Localización (contituación)

Habiendo ya decidido que el trabajo para llevar a cabo mi obra póstuma debería llevarse a cabo en sotabancos he de hacer una primera enumeración de mis preferidos.

En Madrid

  1. La antigua sede de la FUE en el 37 de la calle Fortuny

    Es demasiado grande para servir sólo de situación a efectos de escribir sobre un cierto tema. Podría ser este sotabanco madrileño adecuado no solo para escribir sobre un tema determinado (a pensar cual) sino sobretodo para unificar textos o para meditar sobre la dirección general de la obra. Esto último exigiría mucho tiempo de reflexión continuada por lo que este espacio me permitiría pasar todo el día y comer en él, además de dormir en él sin necesidad de trasladarme a mi domicilio familiar.

    Además sería posible reunir allí a asesores quizá necesarios a efectos de redondear textos o enriquecerlos con datos concretos. Su localización es muy adecuada para este menester y en su interior hay una sala de reuniones muy apropiada como ya se demostró hace años cuando nos reuníamos en él cada semana o cada quince días para comentar alguna lectura o escuchar a algún experto de nuestro entorno en un tema que juzgábamos interesante.

  2. El sotabanco en el que se localiza parte del trabajo sobre el el robo de un cuadro

    En realidad hay dos de estos.

    El primero estaba cerca de Atocha y es en el que se cobijaron los dos protagonistas antes de marcharse a Lavapiés. El segundo no estaba lejos, cerca de la parte de educación del Museo del Prado, prácticamente en la plaza de Murillo. Y como aparece en el mismo trabajo, el robo de un cuadro, no es independiente del anterior y podría servir como el lugar secreto en el que el autor satisface sus deseos sexuales de manera realmente secreta.

    Aquí también se podría escribir sobre Autoría utilizando el texto de Amazon (es decir Kindle), Ensayo sobre la negritud.

  3. Arturo Soria, lo más cerca posible de la Plaza de Castilla

    Aquí es donde se localizarían los asuntos realmente ilegales en los que incurre el autor de la obra y que se explican en el texto más allá del robo el cuadro. Favores poco finos a fin de allegar algunos fondos extra o rutinarios artículos periodísticos que allegan los ingresos regulares desde donde se pagan una buena parte de los gastos de alquiler. Aquí es donde el autor practica su negritud de manera divertida para él, que tiene que aparentar escribir como uno u otro de los varios clientes conocidos que confían en él.

    Aquí solo ejerce en horas de luz y procura hacerse ver por gente del barrio, especialmente, los aparentemente aficionados al arte, de un tipo u otro que se han instalado por ahí bien solos, bien con sus familias.

  4. La ciudad de los periodistas

    Se trata de una localización suplente ya que los dos primeros seleccionados son prácticamete similares. Sus ventajas están relacionadas con su localización en un barrio-barrio en el que hay mucho material necesario para la escritura y en donde los paseos le permiten al autor sentirse realmente en tierra desconocida.

En Bilbao o alrededores

  1. Calle Aguirre

    Es una calle central que hace esquina con la calle Colón de Larreátegui. Es una calle muy corta en la que se pueden encontrar algunos sotabancos desde los cuales podría yo recordar muchos asuntillos de mi infancia, desde el barquillero del parque o los juegos del niño con las jovencitas guapas de la ciudad en ese mismo parque, hasta mis primeros escarceos políticos al final de mi carrera académica, pasando por el inicio de los paseítos con la que sería mi mujer.

  2. Calle Ronda

    Aquí nació mi padre, en el mismo número en el que nació y vivió Unamuno y desde el que yo podría escrutar aquellos viejos tiempos recuperando la memoria familiar, tanto de los Urrutia como de los Elejalde, ambos de la misma época pero estos más ricos pues la primera guerra mundial les permitió utilizar sus conocidos suministradores de tela para fabricar uniformes para los Aliados. Además, esta calle es la mejor de las Siete Calles a efectos de contactar con la otra orilla de la Ría y sus secretas calles impropias que en mi juventud había que recorrer en secreto y en las que yo, todavía podría dejarme perder en caso de que tuviera necesidad de esconderme y en las que quizá encontraría mejores sotabancos.

  3. La Casilla

    Bilbao ha de ser el lugar en que me explaye con cierta generosidad y una claridad deslumbrante acerca de mis problemas psíquicos, pues fue allí donde comenzaron y en esa zona vivía el psiquiatra que primero escrutó en mi cerebro o, más propiamente hablando, me hizo escrutar a mí mismo ese cerebro descalabrado a partir del nacimiento de nuestro segundo hijo. Se trata de una zona menos elegante que las que fueron habituales para mí, pero estoy muy apegado a ella pues allí cerca estaba el colegio de jesuitas al que acudí durante nueve años y en la plaza correspondiente sucedían unos bailes bien tentadores y nacieron cines un poco más turbadores que los del centro.