
A la hora de modelizar y de estimar modelos macro-econométricos se han dado tres problemas históricos y relacionados entre sí;

1º En primer lugar el hecho surgido de la crítica de Lucas, de que la política económica no afectaba el comportamiento de los agentes en los modelos previos a las expectativas racionales, lo que les hacía “incoherentes”. No entiendo entonces qué es lo que te lleva a decir, “… que si por modelos a la Sargent entendemos los ALP,…. desde los modelos macro-econométricos anteriores a la famosa critica de Lucas a la evaluación econométrica de la polí-tica económica, saben los economistas que la introducción explí-cita del comportamiento del gobierno debe hacerse y de forma coherente con las creencias de los agentes individuales quienes, en base a esa creencias, actúan racionalmente y de forma que, entre todos ellos, generan un resultado que es el que el gobierno toma como dado para diseñar su propia polí-tica. No creo pues que el pretendido cambio se deba a Sargent tal como apuntarí-a esta segunda parte de la primera puntualización”. Este párrafo es, desgraciadamente, un sinsentido: los modelos que denomino a la Sargent son los modelos estructurales de REE, que como el propio Sargent indica en la pag. 2 de la conferencia, permiten superar la crítica de Lucas alterando lo que él mismo denomina modelos de “pre-rational expectations”. Si dichas hipótesis de compartir expectativas ya se dieran en los modelos previos a la crítica, ¿cuál sería el sentido de la susodicha crítica?. El punto angular es justamente la ausencia de dicha hipótesis de expectativas compartidas que, como dice Sargent; “..via the cross-equation restrictions implied by attributing common beliefs to a goverment and its citizen, rational expectations models automatically make prívate agents` decisions rules be funtions of a goverment policy” . Esta es la superación de la crítica de Lucas. Lo que es “crucial” aquí para superar la crítica de Lucas es, justamente, el suponer que el gobierno y los agentes comparten expectativas. (Y el igualarlas a la función de distribución objetiva que define el modelo es lo que convierte estos modelos en modelos de expectativas racionales).
Sin embargo, volviendo a la historia narrada por Sargente, los modelos de REE, a pesar de su belleza teórica, plantean serios problemas de aplicación. El primero, la multiplicidad de equilibrios, que dificulta deducir recomendaciones de política. El segundo, que cualquier secuencia de observaciones históricas que se usen proviene de periodos en que se seguía (en la realidad) una política económica que estaba afectando e interactuando con los propios resultados del equilibrio. Esto quiere decir que la intervención política histórica, al no ser “neutral”, nos presenta datos que no son necesariamente compatibles con la regla de política que planteemos en el modelo que luego vamos a calibrar. Este es un problema sin solución.

2º En segundo lugar, surge el problema práctico de cómo descubrir las distribuciones de probabilidad subyacentes a un modelo. En términos prácticos este problema se ataja históricamente en dos etapas;

 La primera, argumentando desde fuera del modelo, esto es, planteándose cómo opera el económetra para llegar a descubrir “el modelo real”. Este problema tiene a su vez una componente teórica (i), que se solventa suponiendo que si un “observador” externo al modelo tiene acceso a infinitas realizaciones generadas por el mismo, se puede probar que es posible “descubrir” la función de probabilidad del mismo, y otra más compleja, de tipo práctico(ii), que es a la que enfrentan los económetras al estimar modelos, y que se solventa mediante estimaciones “indirectas”, que al ser indirectas generan la incómoda posibilidad de acabar apresando al económetra en un modelo erróneo, que a pesar de serlo resulte sin embargo “auto-confirmante”, lo que Sargent denomina situaciones “observacionalmente equivalentes” (que es lo más próximo a tu observación sobre la compatibilidad de formas reducidas con diversas formas estructurales).

 Sin embargo un problema algo más elaborado tanto a nivel de teoría como a nivel práctico, es el de cómo operan los agentes del modelo “desde dentro del mismo”, y en particular cómo pueden conocer la función de probabilidad a la vez que “viven” el desarrollo del modelo “desde dentro”. Al estar dentro del modelo, a diferencia del económetra, los agentes tienen que “ir aprendiendo” a la vez que generan la secuencia de equilibrios, lo cual da lugar a una complejidad adicional de tratamiento, porque los agentes van afectando al propio equilibrio del que a su vez van aprendiendo. Y aquí es donde hacen su aparición los modelos con fórmulas de learning y la hipótesis de ALP.

