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Juan Urrutia

21 de enero de 2009

La irónica diagnosis de Dylan

El otro día citaba a Warhol y a Lagerfeld como grandes economistas. Hoy añado a la lista a Bob Dylan. En efecto, podemos mirar a la recesión presente en los EE.UU. como el resultado de un combate de boxeo en el que uno de los púgiles resulta muerto. ¿Quién tiene la culpa? ¿Debemos prohibir el boxeo? ¿Quizá debiéramos regularlo mejor o prohibir las apuestas?

Estas mismas preguntas podríamos hacerlas sobre el sistema económico que ha hecho posible que la tasa de crecimiento sea negativa y que el empleo caiga a plomo de forma que ese sistema está sobre la lona y los doctores discuten sobre la posibilidad de que se recobre y sobre las secuelas del combate.

Es aquí cuando llega en nuestra ayuda la poesía siempre que admitan ustedes que Bob Dylan es un poeta. A mi juicio lo es y de los buenos, así que voy a tratar de interpretar las estrofas de una canción que escribió en 1964 con ocasión de la muerte en el ring de un boxeador llamado Davey Moore: Who killed Davey Moore, Why an’ what’s the reason for? y que le convierte en un gran economista tal como tratré de argüir.

Sigamos el orden de la canción y preguntémonsos primro si la culpa no la tendrá la propia FED y, más en concreto, Allan Greenspan:

“Not I,” says the referee,
“Don’t point your finger at me.
I could’ve stopped it in the eighth
An’ maybe kept him from his fate,
But the crowd would’ve booed, I’m sure,
At not gettin’ their money’s worth.
It’s too bad he had to go,
But there was a pressure on me too, you know.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.”

Esto es algo que encaja perfectamente con lo que ya ha dicho Greenspan. Su oficio le pedía dejar que la situación se pudriera; pero su responsabilidad le empujó, jaleado por los inversores y los responsables multilaterales, a procurar una bajada de tipos. Si no lo hubiera heacho la presión sobre él hubiera sido insoportable.No, no es un banco central serio el responsable de la crisis.

Pero pensemos, en segundo lugar, en las clases medias que se veian como los millonarios de antaño, dueños de su casa y con un colchón de ahorro que les permitía algunas aventuritas financieras:

“Not us,” says the angry crowd,
Whose screams filled the arena loud.
“It’s too bad he died that night
But we just like to see a fight.
We didn’t mean for him t’ meet his death,
We just meant to see some sweat,
There ain’t nothing wrong in that.
It wasn’t us that made him fall.
No, you can’t blame us at all.”

Pues sí, tienen razón, nadie quería cargarse el invento. Solo querían ser parte del sueño americano actualizado y del sueño general de un enriquecimiento absoluto y no solo relativo. Pasar un buen rato.

Tercero. Miremos al Gobierno o quizá a quienes han capturado a ese Gobierno. Es como el manager del pobre Davey que se exculpa así:

Not me,” says his manager,
Puffing on a big cigar.
“It’s hard to say, it’s hard to tell,
I always thought that he was well.
It’s too bad for his wife an’ kids he’s dead,
But if he was sick, he should’ve said.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.”

Y es que, en efecto, aparte una aprensión general sobre lo bien que iban las cosas ¿quién iba a decir que el sistema estaba a punto de un colapso? Tiene toda la razón Paulson. Debería haber avisado el propio sistema o su patronal o su supervisor

Ya está, debe ser la codicia de los especuladores: pero estos tienen una defensa fácil:

Not me,” says the gambling man,
With his ticket stub still in his hand.
“It wasn’t me that knocked him down,
My hands never touched him none.
I didn’t commit no ugly sin,
Anyway, I put money on him to win.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all

Y así es. Tratar de hacer dinero con las posibilidades que te proporciona el sistema no es pecado y ni siquiera hace falta ser un codicioso. Es normal en un buen padre de familia.

Pero hay un quinto sospechoso: los economistas que no han hecho su trabajo, los analistas que han tenido que improvisar a falta de teoría o las agencias de rating que están preparadas para tiempos normales, no para situaciones excepcionales.

