Publicaciones en prensa

LA INVESTIGACION A GOLDMAN SACHS

Esta artículo apareció en Expansión martes 27, hace dos días. Lo reproduzco aquí corrigiendo un pequeño error que, aunque se entendía como tal sin posibilidad de malentendido, merece la pena eliminar.

La acusación de fraude por parte de la SEC contra Goldman Sachs, el banco de Inversiones más admirado del mundo, una institución de la que se decía que había visto venir el final de la burbuja inmobiliaria y se había librado de ella, llega en un momento muy oportuno para que salga adelante la reforma del sistema financiero que persigue Obama y en un momento muy inoportuno para la recuperación pues nos hace volver a la época en la que los bancos recelaban unos de otros y en consecuencia no hacían uso del interbancario pensándose dos veces el intercambio con ninguna casa cuyas condiciones de solvencia desconocían. Por ambas circunstancias puede muy bien ocurrir que el frenazo a la innovación financiera sea demasiado brusco.

Trato ahora de describir lo que entiendo que ha ocurrido. Tengo que hacerlo a pesar de que, en este mismo periódico, esto ya se ha hecho al menos en un par de columnas. Mi descripción sería como sigue. Yo, Goldman comercializo, y cobro comisiones por ello, un producto derivado llamado CDO (colateralized debt obligation) que consiste en un paquete formado por trocitos de otros activos primarios o derivados. De esta manera, y en principio, yo, Goldman, me financio y además colaboro a completar mercados, es decir a repartir mejor el riesgo haciendo que éste recaiga sobre quien lo quiere asumir. La estructuración de este paquetes es algo que no hago yo sino que se lo encargo a una inversora llamada AKA quien, a su vez, recaba el asesoramiento del Sr. Paulson propietario y gestor de un hedge fund. En varias rondas de contactos entre estos dos intermediarios se va conformando el paquete de trocitos de hipotecas, o de CDOs preexistentes, que se denomina Abacus. Tal como es costumbre yo, Goldman, lo mismo que AKA, tomo posiciones largas en este activo sintético, es decir compro parte de él y me lo quedo en mi activo mostrando así mi confianza en su valor intrínseco. Hasta aquí nada anormal. Lo raro llega cuando nos enteramos que la SEC acusa al Sr. Paulson de haber recomendado, para conformar el paquete, activos de los que, de hecho, desconfía hasta el punto de pensar que van a bajar de valor. Esto le permite al Sr. Paulson hacer un buen negocio vendiendo hoy a corto, es decir cobrando a precio de hoy lo que no tiene pero que puede entregar mañana cuando lo compre a su verdadero valor que, como ya sabemos, puede ser muy inferior al precio que el Sr. Paulson ha cobrado hoy. Pero yo no vendí en corto sino todo lo contrario, tomé posiciones propias y, finalmente, perdí aunque posiblemente menos de lo que gané en las comisiones de colocación.

¿Algo que objetar? ¿Que yo no di la información adecuada? Pero ¿qué información sería ésta? Quizá que alguien pensaba vender a corto? Pero ¿cómo podría saberlo yo? Quizá no lo sabía ni el mismo Sr. Paulson y, en cualquier caso difícilmente le vamos a sonsacar lo que sabía o dejaba de saber. Y, por su parte, AKA, que actuó como estructurador por encargo mío y también tomó posiciones propias, ofreció junto conmigo toda la información habitual sobre las tranches de otros CDOs o de las hipotecas que conformaban Abacus. Además, como es habitual, yo compré a AIG un seguro, denominado CDS (Credit Default Swap) para cubrirme del riesgo de que Abacus no funcionara y no pudiera pagar a sus compradores (entre los que me encuentro) los intereses prometidos. Cualquier otro inversor pudo hacer lo mismo y algunos lo hicieron por lo que, es de esperar que AIG se enterara bien de la naturaleza del nuevo CDO. ¿No es esto prueba fehaciente de que aquí no hay nada anormal?

La investigación y, en último término, los tribunales dirán cual es la verdad jurídica, la única que cuenta, dicen. ¿Seguro que es la única que cuenta? Pues no, porque lo que ahora está en juego es la reforma del sistema financiero, su regulación y su supervisión, y de paso la posibilidad de aprovechar la potencialidad de la innovación financiera. ¿ Qué hacer? Se puede tomar una actitud prohibicionista o una posición que aboga por la transparencia total. Examinemos ambas.

La transparencia tiene tan buena prensa que es lo primero que se le ocurre a alguien que quiera preservar las ventajas de la innovación financiera. Pero no es evidente que sea la solución y ello por dos razones. La primera es que no hay streaptease que descubra toda la verdad. Ese es un desideratum inalcanzable. Ya hemos visto que todos los supervisores del mundo no han sido capaces de informar sobre las verdaderas posiciones de los bancos de manera que la estabilización del sistema financiero no se debe al conocimiento común de las posiciones de cada uno sino, más bien, al paso del tiempo que todo lo cura y que hace pensar a cada banco que ya no necesitará desnudarse. No nos queda pues más que preguntar a los Srs. Paulson de esta vida. Pero a falta de tests neurológicos que no imagino vayan a ser completamente fiables en un futuro inmediato, no podemos confiar en que nos vayan a decir la verdad. Lo más interesante es que igual no nos la podrían decir aunque quisieran porque es posible que, una vez elegidos los activos subyacentes a Abacus, su mezcla haya sido dejada a un procedimiento automático completamente imposible de desencriptar. Si así fuere el mismo Sr. Paulson estaría tomando riesgos, aunque limitados pues, si bien la encriptación del procedimiento de mezcla puede ser compleja, los ingredientes básicos sí que han sido seleccionados intencionadamente. Parece que no nos quedarían más que las posiciones prohibicionistas, bien radicales, prohibiendo toda titulización, bien matizadas prohibiendo las operaciones al descubierto o, en cualquiera de los casos, no prohibiendo ni una ni otras, pero penalizándolas con tasas ad-hoc bien diseñadas.

¿Qué haría yo, quitándome ya el disfraz de Goldman? Prefiero correr el riesgo de toparme con sinvergüenzas capaces de engañar al sistema que adoptar medidas prohibicionistas que llevarían al sector financiero a convertirse en una utility incapaz de completar mercados.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.