Desgraciadamente, estas formulaciones NO convergen a REE, y lo más que llega a demostrase es que lo hagan a SCE. (Tal y como lo expresa el propio Sargent en el artículo de la AER, “..their learning affects decisions and alters the distribution of endogeneous variables over time, making them aim at moving targets”).
Esto es clave y va directamente en contra de lo que indicas en tu comentario a mí comentario, de que “Los equilibrios auto-confirmantes de Sargent no son los meramente coherentes. Son los que, además de ser coherentes, se van adaptando con la “garantí-a” que en el lí-mite de la adaptación coinciden con lo que serí-a el verdadero modelo”. La prueba de que esto no es así (extensamente tratada en el artículo de la AER) es el siguiente párrafo de la conferencia, presentado bajo un elocuente título (disculpas por la falta de notación matemática):
“6.3 SCE-REE gaps and the incomplete solution to Hume`s induction problem
“When f(..p) is different from f(..Q) for some choices of vt, the most we can hope for is convergence to an SCE (Self Confirming Equilibria). A gap between a rational expectations equilibrium and a SCE indicates that false generalizations will be drawn from the limited observations used to estimate a model…”
Luego hay dos niveles, el de la convergencia de los equilibrios bajo hipótesis de learning tipo ALP, que lo hacen a SCE, y el de la convergencia de SCE a REE, que no se da. Tan es así, que Sargent es coautor con In-Koo Cho de una pieza titulada justamente “Self-confirming equilibria” en donde se llega a decir que “..Thus, a rational expectations equilibria is a self-confirming equilibrium, but not viceversa”. Y tal es origen de buena parte de la problemática a la que se refiere Sargent y justifica su artículo.
Entiendo que con estas confusiones no captes el sentido en que digo que Sargent está apuntando a un problema metodológico que me recordaría el principio de indeterminación de Heisenberg. De hecho a lo que me quiero referir con mi observación es a que los agentes “al ir aprendiendo, van alterando el propio equilibrio” con lo que se abre la puerta a la “indeterminación“ de este tipo de modelos, que es lo que me recuerda a Heidelberg por aquello de la intromisión del observador en lo observado. Porque no perdamos de vista que la intención de la hipótesis de ALP es buscar formas de aproximarse a “la realidad del modelo”, y al hacerlo nos topamos justamente con que la interferencia de los agentes alteran el mismo equilibrio. Tal es el “sabor” del recuerdo de la indeterminación de Heidelberg a la que me refiero. Aunque comprendo que se trata de sabores “personales”.

De todo ello surge entonces un cierto escepticismo respecto al conocimiento de la realidad económica, como indicas que era el espíritu inicial de tu comentario. Me temo que Sargent estaría de acuerdo en la dificultad de alcanzar el conocimiento definitivo de las formas estructurales del modelo que represente de forma absoluta la “realidad” histórica. Pero no en el sentido absoluto en que tu lo usas, sino en el relativo, de que es necesario hacer “interpretaciones” inteligentes de dicha realidad para dotarles de sentido. Eso es, en mi opinión, el espíritu de su defensa del Inteligent Design y del uso que hace del concepto en el resto del artículo cuando ilustra lecturas de la evolución de la política monetaria.

Siento la densidad del peñazo. Pero me da pena que el bloc acabe perpetuando errores tan básicos.

Gracias por la atención, si he conseguido mantenerla hasta aquí.

Teo

Los comentarios están cerrados.

  • Canal miniposts

    1. Juan Urrutia Juan Urrutia

      Transparencia total

      El post de Versus de hace ya unos días me hizo ponerme de buen humor por las razones equivocadas. Volvía de Londres y me había llamdo la atención la cantidad de carteles de la CCTV que había en edificios, calles e incluso taxis. Pensé en su libro en la colección Planta 29 y me encantó encontrarme con su post. Pero luego me entraron ganas de declararme totalmente transparente, exigir una mayor vigilancia de mis ctividades como esos violadores que exigen la castración química y declarar a los que defienden la privacidad como sujetos sometidos a prejuicios pequeñoburgueses (¡qué bonita palabra ésta!). Pensé que si “ellos” pudieran ver mis pensamientos pondrían mi cabeza en la guillotina tal como dice el gran Dylan:And if my thought-dreams could be seen/They’d probably put my head in a guillotine/But it’s alright, Ma, it’s life, and life only.

