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Las consecuencias económicas del ataque al euro

Este título pretende evocar el título de la publicacion que hizo a J.M. Keynes famoso, Las Consecuencias Económicas del Paz, y que apareció en meses posteriores a la firma del armisticio en Versalles en 1919. Lo importante de este texto es que es la primera vez en que alguien nota los peligros de la escasez de demanda efectiva como un posible resultado indeseado del funcionamiento del mercado.

Keynes, en efecto, estaba tercamente en contra de las abultadas reparaciones de guerra que los aliados, y especialmente Francia, querían imponer a la potencia derrotada. Pensaba que empobrecerían a Alemania y de rebote a todos los demás paises europeos como exportadores y suministradores de ese país. Lo que ocurre hoy es como la imagen especular de lo que Keynes denunció y es igualmente denunciable. Alemania impone al resto de Europa una consolidación fiscal que empobrece a los otros paiéses de la UE y de rebote a la propia Alemania como sumnistradora de bienes a esos paises.

Es un simple error cuyo origen no debe ser busado en el análisis económico sino en la psicología social y en la memoria histórica. Aun admitiendo que hay una combinación de Deficit (D), tasa de interés (i) y tasa de crecimiento(g) que hace insostenible la situación debido a que hay que emitir deuda para pagar los intereses de la existente amén de la necesaria para financiar el resto del deficit, hay formas de evitar la explosión diferentes a la que Alemania quiere imponer. Manteniendo i bajo y constante hay combinaciones de reducción lenta del D y de tasa de crecimiento g que nos permiten seguir «viviendo por encima de nuestras posibilidades» (frase que pasa a ocupar lugar de honor en le colección de expresiones que detesto). Pero el crecimiento g no es algo que dependa de las decisiones políticas como lo es la rebaja del gasto público. Hay que poner las condiciones para que se de. Y esas condiciones exigen reformas serias (laboral, financiera, administrativa, investigadora y educativa) que no hacen sino dificultarse si de primeras insistimos en simplemente recortar gastos de cualquier tipo y especialmente si se hacen en partidas que corresponden a gastos de inversión.

Es un error tan tonto que las promesas de ajustes no son creibles (por usar otra expresion odiosa cuando no se usa con propiedad) pues no es racional el hacerlas. Es decir son inútiles. Lo útil y creible es la dotacion de un fondo para contrarrestar los ataques de los llamados mercados que se ven ganadores de enormes sumas apostando contra una moneda que representa una capacidad productiva que se está debilitando por el deseo de hacer señales increibles. Este fondo permitiría y permitirá emitir bonos en condiciones admisibles y no explosivas, directamente por parte de ese fondo o por parte de cada país con aval del fondo. Lo inteligente es calcular la parte en la que se puede aprovechar cada país de la euozona o de todos los de la UE así como la parte que le toca como dotación de ese fondo. Una vez hecho ese cálculo ya se arreglará cada país para allegar recursos que le permitan aportar al fondo y utilizarlo para suavizar la curva de sus posibilidades.

Diríamos que, en realación a la Gran Depresión, hoy nos encontramos en el período de Hoover y a la espera del Roosevelt que rompa las aparentemente sanas costumbres y se atreva a hacer algo como la Tennessee Valley Authority. Llegará y antes de una guerra, pero mientras lo hace pueden ocurrir fenómenos poco reversibles. Aunque suene mal, lo voy a decir: El Capitalismo que Viene va a llegar realmente por vías inusitadas. Sí, vamos hacia un estado mínimo pero no porque se hayan abierto y cuidado muchos mercados que repartan los riesgos, sino porque los mercados existentes en los que, por defectos de funcionamiento, se generan grandes rentas así pretenden imponerlo. Pues bien, me pongo apocalíptico y afirmo que si no reaccionamos a tiempo psicoanalizando a Alemania y frustrando los intentos de apropiacion de esas rentas, las luchas por esa apropiación van a ser sangrantes e iremos directamente al desmoronamiento insitucional sin plan alguno de reconstrucción.

Es la hora de los Keynes de este mundo. No tanto por esa caricatura del gasto público como bálsamo de cualquier mal, sino por su capacidad de ver más allá de sus narices y de olfatear las consecuencias sociales de la presunta corrección económica.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.