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Juan Urrutia

6 de Enero de 2009

Macromodels y el Principio de Heisenberg: fin

Ayer les ofrecía la reconvención seria a la que me somete Teo sin comentarios ni cortes. Hoy me propongo dar por finalizada la discusión lo mismo que dí por finalizada la discusión sobre inside money. Cada uno habremos aprendido lo que hayamos podido y lo que hayamos querido de acuerdo con nuestras finalidades; pero ya es demasiado para el posible lector. Como tienen disponible el texto entero de Teo, yo me limitaré ahora a responder a las acusaciones de error interpretativo por mi parte. Para entender midescargo se debe leer la Max Weber Conference a de Sargent a la que nos referimos todo el tiempo y, para meyores detalles, su Presidential Adress a la AEA de enero del año pasado que puede encontrarse en su página web de NYU

He aquí los cargos que se me imputan:

1. Trivializo injustamente lo que Sargent llama la problemática de la inducción.
2. Mi reconvención sobre su interpretación del principio de indeterminación reflejaría una cierta incomprensión de puntos sutiles.
3. Mi afirmación de que los modelos macroeconómicos incorporaban la necesidad de coherencia entre las creencias del Gobierno y las de los agentes económicos sería un sinsentido y
4. Mi afirmación de que los self confirming equilibria convergen a los rational expectations equilibria es un error.

Paso ahora a defenderme:

1. En los modelos que usan la llamada hipótesis de las expectativas racionales, no hay problema de inducción puesto que dicha hipótesis supone que las crencias de gobierno y de agentes individuales sobre los eventos futuros son idénticas entre sí e idénticas a la verdadera distribución de probabilidad de esos eventos. En cuanto abandonamos esa hipótesis que no es sino wishfull thinking, topamos necesariamente con el problema de la inducción. Insisto en que pensar que los adaptative learning models pudieran llegar a solucionarlo me parece algo ingenuo.

2. Teo reconoce que en cuanto al Principio de Heisenberg su reminiscencia sería algo “personal”. El dice ahora que le huele a eso el hecho de que el aprendizaje de los agentes va cambiando con el equilibrio. Antes decía que ese olorcillo lo encontraba más bien en que, al estimar parámetros de una forma reducida, cualquier estimación es por principio incorrecta. Mi personal olfato ve ese Principio en el simple hecho de que el comportamiento individual cambia con la política económica llevada a cabo. No creo que esta recuperación por mi parte del olor de ese Principio requiera la comprensión de los puntos sutiles que ahora paso a discutir.

3. A mi juicio en los modelos macroeconómicos anteriores a la critica de Lucas a la evaluación de la política económica ya había la conciencia de que el comportamiento de los agentes debería depender de la regla de política económica seguida. De hecho las expectativas adaptativas reflejaban una cierta coherencia en el límite: los agentes individuales incorporaban a sus creencias “parte” del desvío entre lo esperado y lo ejecutado, una forma de aprendizaje como otra cualquiera. El sentido de la crítica de Lucas es que ese comportamiento adaptativo no es racional del todo pues admite un error sistemático. De ahí el glamour de los modelos con expectativas racionales que, en cualquier caso, han sido sometidos a muy variadas críticas. A mi modesto entender el hecho de que el error, aunque se de siempre, sea cada vez más pequeño -y cero en el límite-es un signo suficiente de racionalidad. El párrafo destacado por Teo puede estar mal redactado, pero no creo que sea un sin sentido.