“Not me,” says the boxing writer,
Pounding print on his old typewriter,
Sayin’, “Boxing ain’t to blame,
There’s just as much danger in a football game.”
Sayin’, “Fist fighting is here to stay,
It’s just the old American way.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.”

Sí, efectivamente, esas cosas pasan pero los economistas lo han dicho cien mil veces. Muchos, no sol Roubini, pero no conocemos un sistema mejor. Y si lo perfeccionamos será todavía más imprevisible. No, nosotros los economistas no tenemos la culpa.

No nos queda, en sexto lugar, más que el destino porque echar laculpa al sector inmobiliario no sería adecuado puesto que esta industria seria y efeicaz lo único que he hecho es seguir las señales del mercado:

Not me,” says the man whose fists
Laid him low in a cloud of mist,
Who came here from Cuba’s door
Where boxing ain’t allowed no more.
“I hit him, yes, it’s true,
But that’s what I am paid to do.
Don’t say ‘murder,’ don’t say ‘kill.’
It was destiny, it was God’s will.”

Bien, sigámonos preguntando por los culpables; pero no es esa la línea de investigación interesante aunque cortar cabezas de turco y presentarlas en una bandeja es lo primero a lo que cualquier desastre incita.

3 Comentarios a “La irónica diagnosis de Dylan”

3 Trackbacks/Pingbacks

  1. » Cómo sobrevivir a la crisis

    [...] tu empresa y apuesta por la innovación más que nunca, da ejemplo, no me digas que tu producto o tu empresa no tuvieron nada que ver en la crisis. Si trabajas en tecnología no seas tan tonto de decir que no fue por su culpa. A nadie le aporta [...]

  2. Juan Urrutia 4.0 » La irónica diagnosis de Dylan (2)

    [...] que recibo. [+ info] Juan Urrutia: Escribí sobre los sospechosos habituales (de la crisis) a través de un poema de Dylan. Lo quiero utilizar para una charla pendiente a efectos de subrayar que buscar culpables no arregla [...]

  3. Mi kioskero « Juan Urrutia

    [...] para mañana pues me va a estar esperando. No me parece oportuno desviar su tiro y cantarle el párrafo de Dylan en el que les disculpa metafóricamente, sería descortés y una vía de escape indigna de un intelectual como mi kioskero. La pregunta es [...]

  • Canal miniposts

    1. Juan Urrutia Juan Urrutia

      Transparencia total

      El post de Versus de hace ya unos días me hizo ponerme de buen humor por las razones equivocadas. Volvía de Londres y me había llamdo la atención la cantidad de carteles de la CCTV que había en edificios, calles e incluso taxis. Pensé en su libro en la colección Planta 29 y me encantó encontrarme con su post. Pero luego me entraron ganas de declararme totalmente transparente, exigir una mayor vigilancia de mis ctividades como esos violadores que exigen la castración química y declarar a los que defienden la privacidad como sujetos sometidos a prejuicios pequeñoburgueses (¡qué bonita palabra ésta!). Pensé que si “ellos” pudieran ver mis pensamientos pondrían mi cabeza en la guillotina tal como dice el gran Dylan:And if my thought-dreams could be seen/They’d probably put my head in a guillotine/But it’s alright, Ma, it’s life, and life only.

    2. David de Ugarte David de Ugarte

      Feministas subvencionadas

      Dicen en el boletín de los cooperativistas residentes del territorio gestionado por el estado español ;) que “el llegar al poder en las cooperativas supone para las mujeres el poder de controlar sus propias vidas“. Me fascina la lógica bajo la expresión “llegar al poder“. Soy socio de una cooperativa que no factura mal, no soy miembro del consejo social ni administrador. Pero la cooperativa, nuestra cooperativa, sirve para enfrentar sin delegaciones el mercado y por tanto para tomar el control de mi propia vida en un aspecto fundamental. Es la democracia económica la que nos lo permite. A todos. Pensar que hace falta “llegar al poder” para eso es mentalidad de profesional del trepaje político. Esos que nunca pueden hablar claro por no hipotecar alianzas futuras. Lógica de subvencionado (y subvencionada, que son por lo visto dos comunidades separadas y no un neutro colectivo). En fin, qué coraje me da que estos mensajes reaccionarios, propios de los que viven del cuento a costa de impuestos y cuotas de todos, se manden desde nada que lleve el sello cooperativo.

