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La sociedad cultural y su control

Resumí­a hace dos dí­as una conferencia de Alain Touraine. Cabrí­a ahora preguntarse cómo se controla ese nuevo mundo que él veí­a como ya vigente.

Lo sorprendente es que se controla a sí­ mismo a través de la interdependencia y de la competencia asociada a la lógica de la abundancia que elimina las rentas justamente porque cada uno de los grupos quiere apoderarse de ellas. Esta forma de control es novedosa y desconocida: no tiene que ver con la autoridad, ni con las rentas artificiales que esa autoridad genera para sus amigotes, no aprovecha la escásez que todo lo condicionaba hasta ahora y permite toda clase de coaliciones, algo mal visto por el poder jerárquico que desea perpetuarse.

Me parece que la crispación que creemos observar aquí­ en el ámbito polí­tico, pero que yo creo universal, vigente en todo paí­s y en todo ámbito, no harí­a sino reflejar el miedo a este mundo desconocido en el que ya estamos instalados y en el que parecerí­a reinar la anarquí­a. El orden existente parece precario porque no entendemos su naturaleza y su resistencia, como si estuviera hecho de un nuevo material. Y porque no entendemos la forma de control social, tampoco entendemos este nuevo mundo que Touraine nos presentaba y en cuya descripción y perspectivas incide en su nuevo libro Le Monde de femmes

Esta incomprensión, solo en parte justificada, cambia muchas cosas. Por ejemplo,y en general, hoy pueden brillar personajes que parecerí­an idiotas solo hace unos años de acuerdo con la forma de control social de esa época. Más en clave local, ese malestar general que llamamos crispación es menos difusa y se concentra en asuntos variados diferentemente tratados. En nuestro entorno observamos hoy, por ejemplo, que entre las personas más sensatas surgen extraños reflejos que les llevan a criticar la presunta falta de coherencia del presidente del gobierno, o que nos comportemos como chiquillos acusándonos de haber empezado la crispación, o que se lleve el proceso vasco fuera de nuestras fronteras, o que el ABC responda al Mundo, dándole así­ una preponderancia a este medio de la que carecerí­a, o que la lógica comercial conduzca a una exagerada polarización de los medios de comunicación. Todas estas quejas reflejan, con independencia de su mayor o menor pertinencia, la dificultad de darse cuenta que todo ello es inevitable en ese tercer estadio del desarrollo social centrado en el principio Cultural y en la forma de control social que le corresponde.

A mi juicio todas estas novedades son también deseable pues, cuando se consoliden, generarán cotas inusitadas de libertad e irán estructurando la sociedad en grupos, variados y numerosos, de cultura homogénea dentro de cada uno y, lo que es más importante, solapados entre sí­ en nuna interdependencia imposible de soñar en el pasado.

Por lo tanto, el que quiera conservar sus poderes, rentas o privilegios definitorios del actual statu quo deberá aprender a manejar las instituciones polí­ticas y económicas que no van a desaparecer de la noche a la mañana aunque provengan de mundos sociales pasados. ¿Cómo ganar elecciones en este mundo?, ¿cómo administrar las sociedades mercantiles en este mundo?, ¿cómo conservar el statu quo? En mi opinión las respuestas están en la comprensión del mundo cultural que describe Touraine y en esas nuevas tecnologí­as que no acaban de aparecer, pero que están ya ahí­, a las puertas de convertirse en nuestras inseparables prótesis. Sin embargo, en base a las tecno logí­as que ya dominamos deberí­amos ser capaces de decir algo, cosa que espero ir haciendo aquí­.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.