4. Miremos ahora a asuntos de convergencia. Pongámonos de acuerdo sobre los modelos de los que estamos hablando. Yo llamaba modelos à la Sargent a los que se contienen en el epígrafe 6 de su Conferencia y Teo denomina así a los que aparecenen la p.2 como modelos estructurales que permitirían superar la Crítica de Lucas. Me temo que son el mismo luego no hay escape para mí por el lado de decir que estamos hablando de cosas distintas. Estamos hablando del inteligent design (un nombre oportunista y misleading por sus connotaciones de política educativa) de una política económica como un problema de Ramsey, denominado “Phelps Problem” y perfectamente descrito por Sargent. El equilibrio que le corresponde es el de self-confirming equilibrium de la definición 6.1 de la conferencia, un conjunto de parámetros que generan los datos que realmente generaría el sistema verdadero pero desconocido. Además, un proceso de aprendizaje -no del todo diferente al que yo mecionaba al hablar de expectativas adaptatativas- converge a ese equilibrio. En este equilibrio no podemos estar seguros de que la “máquina” de generar los datos es la que está ahí puesta por la naturaleza. No se trata en efecto de un rational expectatios equilibrium pero es nuestra mejor apuesta para diseñar una regla de política económica. Entre otras cosas porque el proceso de aprendizaje nos pasa de un self confirming equilibrium a otro cada vez más cercano al desideratum deseado. En este sentido decir que converge a un REE no me parece un crimen una vez que sabemos que el límite no se alcanza nunca. Por lo tanto la frase “thus a rational expatations equilibria is a self-confirming equilibria,but not viceversa” quiere decir que el conjunto de los primeros está contenido en el conjunto de los segundos y esto no implica que este último conjunto no pueda ir reduciéndose con el tiempo bajo un cierto proceso de aprendizaje. No creo pues que haya cometido un error.

Y hasta aquí llego. Yo no puedo hacer más que ofrecer unos descargos que creo son consistentes con los argumentos presentados por Sargent en su conferencia. En cualquier caso está bastante claro que no hay manera de estar seguros de que hemos alcanzado la verdad de la realidad histórica. Pero esto ya lo sabíamos.

Esto me lleva al principio de la discusión hace ya más de un mes. Lo importante es que disponemos de modelos en los que confiamos como más adecuados que otros y que creemos que muy a menudo nos permiten diseñar lo que podemos llamar sin recato una política económica inteligente.

1 comentario a “Macromodels y el Principio de Heisenberg: fin”

1 Trackback/Pingback

  1. Juan Urrutia 4.0 » La desorientación de la Teoría (Macro)económica

    [...] En segundo lugar he disfrutado mucho de la crítica de la macroeconomís dinámica basada en la hipótesis de la s expectativas racionales que se realiza en los dos artículos críticos mencionados. Esa crítica estaba implícita en mi posición sobre el principio de indeterminación entendido como aplicable en economía. [...]

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    1. David de Ugarte David de Ugarte

      Carnicero vs Sopena

      Carlos Carnicero descubre la independencia que le da el tener un blog, llevando a sus páginas lo que hasta ahora era una desagradable batalla con su compañero Enric Sopena. Después de tantos años de incitar a la gente a bloguear, confieso que sigo maravillándome de lo inmediatamente empoderador que es.

    2. David de Ugarte David de Ugarte

      Integración indiana

      La presentación, contexto y preguntas para postularse a entrar en las Indias, ha evolucionado y creo que va alcanzando un cierto equilibrio… al menos en su dimensión profesional. La parte kibbutzim no se si queda tan clara. Se agradecerían comentarios con las impresiones.

    3. Juan Urrutia Juan Urrutia

      Karthryn, Michele y un servidor.

      Me gusta y mucho Kathryn Bigelow, pero no me gustó su película En Tierra Hostil. Esa recreación innecesaria del mito del llanero solitario y sin redeeming value. Abandonar todo por un chute de adrenalina es una patología sin posible sublimación artística. El resto es superfluo aunque te haga pensar sobre el ensimismamiento americano y la falta de respeto al insurgente, quizá mejor llamado resistente: les das la mano y te hacen caer en una trampa mortal. Una escena con arte es, en cualquier caso, la desactivación de una bomba introducida en la tripa de un adolescente muerto. Nos hace ver que una erección-que debe ser lo que busca el protagonista- es más que una erección. Puede ser un ritual de amor. El mismo día que veo la película Michele me escribe enviándome un mail con un link a su blog italo-americano en el que reconoce que”il buono Juan” tenía razón hace años cuando dicutíamos la invasión de Irak y contesté en mi blog a un artículo de periódico suyo.

