Hotel Orfila en Madrid

Nobody-Nowhere

Como reacción al contenido del post acerca de mi futuro inmediato me ha venido a la mente la conveniencia de que me aísle a fin de poder concentrarme en esa posible obra final o quizá póstuma. No puedo permitirme el distraerme con contactos frecuentes con viejos amigos y esto, muy posiblemente, exigirá mi residencia en un lugar poco conocido lejos del bullicio. En palabras ya utilizadas hace tiempo al escribir sobre Trieste debería llegar a ser nobody nowhere

Esta exigencia me ha retrotraído a una experiencia no tan lejana que me lleva a pensar que quizá no es tan difícil satisfacerla. Un cierto día nos acercamos a la calle Orfila de Madrid en donde se encuentra la galería de arte Marlborough. La conocemos bien y, de hecho, hemos comprado algún cuadro en ella. Sabíamos desde hace días que, en esta ocasión exhibían una colección de Obra Gráfica de Bacon y Freud que nos ha recordado otra exposición de estos dos pintores que, en su día, disfrutamos en la Provence. En aquella ocasión se trataba de óleos y la comparación entre éstos y la obra gráfica no es adecuada.

Sin embargo lo que quiero destacar hoy es que, quizá por la lluvia que se avecinaba en aquel momento en Madrid y quizá por la luz que esto traía consigo, la calle Orfila me recordó a París y yo disfruté mucho imaginando mi retiro en el hotel discreto que casi pasa desapercibido en esa breve calle madrileña.

No hace falta acudir a un país extranjero o exótico a fin de desaparecer y sentirse muy bien. Basta con instalarse en esa calle de Chamberí para ser nobody-nowhere.