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Largo comentario del profesor Rossi

Libro del profesor RossiMauro Oliver me envía el siguiente comentario del profesor Rossi a mi post Escalofrío (al que llama el «segundo sobre cultura») al tiempo que disculpa su extensión. Es esa extensión la que me induce a subirlo como un post adicional al que luego yo podré hacer comentarios o referirme a él si lo considero oportuno.

Me encantó leer el segundo artículo (acerca de la cultura) porque me hizo revivir y entender un poquito más lo que es añoranza de una vida bucólica, de una élite sin mala intención; de ese sector de la humanidad (obviamente Europa, aún las personas más digna y brillantes en cuanto a la producción de «cultura», en el sentido que asume el autor) al que le cuesta entender que «cultura es vivir» y «dejar vivir» con autosuficiencia o «hacia» la autosuficiencia y «respetar» el modo de vida de los demás.

Creo entender lo que Juan quiere decir, pero no comparto su epistemología subyacente y aplicada en su medio; sí, en cambio, su añoranza por «ciertas», unas pocas, manifestaciones y estructuras sociales que necesariamente dieron, dan y darán paso a otras realidades. Así como al principio la gente eran 2 o 3 y ahora ocho mil millones de individuos.

Antes (hasta no hace mucho: aquí hasta hace unos 500 años, en Europa hasta hace más tiempo porque desde hace mucho viven a costa de los demás) íbamos al monte a buscar el alimento o la autosuficiencia, ahora es imposible por cuestiones obvias.

Antes «cultura» era (lo sigue siendo pero se lo quiere ignorar por diversos intereses) la creación misma de estrategias de autosuficiencia sin límites y la aplicación y difusión de esas estrategias era libre y gratuita, ahora no.

La mentalidad y estructura capitalista y absolutamente individualista que inventó Europa (porque así es, y lo que es «más pior», a costa de nuestra humanidad y la de África) neutraliza (al menos en su intención profundamente etnocéntrica) en su exclusivo beneficio todo intento del resto de la humanidad de ser autosuficiente, de buscar sin tantos problemas su felicidad (según insinúa el autor que sería cultura o ser culto).

Por supuesto, hay un fondo de verdad en la reflexión del autor, es real la pérdida de una manera de ser en todo el mundo, al menos el conocido por nosotros que, en realidad, no conocemos nada… pero creo que, desde una óptica netamente europea (fijate los ejemplos que pone: es decir, fuera de Europa no hay cultura, al menos no menciona otras), se confunde con la definición de la realidad ‘cultura’ y la confunde limitándola enormemente a «patrimonio cultural» que no es solamente su listado (música clásica, museos, delicadeza, diálogo comprensivo o tomar el té a las 17 hs. etc. (a esa misma hora nosotros tomamos mate, los brasileros caipiriñha, escuchamos folklore, disfrutamos de la belleza de la montaña, el viento y del río …) todo casi un estado paradisíaico que ellos –y no otros– destrozaron y arrasaron en África, América y en otras regiones del planeta.

Desde hace tiempo los europeos empezaron a añorar todo eso (que no es «cultura» sino «algunas manifestaciones culturales» en «algún» lugar del planeta) por varias razones, no sólo porque ahora están en crísis (en especial la «católica» España) sino porque la globalización imparable del planeta (precisamente por la creación de la tecnología comunicacional del mismo hombre), aunque muy lentamente, hace reflexionar a la humanidad sobre su deseo de libertad, arraigo a su tierra y autosuficiencia en todos los órdenes.