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    ESPAÑA Y EUROPA ANTE EL DESAPALANCAMIENTO

    En mi última entrega de La Mirada del Economista (“Jobless recovery” ¿una cuestión de poder?”) decía que “la situación en la que nos encontramos… parecería dar la razón a los que, jugando con las letras, nos predecían una recuperación en U o en W”. Los datos e informaciones que han ido surgiendo desde entonces, así como el caso griego me dan, desgraciadamente, la razón. A los ejemplos de aquel artículo hay que añadir otros nuevos pulsos relacionados ahora con el problema de la deuda, sea ésta externa o interna, pública o privada, de los países de la Unión Europea.

    Ni que decir tiene que casi ningún país de la zona euro cumple los criterios de Maastricht que conformaban el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en lo que respecta tanto al déficit presupuestario, fijado en el famoso y ya casi olvidado 3%,como al tope del 60% del PIB de deuda pública que el PEC exigía. Esto plantea dificultades que voy a tratar de comprender a fin de verificar mi aseveración de que vamos a contemplar luchas de poder renovadas.

    En el caso del Reino de España, la situación creada por el desequilibrio de la balanza de pagos no es dramática. España debe al exterior, por la deuda emitida para cubrir una parte de los déficits anuales de dicha Balanza de Pagos un modesto porcentaje del PIB. Aunque esta cifra ha ido creciendo por la falta de competitividad seguirá siendo una cifra relativamente baja. Sin embargo a este concepto hay que añadir otras deudas hacia el exterior que El Estado puede tener como resultado del déficit presupuestario así como las que acarreen agentes privados. Y, con estos añadidos, la situación puede complicarse

    En efecto, aunque la vida media de deuda externa pública está en torno a los 7 años, vamos a encontrarnos con importantes necesidades de financiación a corto plazo debido a a las otras fuentes de endeudamiento y especialmente el déficit presupuestario y su preocupante aceleración. Vamos a confrontar, por lo tanto, importantes necesidades de financiación a corto plazo cuya posible refinanciación va a ser relativamente cara debido, no tanto a la mala situación del endeudamiento, como a los fundamentales poco promisorios de la economía española aquejada de falta de competitividad. En esta situación un incremento impositivo parece conveniente.

    Además de todo lo anterior, el sector privado, no tanto las economías domésticas y las empresas financieras como las empresas industriales, tiene que cargar con su propia deuda que, en parte, también es exterior de forma que incluso las empresas más potentes, con ratings más o menos próximos al del Reino de España, van a tener que confrontar los mismos problemas que el sector público, pero agravados. La situación empresarial es pues preocupante puesto que a la falta de demanda exterior para los productos de esas empresas hay que añadir el paro que incide sobre muchas familias. No hay pues demasiadas esperanzas en lo referente al desapalancamiento de unas y otras empresas de forma que no podemos esperar un relanzamiento de la formación bruta de capital para no hablar del consumo en bienes duraderos.

    La obligatoria reducción del déficit presupuestario para cumplir con el criterio del 3%, su financiación y la consiguiente colocación de las emisiones necesarias por parte del Tesoro constituyen problemas adicionales para la recuperación. Aparte de colocaciones en el exterior de esas emisiones, o bien se las queda la banca, con lo que ésta estará justificada en su “estreñimiento crediticio”, especialmente en un momento en el que se puede esperar una consolidación del sector, o bien se colocan en el sector familias, probablemente con el incentivo de alguna ventaja fiscal asociada a la afloración de rentas ocultas. Vemos pues cómo, de una u otra manera, el sector privado deberá pagar parte del estropicio si no queremos sobrecargar el fondeo exterior.

