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Juan Urrutia

29 de noviembre de 2009

La marca de la sabiduría

¿Qué queda al lector al final de El Capitalismo que Viene? Pienso que le queda que la competencia propia de un capitalismo de los tiempos que nos va a tocar vivir consigue dispar las rentas, en sentido técnico, de manera que cada individuo gana estrictamente su coste de oportunidad. Podemos decir con toda precisión que , en una situación como esa, el individuo no tiene poder ninguno. El poder etá en el sistema si se me permite usar esa palabra en referencia a un sistema económico en el que no hay imperfecciones.

Pesaba en eso el otro día cuando discutía con unos amigos las implicaciones de El Nacimiento de la Biopolítica de Michel Foucault. Lo que a un individuo le pasa en esa situción límite del capitalismo es un magnífico ejemplo de gobernabilidad liberal en la quese da el sometimiento llevado al paroxismo. Cada individuo piensa que es perfectamente libre puesto que hace lo que realmente quiere hacer, dados los precios, y el comportamiento de todos conjuntamente, actuando como si fueran libres, produce esos precios que cada uno toma como dados y de los que no se pueden zafar.

Uno se pregunta en qué consistirá la sabiduría en una situación así. No me cabe duda de que, dado el sometimiento máximo posible que aqueja a un individuo cualquiera, lo único sabio que este individuo puede hacer en una situación así es”trabajar”, es decir cumplir con lo que él mismo ha decidido que quiere hacer, y “cuidarse” a sí mismo. Pero, en la medidad en que su subjetividad está total y exhaustivamente determinada por ese sometimiento sutil que le fuerza a aceptar lo que en última instancia define el contenido de su libertad, el cuidado de sí mismo ha de ser algo que se encuentre en la estrecha frontera entre la aceptación pasiva de su situación y de su argüiblemente falsa libertad y las rebeliones innombrables que llevará a cabo de manera espasmódica: excesos, drogas y toda clase de trangresiones que le hagan olvidar que, en realidad, esos espasmos no hacen sino consolidar su sometimiento al sistema.

Ante una situación así ¿cuales son las figuras de la sabiduría? ¿Qué puede hacer un individuo que le haga sentirse dueño de su propia subjetividad?

El silencio radical me parece la primera de esas figuras propias de la retórica de la autonomía personal. Ma basta con imaginar la desesperación del torturador ante el silencio inquebrantable del torturado para reconocer que, sin ese silencio, no puede haber reconocimiento de la subjetividad que no está de antemano viciado y vivido de manera impostada.

La perfecta quietud constituye, de manera análoga a la anterior, otra derrota posible de la sumisión ya que toda acción está ya dictada de antemano y es solo la quietud sin fisuras la que disuelve la sumisión.

Silencio y quietud son las señas de identidad de la Esfinge de modo y manera que esa figura ha sido siempre, como sínteis del silencio y la quietud, la forma más perfecta de la rebelión, la más perfecta de las disidencias.

Pero a la esfinge le falta la acción para convertirse en no solo la más perfecta de las disidencias, sino en la única posible. El gesto realmente más perfecto, la acción mínima más reveladora de la independencia y el cuidado de la subjetividad, es el ayuno radical. Solo desde una anorexia no mórbida sino aceptada con total paz, puede un individuo en el límite del sometimiento social, sentirse autónomo y dueño de sí mismo.

Un Esfinge anoréxica es, sin duda, la marca de la sabiduría.

5 Comentarios a “La marca de la sabiduría”

  1. Carlos Boyle

    El chaman

  2. rondoncarlos

    Leyendo este post del silencio como marca de sabiduría para el cuidado de la subjetividad recordé dos ideas: la primera, la escena del séptimo sello cuando la muerte arrastra a la fuerza a Antonius Block, el caballero cruzado que juega ajedrez con ella, y entre las quejas de Antonius, la muerte lo manda a callar y él responde: “Me callo, pero protesto”.
    La otra idea es del maestro Goethe: “Frente a lo absoluto, el silencio”.

  3. Juan Urrutia

    Muchas gracias a ambos por remitirme al chamán, al caballero medieval y a Goethe. ninguna de estas figuras me parece lejana o inadecuada para encarnar mi esfinge anoréxica

  4. soninox.com/

    Brillante, Juan. Simplemente brillante.

