Vision. Operacion de ojos

Operacion de párpados

Me pongo a escarbar en mi agenda de papel, a la que no renuncio, en busca de no recuerdo qué y me topo con el aviso para el 17 de septiembre de un preoperatorio para en tres días, el 20, someterme a una operación de párpados ya que, como se me caen, debilitan mi mirada. Antes veía con claridad todos los detalles, por pequeños que fueran, en un amplio campo de visión de 180 grados. Poco a poco se emborronó mi visión y su ángulo se estrechó hasta que hoy creo que no llega ni a la mitad.

¿Que hacer? De primeras se me ocurrió que podría despreciar los detalles y concentrarme en el campo de visión tratando de ampliarlo de forma que, aunque borroso, me permitiera elegir la dirección en la que querría navegar el tiempo que me quede para construir mi obra póstuma. Es justamente esta opción la que inconscientemente adopté y la que me permitió, en la vida real, abandonar de forma paulatina los compromisos sociales que había ido adoptando poco a poco y que, por mi falta de cuidado, me habían llevado a convertirme en un generalista y amable vecino que no podía concentrarse en una dirección determinada de manera que la aceptación general de mi carácter no era sino muestra de mi falta de dirección.

Quizá tuviera razón y ahora toque ser realmente yo mismo, aceptar la pérdida de amistades intelectuales superficiales y jugármelo todo a una carta guste o no guste. Pero, ¿cual será esa carta? No podrá ser la del economista teórico no solo porque no he conseguido serlo de gran calidad sino, sobretodo, porque no comparto la forma de vida de esos colegas que exigen que las instituciones para las que trabajan les garanticen su futuro. Tampoco será la del diseñador de instituciones porque el trato sereno con que tendría que lidiar con los miembros de esas instituciones es contrario a mis deseos ya comprobados de romper con sus exigencias estúpidamente mantenidas y disfrazadas de apuestas generosas por el futuro de esa instituciones que les cobijan. Tampoco veo mi futuro en forma de periodista de retaguardia que vela por el éxito de la divulgación de las ideas más prometedoras, especialmente si esas ideas tienen que ver con la convivencia económica o política y mucho menos me siento capaz de convertirme en un escritor exquisito pues mi trato breve con los editores me ha convencido que no pertenecemos al mismo mundo.

No tengo más remedio que operarme de los párpados, examinar todas las posibilidades de ser que mi nueva visión podría mostrarme y dejarme llevar por la que más me convenza sea o no una de las anteriores.