    Pero estos problemas no son solo nuestros. Cada economía tiene que saber si su tasa de crecimiento a largo es suficiente para pagar la carga de la deuda a los tipos pactados. Si no lo es, o solo lo es a partir de un futuro muy incierto, la deuda aumentará y esa economía no tendrá más remedio que reducir su gasto o aumentar sus tasas impositivas. Casi todos los países de la zona euro están en una situación parecida, de forma que muchos tendrán que acudir a otras zonas del mundo para obtener financiación, lo que previsiblemente encarecerá ésta. Si la situación se generaliza no le quedará a Europa sino una alternativa diabólica. O bien el BCE se hace cargo de las deudas agregadas monetizándolas, o bien se devalúa el euro para fomentar las exportaciones. Además de que ambas vías llevarían a una elevación de los tipos de interés a los que se financia la deuda, ni una ni otra de éstas soluciones parecen hoy por hoy admisibles para las economías europeas fuertes (Alemania o Francia) ni serían aceptables para sus prestamistas. Pero aunque no se lleve a cabo una devaluación formal (que, además de ser el reconocimiento que Europa no es un área monetaria óptima, probablemente acabaría con el proyecto europeo), el euro se irá depreciando en el mercado. Esto favorecerá sin duda las exportaciones de la zona pero también puede incentivar aun más la especulación contra el euro.

    Se avistan por lo tanto luchas de poder adicionales a las que destacaba hace un mes. Recordemos que, en el ámbito doméstico, había que contar con el enfrentamiento entre contribuyentes y banqueros y entre patronos y trabajadores. Esta última confrontación no se ha canalizado de momento en un diálogo social suficiente como para llegar a acuerdos (más allá del ya firmado sobre salarios) que sostengan las modificaciones estructurales del mercado de trabajo. La tensión correspondiente ya se ha escenificado en las manifestaciones del pasado día 23 contra el “pensionazo” y si las empresas, por las razones apuntadas, se ven todavía más constreñidas crediticiamente, se va a recrudecer. Las tensiones entre contribuyentes y banqueros pueden quizá pasar a un segundo término a no ser que la imposición adicional requerida sea poco equitativa o que la consolidación financiera, seguramente ineludible, exija primar a algunas instituciones financieras.

    Esta situación comprometida es lo suficientemente generalizable como para que Europa tenga que ponerse las pilas, lo que acarrea dificultades burocráticas y políticas, y como para que España intente con seriedad una política dura respaldada o no por un pacto de Estado. Un pacto así no parece fácil de alcanzar por el problema de las subidas impositivas por un lado y por la reforma de las pensiones o las reformas estructurales del mercado de trabajo por otro.

    En una situación así se me antoja extraordinario que ningún economista europeo se haya referido a unas piezas teóricas, antiguas y menores, sobre el período de ajuste, es decir lo que tardaría una economía en volver, por ejemplo, a la senda anterior. Este período de ajuste depende del tamaño del sector público, de la tasa impositiva media y de la distribución de la renta ( ver mi trabajo “Una visión (semi) heterodoxa de la crisis”, Cuadernos de economía, vol.32, nº 88, enero-abril 2009). La influencia de esos factores es de un signo u otro dependiendo de la situación presente de la economía de que se trate. Pues bien, el Pacto de Estado en España debiera ser posible a partir de un acuerdo técnico sobre esa situación inicial en España: una buena tarea para la troika negociadora que ya se ha puesto a trabajar sin demasiadas expectativas de éxito. Y Europa empezaría a ponerse las pilas al reconocer que lo que una u otra economía tiene que hacer puede variar dependiendo de su período de ajuste propio dejando de entonar la palinodia de la necesidad de un gobierno económico único, por lo que se entiende un Tesoro único. Una idea ésta última sobre la que escribiré otro día.

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