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O votos o bombas

Hoy, Viernes Santo, es un buen día para hablar de terrorismo. O, al menos de los esfuerzos por erradicarlo.

Lo último a este respecto es la modificación legislativa que se prepara a fin de evitar que los partidos, o similares, del entorno abertzale (o de lo que antes se llamaba el MNLV) puedan presentarse a las próximas elecciones municipales y autonómicas.

Esta continuación de la estrategia iniciada con la Ley de Partidos, va a exigir que cualquier electo de un partido, o similar, que sea declarado ilegal en tiempo y forma solo pueda seguir siendo representante del pueblo que lo votó si hace una «declaración pública, notoria y fehaciente del rechazo al terrorismo».

Quizá esa modificación legal que se prepara sea eficaz para evitar que las formaciones presuntamente vinculadas con ETA no puedan disfrutar de las subvenciones que otorgan los votos; pero mucho me temo que sobrepasa mi capacidad de comprensión.

No entiendo, en efecto, que una persona cualquiera no pueda guerdar silencio ante cualquier asunto sobre el que desea mantener la boca cerrada. El escribiente de Melville no podría haber llegado a ser una figura política en un partido, coalición o federación que le hubiera ofrecido ir en sus listas, posteriormente declaradas ilegales, pues su contestación ante la requisitoria de condena no hubiera sido aceptable. Supongo, por lo tanto, que tampoco se podrá condenar por «imperativo legal» como hace muchos años acataban la constitución los candidatos electos de Heri Batasuna.

Esta estrategia de «votos o bombas» me parece que viola mi sacrosanto derecho a permanecer callado aunque hay sido elegido en las listas de un partido tan sospehoso de connivencia con ETA que es declarado ilegal después de haberse realizado la votación.

Y, además, está llena de incongruencias. ¿No deberían hacer esta declaración todos los electos aunque lo hayan sido en listas no sospechosas de contaminación? ¿No debería extenderse esta exigencia de desnudamiento a otras materias como, por ejemplo, la Cruzada o la ilegal invasión de Irak?

Y no debería extenderse a los abusos a menores exigiendo, en este último caso, que la Iglesia católica denunciara explícitamente a sus pastores ante la jurisdicción ordinaria en lugar de dejarse llevar por la comprensión ante el pecador y simplemente le retire a una residencia discrreta?

Yo condeno toda eliminación no voluntariamente demandada de un ser humano completo, pero no veo en la intención de aterrorizar ni un agravante ni una circunstancia atenuante. Es un crimen más que debe ser juzgado.

Otra cosa es lo que pienso de la Justicia. ¿Tengo que hacerlo explícito?

mm

Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.