Malas pulgas

Es una farmacia y el señor, realmente mayor y de malas pulgas, está recibiendo los cambios de su compra.»Gracias caballero» le dice con retintín la jóven manceba. El señor mayor que ya había girado la cabeza par dar la vuelta y enfilar la salida vuelve la cabeza a su posición inicial y dice, casi grita, en voz clara y un poco mitinera: «señorita, yo no soy un caballero, soy un proletario- con dinero, eso sí- que, junto con otros proletarios que igual no son todos los del mundo pero sí son amigos míos, trato de acabar con los caballeros». Y se va poco poco. Les juro que es cierto. Ocurrió en la Glorieta de Rubén Darío. En Madrid

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