Obviamente, estamos hablando de un proceso y de una lenta construcción (que no sé si se logrará: en serio, no lo sabe nadie porque quizá vamos hacia nuestra destrucción como especie y esto no lo considero negativo o fatalista sino como constatación, casi como opción del sector «culto» y no culto, poderosos y no podreroso ya que basta abrir los ojos y ver cómo los países y personas poderosas y no tales de Europa, EE.UU. China, Japón (los grandes grandes) y nosotros, también Argentina, estamos destrozando y arrasando el planeta como hicieron (aquí sí solamente los europeos y en especial la cristianísima España) con nuestra humanidad libre, estratégicamente autosuficiente y feliz… mientras ellos escuchaban música ‘celestial’, pintaban, modelaban y esculpían «verdaderas obras de arte», etc., ‘maravillas’ en un clima bucólico que les permitía ignorar o disimular a la mayoría que, en su propia tierra, hacía eso posible a los cultos, es decir: los esclavos
, (millones y millones, que hasta los curas –los grandes «cultos» chupasangre–usufructuaban), una mayoría campesina al servicio de los «nobles», cortesanos y poderosos; multitudes, de las que no se habla sino metidos en una bolsa de gatos, que jamás tenían la oportunidad ni tienen (aunque quisieran y habría que ver si les interesa como estrategia de vida) de escuchar una partitura de los «clásicos» o disfrutar de un Giotto, Miguel ángel o quien sea, ni siquiera de sentirse ‘arrobado’ ante la Chartre o el vaticano porque, si bien ‘lo hacían’ –no les quedaba más remedio si querían comer– en forma de esclavitud no lo podían desfrutar porque todo eso era para el clero, los ‘nobles’, las familias ‘bien’ constituidas, para los que ‘ayudaron’ con dinero a construirla, etc.

La lectura de este artículo me agradó por la negativa, es decir, me abrió más los ojos, aunque reconozco que Juan no pretende engañarnos ni tiene mala intención como otros que sí la tienen.

Juan, a mi modesto criterio, confunde ‘cultura’ con ‘patrimonio cultural’ que involucra todo y es dinámico, es decir, va cambiando, enriqueciéndose y no de golpe sino en una gestación que termina en partos indefinidos y que ciertamente el primer mundo (¿qué es esto?!), también Juan, España y Europa (en este caso no EE.UU. porque no es culturalmente etnocéntrico, es decir en su episteme o modo de pensar; aunque lo es, y mucho, desde lo político y económico) obstaculiza a nivel humanidad.

Te voy a recordar algunas vivencias personales:
1) personalmente no cambio por nada la experiencia o el impacto que me produjo conocer de adentro el modus vivendi y de pensar de los wichí, por nada del mundo: ni por el aparatoso y deslumbrante vaticano, ni por el contenido del Louvre o el Prado ni por el obelisco ni por mis libros o los de Galeano o Aristóteles.

2) Estando en Europa, disfruté una semana en Externach, capital del principado de Luxemburgo, en un convento fabuloso y bucólico al máximo. Por las noches , temprano, recorría las calles lujosísimas donde en una u otra plazoleta o jardín particular orquestas ‘clásicas’ familiares «ejecutaban música ‘celestial’ de alto vuelo para deleitar sus satisfechos y cultos oídos». Allí relacioné algo potente que me descompuso: detrás de todo eso unos pocos protagonistas dueños (en aquellos días) de casi todo el acero del mundo donde trabajaban y trabajan en distintas regiones del planeta (no por voluntad o porque les guste sino porque no tienen más remedio si ‘pretenden’ comer) había y hay millones de personas que apenas tienen para vivir y que no les interesa esa música porque prefieren el chamamé o la cumbia y que no irán jamás a ‘sus museos’ y al Colón, no porque no les gustaría (no lo sabemos) sino porque no los dejan (hay que pagar cifras que sólo los ‘noble s’ o ‘cuasi nobles’ y ‘patrones’ pueden pagar, aunque muy de vez en cuando (para hacer propaganda política y mantenerlos «en su lugar», ojito «no se pasen muchachos») hay «música, pescado y fruta para todos».

Tenía otro ejemplo para darte y me olvidé cuál era, pero no importa porque estas reflexiones son sólo reflexiones y producto de mis vivencias, o sea, tienen poco valor. Fijate en mis libros La Máscara de América y en el América, el gran error de la historia oficial, mi análisis acerca de lo que considero es «cultura» y después la seguimos, poque estos diálogos y lecturas de tipos que piensan me abren los ojos y me hacen pensar.»

Prof. Juan José Rossi
juanjo_rossi@yahoo.com.ar
http://juanjoserossi.com.ar

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.