    3. David de Ugarte David de Ugarte

      Toto, we are not 2.0 anymore

      Adiós twitter! Adiós facebook! Diría hoy Dorothy saliendo del país del 2.0. Sherlock marca el camino a base de blogs y de aquellos viejos foros que algún tonto alguna vez dijo habían pasado de moda. Pero, claro es que no eran una moda, de hecho hay cosas importantes y hay modas. Y conviene no olvidarlo. Aunque sea como balance del curso que se cierra.

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    Austeridad o exuberancia (Expansión, 6/07)

    Cuando hace dos años escasos presenté El Capitalismo que Viene ( Ediciones El Cobre , octubre 2008) me encontré en una situación embarazosa. En ese libro yo trataba de hacerme cargo de a dónde nos dirigíamos cabalgando la llamada Gran Moderación pero asaltados por tres factores imprecisos y difíciles de calibrar. La globalización ensanchaba los mercados y debilitaba la importancia de los estados nacionales, la sociedad de la información hacía disminuir drásticamente la ratio entre peso de la producción y valor de la misma y las TIC ( Tecnologías de la Informacion y de la Comunicación) disminuían significativamente los costes de transacción. Quería saber cómo estos tres factores influirían en las instituciones básicas de un sistema económico capitalista, el agente individual, la empresa y el estado, de manera que pudiéramos hacernos una idea de las nuevas formas de convivencia económica que podrían, pensaba yo, pasar de formas reguladas por el poder a formas autosostenidas y basadas en la fraternidad.

    Pero, para mi descolocación, en el momento en que el libro se presentó la crisis que no quería decir su nombre ya estaba servida y sabíamos de qué iba. No se trataba ya del inmediatamente anterior incremento de los precio de petróleo, materias primas o alimentos, sino que ya estaba claro que, cualquiera que fuera su origen, lo que ocurría era que la demanda agregada se desplomaba por una caída en la riqueza financiera originada por la repentina falta de confianza de unos bancos en otros al saberse todos víctimas de una innovación financiera que, aunque en principio creaba mercados y repartía riesgos, no había llegado a hacerlo de manera que pudiera pensarse como completa sino que dejaba abiertas posibilidades de fracaso que en, cuanto fueron sospechadas o intuidas por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, se materializaron. No es de extrañar por lo tanto que la visión futurista de mi libro me pareciera inoportuna y su exposición embarazosa. Sin embargo, entonces y ahora, estaba y estoy, empeñado en entender cómo deberían modificarse mis visiones a la luz de lo que se llamó la Gran Recesión. Y para mi sorpresa, resulta que esas visiones eran bastante acertadas.

    Lo primero que yo había aprendido de mis elucubraciones era que la política estabilizadora era imposible en un capitalismo como el que apuntaba, que no había más remedio que admitir que cualquier política que pretendiera la estabilidad del sistema estaba destinada a tener consecuencias imprevisibles (ver Expansión, 3 de marzo del 2009).Esta implicación de mi análisis, que estaba basada en la idea de la imposibilidad técnica del commitment y de la dudosa estabilidad de cualquier regla en un mundo cada día más globalizado, sigue siendo cierta y de ello tenemos un ejemplo cercano. Habiendo roto el compromiso del PEC (Pacto de Estabilidad y Crecimiento ) ya fuera mediante un política monetaria poco ortodoxa o mediante una política fiscal que rompía los acuerdos de ese PEC diseñado en Maastricht, nos encontramos con la consecuencia imprevista y ciertamente no deseada, de que, en la resaca del gran gasto público que por razones automáticas relacionadas con el paro o por razones de sostenimiento de la demanda agregada había que realizar, el endeudamiento del sistema había aumentado significativamente hasta el punto de que quizá alguna economía específica (¿Grecia?) estaría ya cerca a ese punto fatídico en el que hay que pedir prestado para el pago, no ya del principal, sino de los intereses de la deuda emitida hace años. Por lo tanto mi análisis parecería estar estar en línea con lo que ha estado ocurriendo desde mayo a pesar del aparente contraste en el tono.