    2. David de Ugarte David de Ugarte

      Feministas subvencionadas

      Dicen en el boletín de los cooperativistas residentes del territorio gestionado por el estado español ;) que “el llegar al poder en las cooperativas supone para las mujeres el poder de controlar sus propias vidas“. Me fascina la lógica bajo la expresión “llegar al poder“. Soy socio de una cooperativa que no factura mal, no soy miembro del consejo social ni administrador. Pero la cooperativa, nuestra cooperativa, sirve para enfrentar sin delegaciones el mercado y por tanto para tomar el control de mi propia vida en un aspecto fundamental. Es la democracia económica la que nos lo permite. A todos. Pensar que hace falta “llegar al poder” para eso es mentalidad de profesional del trepaje político. Esos que nunca pueden hablar claro por no hipotecar alianzas futuras. Lógica de subvencionado (y subvencionada, que son por lo visto dos comunidades separadas y no un neutro colectivo). En fin, qué coraje me da que estos mensajes reaccionarios, propios de los que viven del cuento a costa de impuestos y cuotas de todos, se manden desde nada que lleve el sello cooperativo.

    3. David de Ugarte David de Ugarte

      Toto, we are not 2.0 anymore

      Adiós twitter! Adiós facebook! Diría hoy Dorothy saliendo del país del 2.0. Sherlock marca el camino a base de blogs y de aquellos viejos foros que algún tonto alguna vez dijo habían pasado de moda. Pero, claro es que no eran una moda, de hecho hay cosas importantes y hay modas. Y conviene no olvidarlo. Aunque sea como balance del curso que se cierra.

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    Austeridad o exuberancia (Expansión, 6/07)

    Cuando hace dos años escasos presenté El Capitalismo que Viene ( Ediciones El Cobre , octubre 2008) me encontré en una situación embarazosa. En ese libro yo trataba de hacerme cargo de a dónde nos dirigíamos cabalgando la llamada Gran Moderación pero asaltados por tres factores imprecisos y difíciles de calibrar. La globalización ensanchaba los mercados y debilitaba la importancia de los estados nacionales, la sociedad de la información hacía disminuir drásticamente la ratio entre peso de la producción y valor de la misma y las TIC ( Tecnologías de la Informacion y de la Comunicación) disminuían significativamente los costes de transacción. Quería saber cómo estos tres factores influirían en las instituciones básicas de un sistema económico capitalista, el agente individual, la empresa y el estado, de manera que pudiéramos hacernos una idea de las nuevas formas de convivencia económica que podrían, pensaba yo, pasar de formas reguladas por el poder a formas autosostenidas y basadas en la fraternidad.

    Pero, para mi descolocación, en el momento en que el libro se presentó la crisis que no quería decir su nombre ya estaba servida y sabíamos de qué iba. No se trataba ya del inmediatamente anterior incremento de los precio de petróleo, materias primas o alimentos, sino que ya estaba claro que, cualquiera que fuera su origen, lo que ocurría era que la demanda agregada se desplomaba por una caída en la riqueza financiera originada por la repentina falta de confianza de unos bancos en otros al saberse todos víctimas de una innovación financiera que, aunque en principio creaba mercados y repartía riesgos, no había llegado a hacerlo de manera que pudiera pensarse como completa sino que dejaba abiertas posibilidades de fracaso que en, cuanto fueron sospechadas o intuidas por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, se materializaron. No es de extrañar por lo tanto que la visión futurista de mi libro me pareciera inoportuna y su exposición embarazosa. Sin embargo, entonces y ahora, estaba y estoy, empeñado en entender cómo deberían modificarse mis visiones a la luz de lo que se llamó la Gran Recesión. Y para mi sorpresa, resulta que esas visiones eran bastante acertadas.

    Lo primero que yo había aprendido de mis elucubraciones era que la política estabilizadora era imposible en un capitalismo como el que apuntaba, que no había más remedio que admitir que cualquier política que pretendiera la estabilidad del sistema estaba destinada a tener consecuencias imprevisibles (ver Expansión, 3 de marzo del 2009).Esta implicación de mi análisis, que estaba basada en la idea de la imposibilidad técnica del commitment y de la dudosa estabilidad de cualquier regla en un mundo cada día más globalizado, sigue siendo cierta y de ello tenemos un ejemplo cercano. Habiendo roto el compromiso del PEC (Pacto de Estabilidad y Crecimiento ) ya fuera mediante un política monetaria poco ortodoxa o mediante una política fiscal que rompía los acuerdos de ese PEC diseñado en Maastricht, nos encontramos con la consecuencia imprevista y ciertamente no deseada, de que, en la resaca del gran gasto público que por razones automáticas relacionadas con el paro o por razones de sostenimiento de la demanda agregada había que realizar, el endeudamiento del sistema había aumentado significativamente hasta el punto de que quizá alguna economía específica (¿Grecia?) estaría ya cerca a ese punto fatídico en el que hay que pedir prestado para el pago, no ya del principal, sino de los intereses de la deuda emitida hace años. Por lo tanto mi análisis parecería estar estar en línea con lo que ha estado ocurriendo desde mayo a pesar del aparente contraste en el tono.

