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Lo sublime da miedo

Zero dark thirtySi hay alguna plasmación de lo sublime kantiano es, sin duda, la parte coral de la novena sinfonía de Beethoven, una composición que llevó muchos años al inmenso Ludwig Van (como diría el personaje encarnado or Malcom Macdowell en la película de Kubrick a Clockwork Orange) y hoy es el himno de la Europa que tenemos. Pues bien, creo que prefiero esta Europa que estos meses se deshilacha, se rompe por las costuras de un traje estrecho, que la grandilocuencia de un himno nacional aunque se trate de la obra maestra por excelencia en opinión de los legos musicales y aunque Europa no sea una nación. Esta parte coral de la novena, cantada por miles de japoneses que se la saben de memoria y se reúnen sin miedo a las avalanchas en un inmenso estadio, es sublime en el sentido que da miedo, yo diría que un terror pánico que me deja sin palabras. Me recuerda que Japón era Parte del Eje que en 1942 iba a ganar la guerra. Ante este terror me voy a ver la última de Bigelow, la del asesinato de Bin Laden: es un terror contra el que tengo palabras.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.