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La guerra de divisas y los problemas del euro

Me gustaría escribir un ensayo didáctico sobre la inestabilidad cambiaria que caracteriza esta tercera fase de la crisis explicando cómo podríamos inmunizar a cada país a partir de un mecanismo central que sirviera para empoderar a todos los países simultáneamente de forma que pudieran hacer su santa voluntad sin necesidad de mirar de reojo lo que hacen los demás. Se trata de un tema de actualidad rabiosa puesto que la última reunión del G20 en Seúl no ha tenido éxito en solucionar «la política de empobrecer a tu vecino» que deriva en una «guerra de divisas», dos manifestaciones de lo que querríamos evitar con ese mecanismo supranacional y puesto que, como decía Miguel Otero Iglesias en Expansión el 1 de diciembre, la política de austeridad impuesta en la zona euro por Alemania, y que tantos sustos nos ha estado dando, puede verse como otra «guerra de divisas» alentada por Alemania que, como China, es un país exportador con un superávit externo. Para aclarar los conceptos usaría el método didáctico del “supongamos”.

Supongamos pues que nos encontramos en un mundo en el que tenemos dos países (USA y China) de igual tamaño y población, con la misma masa monetaria denominada en su correspondiente moneda (dólar y yuan), cada uno de los cuales produce lo mismo (fideos) pero que tienen dos productividades distintas, una la mitad de la otra. Supongamos que hay un tope a la producción que no permite la especialización total de un único país en la producción de forma que nos encontramos en una situación en la que los fideos se producen en ambos países aunque el más productivo exporta al menos productivo. Esto genera un tipo de cambio idéntico a la relación de los precios relativos, dos yuanes por un dólar.

Supongamos que el país exportador hace un esfuerzo inversor comiendo menos fideos y dedicando parte del ahorro así generado a investigar la posibilidad de innovar introduciendo un nuevo bien llamado chip. Cuando el éxito de la innovación parece estar cerca, el ahorro espontáneo se acaba y el gobierno del país exportador emite deuda para seguir pagando a los investigadores. Pero no parece que los habitantes de ese país estén deseosos de quedarse con esa deuda mientras que los habitantes del otro país, China, a pesar de que comen menos, hacen un esfuerzo ahorrador suplementario y se quedan con casi toda la deuda emitida en los USA. No es difícil imaginar que el tipo de cambio ya no coincide con el anterior pues ahora en el mercado de divisas se compran dólares no sólo para importar fideos sino también para comprar deuda de los USA ofreciendo yuans a cambio. La balanza comercial americana es excedentaria pero la de capital es deficitaria. En China ocurre exactamente lo contrario.

Supongamos ahora que en los USA ocurre algo que hace que la coordinación de los mercados no funcione y se cree un desempleo mayor del experimentado hasta entonces. Las autoridades deciden inundar el mercado de dólares comprando la deuda a los tenedores de la misma residentes en América. Esto hace bajar el tipo de interés e incrementa el incentivo a seguir innovando en la producción de chips. Esto, a su vez, aceleraría la recuperación del empleo y también produciría un decrecimiento del valor del dólar debido a que la demanda de dólares por parte de China sería ahora menor con lo que las exportaciones americanas de fideos aumentarían. Esto desplazaría algunos productores chinos de fideos y parte del desempleo se trasladaría a su país. La reacción china no se haría esperar. Trataría de reducir el valor de su moneda para importar menos y recuperar puestos de trabajo domésticos. La «guerra de divisas» está servida y lo que cada uno de estos países está haciendo es tratar de «empobrecer a su vecino». Supongamos que este proceso lleve a una situación con un tipo de cambio que vaya repartiendo el desempleo al tiempo que permita llevar a cabo el descubrimiento del chip.

Supongamos que los dos gobiernos tratan de evitar que esto se repita mediante la creación de una agencia reguladora que no permita oscilaciones exageradas del tipo de cambio interviniendo mediante un fondo creado al efecto por los países. Éstos estarían mejor si lo consiguieran pues la incertidumbre habría disminuido, pero ¿podrían alcanzar un acuerdo para crear este fondo? Es dudoso pues se han puesto en una situación de un juego estratégico en el que no hay por qué esperar que se alcance un equilibrio aceptable puesto que cada uno de ellos podría obtener una posible ganancia jugándolo pero cerrando su frontera. Como no hay un “ejército mundial” que le obligue a dejar pasar los bienes por la frontera, es muy posible que cualquiera de los otro países, temiendo esto, se adelante a cerrar la suya. Todos pierden justamente por el deseo de no dejar tomarse el pelo por uno de los otros dos. El quid de la cuestión en este cuento reside exactamente en saber porqué no puede haber semejante ejército o mecanismo central equivalente.

Supongamos, en efecto, que lo hubiera. Habríamos creado un mundo en el que todo es explanandum y no hay ningún explanans. Y esto es lógicamente imposible. Para verlo con más claridad supongamos que hemos encontrado una píldora que elimina automáticamente a cualquiera de los países que rompe torticeramente el acuerdo. ¿Problema resuelto?. Parece, pero no es así pues hemos tenido que introducir un artefacto que no estaba en la descripción primitiva del mundo. Nuestra explicación tiene que dar cuenta de esta píldora y ello exigiría la aceptación de su creación aunque lo óptimo para un país sería hacer como que la admite y no admitirla desarrollando su antídoto, otro explanans con el que no debemos contar si queremos ser lógicos.

Si ahora sustituimos China por Alemania, fideos por automóviles y el chip por un coche eléctrico, la misma parábola puede aplicarse de forma que la situación del euro podría entenderse no tanto como una debilidad de una zona monetaria mal diseñada sino como una guerra de divisas que, en el caso de Alemania, tiene como víctimas a otros países de la zona euro. La diferencia radica en que ahora se puede conformar una agencia reguladora pues tenemos a USA y China como explanans.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.