    Pero es que, además, en esta poscrisis en la que nos encontramos, y que pone en juego el mismísimo euro, se plantea otra aparente diferencia entre mis elucubraciones y los ramalazos de la Gran Recesión. En efecto, la actitud exuberante y el glamour de los nuevos ricos que surgían gracias a la rotación de las élites que propiciaba el capitalismo que había tratado de entender, se ha trocado en una apelación desesperada a la austeridad. Lo que estéticamente nos parecía atractivo durante los años de Gran Moderación en los que el mundo crecía a tasas inusitadas nos pareció de pronto hortera y volvimos a apreciar como atractiva la austeridad en la forma de vida. Confundimos la estética con la ética y comenzamos a escuchar los cánticos de exaltación de los valores de siempre que habrían sido traicionados por la avaricia y la idolatría del dinero. Tendríamos que volver al amor al trabajo, a un mundo considerado con las generaciones por venir y sostenible. Curiosamente la concepción que subyace a esta palinodia se parece mucho a la descripción que hace Marx (en La Ideología Alemana) del comunismo una vez realizado : “…en todas las sociedades anteriores (el hombre ha sido) cazador, pescador, pastor o crítico, y no tiene más remedio que seguirlo siendo, si no quiere verse privado de los medios de vida; …. la sociedad comunista…. hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos.”

    Y esta actitud que, arguyo, es la que hoy prevalece aunque nadie se acuerde de la cita, me da pie para perfilar la segunda posible diferencia entre lo que escribí con ánimo prospectivo-teórico y lo que está ocurriendo como segunda fase de la Gran Recesión. Nos encontramos pues con dos vía posibles hacia el mundo que viene. O la austeridad franciscana hermanada con el mundo animal y natural o la exuberancia asociada a un mundo cada vez más artificial que, no sujeto a leyes naturales, progresa sobre la base de la desolidificación de la producción. Y, sin embargo, creo que ambos caminos nos llevan en el límite a una forma en cierto sentido similar. En el paraíso comunista no hay explotación y todo el mundo puede obtener, de acuerdo con las fuerzas productivas, aquello que verdaderamente desea y no eso que no tenemos más remedio que procurar obtener a base del esfuerzo. Pues bien, mi manera de entender por dónde iban a ir los agentes individuales, las empresas y el estado en un capitalismo que apuntaba, se parece mucho a la escatología comunista. Es realmente extraña la semejanza en lo que se refiere a la capacidad que tendrá el agente individual de ser muchas cosas a la vez, de convertirse en lo que más tarde llamé el pluriespecialista, un oximoron al que me atengo. La ventaja comparativa y la especialización ya no son necesarias en el límite del capitalismo que viene porque ya se ha vencido la necesidad que subyacía a la escasez. En un mundo global en donde el valor añadido bruto es cada vez menos tangible y en donde reinan las TIC, la escasez no es algo tan inmediato y ante la fuerza de la competencia entre los que se han apropiado de las rentas generadas en buena parte por la regulación, éstas-las rentas -se disipan de manera que cada uno obtiene justamente su coste de oportunidad y éste resulta ser muy parecido cualquiera que sea la actividad a la que uno se dedique.

    La única diferencia entre el paraíso comunista en que se miraba Marx y el límite del Capitalismo que Viene es que, en aquella historia, cada uno se podía relajar sin deseo alguno de prosperar mientras que en este otro mundo del capitalismo regido por una competencia generalizada cada uno se hace con su coste de oportunidad porque no puede mantener las rentas de las que le gustaría apropiarse para siempre justamente por la competencia generalizada. Aparentemente en ambos mundos se pesca por la mañana… etc., pero en uno es para siempre y nadie se preocupa de garantizarlo mientras que en el otro mundo esta pluriespecialidad en el disfrute es posible porque la lucha competencial es encarnizada en todos los ámbitos. En el mundo de la ucronía marxista la austeridad existe porque ya se ha llegado a lo que se podría llegar siguiendo la ambición del que persigue la riqueza. En el mundo del horizonte del capitalismo la austeridad existe porque nadie puede permitirse la exuberancia durante mucho tiempo ya que será desplazado por el más austero.

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