1 Trackback/Pingback

  1. Post invitado « Juan Urrutia 4.0

    [...] gesto mas radical solo perfeccionable por el quietismo y la anorexia completando así la figura de la esfige anoréxica a la que Carlos bautizó astutamente como el [...]

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    Meditaciones de agosto (Expansión, 25 de agosto)

    Claro que en agosto del 2007 me interesé por las hipotecas subprime y las reseñé aunque difícilmente podía imaginar ni el camino que había llevado a la burbuja ni las dimensiones de la misma o de los derivados generados a su socaire pues, como decía en el artículo de septiembre (¿Qué hará el BCE? Se admiten apuestas, Expansión, 3 de septiembre), toda esa innovación financiera me parecía inteligente y tendente a la eficiencia por la simple razón de que completaba mercados, idea ésta que mantengo a pesar de los pesares.

    Para las vacaciones del 2008 ya me mostraba más al tanto de sus peligros a pesar que durante el curso académico fueran otras las preocupaciones que me tuvieron entretenido. Ese agosto y bajo el título de Pasatiempos Vacacionales (Expansión, 6 de agosto) me preocupaba del problema de selección adversa asociado a la información asimétrica existente entre los bancos (especialmente de inversiones) que, ahora sabemos, empezaban a contratar los Credit Default Swaps (CDS) que les permitirían hacer un buen negocio cuando los bonos derivados creados a partir de las subprime (una forma de CDO o Colateralized Debt Obligations) empezaran a no hacer honor a sus compromisos debido a la imposibilidad de pagar las hipotecas subyacentes.

    Así que el problema planteado por la caída de Lehman no me cogió del todo desprevenido. El pasado verano y a propósito de un artículo ajeno que mostraba evidencia empírica sobre las ventajas de la innovación financiera para no pocas economías, volvía yo a mis ideas iniciales (Maniobras marineras e innovación financiera, Expansión, 7 de agosto). Mis miedos habían desaparecido aunque resultó que la tranquilidad duró poco pues ya a principios de este 2010 me estaba preguntado por el posible double dip y por los problemas del desapalancamiento, esos mismos que nos han traído por la calle de la amargura en España y que, a pesar de lo que se pensó a partir del viernes 23 del mes pasado, día en el que se hicieron públicos los resultados de los tests de resistencia en los países de la UE, continúan vigentes. Y así llego a este verano del 2010. La propia crónica que acabo de describir me sugiere tres meditaciones centrales: sobre la innovación financiero-empresarial denominada “originar y distribuir”, sobre el problema central de la información asimétrica y la correspondiente selección adversa y sobre los problemas de endeudamiento.

    Comenzaré por el modelo de negocio denominado “originar y distribuir”. Nadie lo ha explicado mejor que Sidney G. Winter en una declaración ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes de los EE.UU. de América. Glosando superficialmente algunos párrafos de la primera parte de su exposición yo traduciría el milagro de la industria hipotecaria como una cadena de contratos entre agente y principal que parece no tener fin. Aparecen los brokers que venden hipotecas sin ser empleados de una institución financiera y que, por lo tanto, no ponen demasiada atención en la calidad del prestatario. Continúa la cadena la institución financiera que pone el dinero (el originador) que actúa como un dealer que no se queda en sus libros con ese activo, sino que se lo pasa a unos titulizadores que empaquetan este activo junto con otros de distinta naturaleza y distribuyen esos paquetes troceados entre prestamistas que los adquieren sin saber muy bien de qué se trata más allá de que el rendimiento es muy atractivo y de que, a partir de un cierto momento, cuentan con una especie de aseguramiento a través de los mencionados CDO´s.

    Nadie a lo largo de esta cadena ha tenido incentivos para preocuparse de la naturaleza y calidad del nuevo producto financiero. Como enseñanza a retener es que no se puede confiar en una cadena que no tiene un final claro. Nada de sorprendente hay aquí excepto por el hecho de que faltaba un inversor final con incentivos a vigilar y prevenir las posibilidades de que su inversión no funcionara correctamente. Podemos afirmar que es la ausencia de Consejos de Administración con misiones claras la que hace que dudosos esquemas de naturaleza bien conocida no sean reconocidos como tales y puedan venderse como genuinas innovaciones financieras que, además, parecen apoyar a las clases más desfavorecidas.