    Pero es que, además, en esta poscrisis en la que nos encontramos, y que pone en juego el mismísimo euro, se plantea otra aparente diferencia entre mis elucubraciones y los ramalazos de la Gran Recesión. En efecto, la actitud exuberante y el glamour de los nuevos ricos que surgían gracias a la rotación de las élites que propiciaba el capitalismo que había tratado de entender, se ha trocado en una apelación desesperada a la austeridad. Lo que estéticamente nos parecía atractivo durante los años de Gran Moderación en los que el mundo crecía a tasas inusitadas nos pareció de pronto hortera y volvimos a apreciar como atractiva la austeridad en la forma de vida. Confundimos la estética con la ética y comenzamos a escuchar los cánticos de exaltación de los valores de siempre que habrían sido traicionados por la avaricia y la idolatría del dinero. Tendríamos que volver al amor al trabajo, a un mundo considerado con las generaciones por venir y sostenible. Curiosamente la concepción que subyace a esta palinodia se parece mucho a la descripción que hace Marx (en La Ideología Alemana) del comunismo una vez realizado : “…en todas las sociedades anteriores (el hombre ha sido) cazador, pescador, pastor o crítico, y no tiene más remedio que seguirlo siendo, si no quiere verse privado de los medios de vida; …. la sociedad comunista…. hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos.”

    Y esta actitud que, arguyo, es la que hoy prevalece aunque nadie se acuerde de la cita, me da pie para perfilar la segunda posible diferencia entre lo que escribí con ánimo prospectivo-teórico y lo que está ocurriendo como segunda fase de la Gran Recesión. Nos encontramos pues con dos vía posibles hacia el mundo que viene. O la austeridad franciscana hermanada con el mundo animal y natural o la exuberancia asociada a un mundo cada vez más artificial que, no sujeto a leyes naturales, progresa sobre la base de la desolidificación de la producción. Y, sin embargo, creo que ambos caminos nos llevan en el límite a una forma en cierto sentido similar. En el paraíso comunista no hay explotación y todo el mundo puede obtener, de acuerdo con las fuerzas productivas, aquello que verdaderamente desea y no eso que no tenemos más remedio que procurar obtener a base del esfuerzo. Pues bien, mi manera de entender por dónde iban a ir los agentes individuales, las empresas y el estado en un capitalismo que apuntaba, se parece mucho a la escatología comunista. Es realmente extraña la semejanza en lo que se refiere a la capacidad que tendrá el agente individual de ser muchas cosas a la vez, de convertirse en lo que más tarde llamé el pluriespecialista, un oximoron al que me atengo. La ventaja comparativa y la especialización ya no son necesarias en el límite del capitalismo que viene porque ya se ha vencido la necesidad que subyacía a la escasez. En un mundo global en donde el valor añadido bruto es cada vez menos tangible y en donde reinan las TIC, la escasez no es algo tan inmediato y ante la fuerza de la competencia entre los que se han apropiado de las rentas generadas en buena parte por la regulación, éstas-las rentas -se disipan de manera que cada uno obtiene justamente su coste de oportunidad y éste resulta ser muy parecido cualquiera que sea la actividad a la que uno se dedique.

    La única diferencia entre el paraíso comunista en que se miraba Marx y el límite del Capitalismo que Viene es que, en aquella historia, cada uno se podía relajar sin deseo alguno de prosperar mientras que en este otro mundo del capitalismo regido por una competencia generalizada cada uno se hace con su coste de oportunidad porque no puede mantener las rentas de las que le gustaría apropiarse para siempre justamente por la competencia generalizada. Aparentemente en ambos mundos se pesca por la mañana… etc., pero en uno es para siempre y nadie se preocupa de garantizarlo mientras que en el otro mundo esta pluriespecialidad en el disfrute es posible porque la lucha competencial es encarnizada en todos los ámbitos. En el mundo de la ucronía marxista la austeridad existe porque ya se ha llegado a lo que se podría llegar siguiendo la ambición del que persigue la riqueza. En el mundo del horizonte del capitalismo la austeridad existe porque nadie puede permitirse la exuberancia durante mucho tiempo ya que será desplazado por el más austero.

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