La reconquista de mi depacho (3)
Reaparecen entre los “escombros” el telescopio de Newton, regalo de Ibermática, a quien debo tanbién una esculturita caprichosa que porta el olor corporativo de esa compañía, y los trastos de cebar mate, regalo de los indianos.
Los coloco en su sitio, sobre la mesa de asuntos generales, junto a un viejo reloj de sobremesa, heredado por mi mujer de una tía, un bolígrafo elegante, regalo de alguna de estas instituciones que solicitan mis servicios entre técnicos e intelectuales y a las que no cobro si el problema es suficientemente interesante, y distintos portarretratos con fotos de mi padre y de mi boda hace ya más de cuarenta años.
Además en esta mesa - una de las cuatro de distintos tamaños que ocupan buena parte del despacho - reposa una bolsita de plástico con moneditas de pequeño valor nominal que acumulo y luego regalo a mo hija para vicios, varios cd´s (de Amaral, Monteverdi y Mozart), las llaves del Ampurdán y de Las Arenas y, desde luego, una lámpara que ilumina en este momento unas cuantas cartas que tengo que contestar por procedimientos del siglo pasado.