    Continúo ahora con el problema de la información asimétrica. Dada la velocidad y amplitud con la que se generó y diseminó el modelo de “originar y distribuir” que acabo de reseñar no es extraño que las instituciones financieras más involucradas en la cadena descrita no tuvieran ni idea de lo que tenían en sus tripas ni de lo que podría valer con independencia de las cuentas que presentaban a las auditorías o agencias de rating.

    La incertidumbre era total y, si nadie sabía nada, es normal que todas y cada una pensara que las demás estaban como ella, in albis. Todas y cada una de las instituciones financieras eran como los compradores de un coche usado que sabe que el único que sabe de verdad el estado del vehículo es el vendedor. O, todavía peor, que no quiere saber nada pues, en el fondo, no entiende lo que hace y recela de ello. Desde hace mucho tiempo es bien conocido que ante un problema de selección adversa como este se seca el mercado y que no hay más remedio que lograr separar los buenos bancos de los malos. Ante una situación así cabe preguntarse si esto se ha logrado con los tests de resistencia y enunciar luego una especie de queja profesional.

    Estos tests de resistencia que tanto están dando que hablar son como una ciberturba convocada por quien corresponde y que permite, hasta cierto punto y a pesar de deficiencias obvias, tener una idea aproximada de la calidad de las instituciones financieras, hacer de ese conocimiento un conocimiento común con lo que desde ahora debería ser más fácil la relación entre bancos que podrá centrarse en problemas reales y no en sospechas levantadas por la información asimétrica. En cualquier caso quiero añadir que, como profesional de la llamada ciencia económica, me resulta incómoda la actitud de los grandes expertos en Economía de la Información que han sido incapaces de ofrecer algún esquema novedoso de signalling o de screening que permitiera a los banco ya sea señalarse como bancos buenos ya sea autoseleccionarse como tales al reaccionar a un mecanismo novedoso. No me vale argüir ahora que la ignorancia era y es tan grande que es imposible encontrar un mecanismo revelador. Si así fuera deberían haberlo dicho expresamente en su momento.

    Cierro con la problemática del endeudamiento de cada economía (público o privado, familiar o empresarial, interno o externo) y de la parte de ese endeudamiento que tiene cada banco ya sea para guardar hasta el vencimiento, ya sea para revender si la ocasión surge. El desapalancamiento se hará y se hará de una manera ordenada; pero deberíamos aprender algo más allá del reforzamiento de la regulación y supervisión. Ya hay novedades a examinar tanto en la nueva legislación americana como en las ideas que se barajan en distintos comités de Basilea. Pero, como última meditación, me gustaría usar este ejemplo del endeudamiento para pensar sobre la noción de riesgo sistémico.

    No podremos entender esa noción a no ser que utilicemos ideas de teoría de redes. No representa mayor riesgo el fallo de aquella institución que sea más grande, sino el de aquella que, ante las mismas dificultades, ocupe una posición central en la red de instituciones financieras puesto que su centralidad le hará susceptible de generar problemas cualquiera que sea el origen de las perturbaciones. Hay que reconocer que, en esto, los tests de resistencia no han ayudado aunque con la información obtenida deberíamos poder empezar a trabajar con diversas medidas de centralidad en la redes financieras para continuar investigando las medidas de regulación bancaria que quieran ir más allá de la imposición de mayores exigencias de capital cuantitativas o cualitativas.

    No quiero terminar sin añadir algo sobre la importancia del papel de los Consejos de Administración. No solo he afirmado que el peligroso negocio de “originar y distribuir” no se hubiera generalizado si hubiera habido Consejos responsables, sino que, de lo expuesto, se puede colegir que los problemas de selección adversa no serán fáciles de solucionar sin la colaboración activa de esos Consejos así como que sin ellos no hay esperanza de poner en marcha una regulación que realmente tenga en cuenta el riesgo sistémico bien definido.

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