Glen Close en la película «The Wife»»

Mi Negritud

Volví a ver la película «The Wife» y esa historia que contiene me confrontó una vez más con la negritud. Glen Close es esa esposa que ha sido la verdadera escritora de las obras de su marido quien sólo las corregía y les daba su nombre. Era una negra que no cobraba. Pero cuando conceden el Premio Nobel a ese marido, y él le agradece en público su apoyo, salta desbocada. Parece ser que porque solo le agradece el apoyo y no su negritud. La única explicación coherente de esa actitud es, para mí, que para ella la negritud, es decir, su incógnito, su invisibilidad, había sido el verdadero precio de su esfuerzo.

¿Porqué esa interpretación me hace pensar? En mi caso la negritud es, a diferencia de la de Glen Close, mi reacción ante la falta de reconocimiento público de la obra de los últimos años firmada por mí: si no puedo sentirme un genio reconocido prefiero ser ignorado. Voilà.

Así se explican algunas publicaciones que no llevan mi nombre como autor y que han sido publicadas con seudónimo o como anónimas. Para que mi obra hubiera sido reconocida como genial debería haberla trabajado más intensamente a cambio de haber olvidado mis intereses personales y mis distracciones; pero eso hubiera sido traicionarme. Parece ser que prefiero pensar y sentir como alguien genial que no está dispuesto a que le juzguen como mediocre y que, a fin de consolarse, por así decirlo, se engaña pensando que sus trabajos que no llevan su firma son geniales y no merecen ser juzgados por cualquier persona que él siente como vulgar.

Estas reflexiones me llevan, por un lado, a volver a leerme en la publicación anónima titulada Autoría. La Ruptura de las Cadenas. Un Ensayo sobre la Negritud en la que, por cierto, aparece una referencia a N’Dongo como alguien que podría ser un negro profesional. Por otro lado me apetece refinar y publicar anónimamente Los Cuadernos del Negro. en los que un posible pseudónimo mío presenta obras de otros autores, ellos mismos negros.

Supongo que estos comentarios son suficientes para que el lector reconozca el lío mental que me aqueja con este asunto de la autoría. Por si no lo fuera todavía, me resulta seguro que llegará a serlo cuando esa última publicación se haga realidad y el lector observe que mi nombre aparece en su texto. En ese momento ese posible lector puede llegar a alcanzar la verdad cuando piense que, seguramente, esa aparición de mi nombre se trata de un guiño sobre mi mismo.