Artículos

La Gran Desconexión

Robert Heilbronner era un economista de los años cincuenta/sesenta muy reputado sobre todo por su libro titulado The Worldly Philosophers que algunos devoramos en la juventud en buena parte como complemento de la áridas lecturas curriculares. Pensaba en él cuando subtitulé La Mirada del Economista como Biografía intelectual de un filósofo mundano de los 90. Me parecía en mis años de estudiante de doctorado que, junto al tratamiento matemático de la Teoría que permitía una aproximación axiomática a la microeconomía así como un estudio serio de la existencia, unicidad, estabilidad y cuestiones de estática comparada de los modelitos macro fueran de corto plazo o de crecimiento, tenía que existir un planteamiento más social que se preocupara de, por así decirlo, la situación general del mundo, de las formas alternativas de organizar la producción, el consumo y la distribución y, muy en general, de los conflictos sociales derivados de la escasez.

Por debajo de esa manera de pensar mi futura posición en el mundo existía la convicción de que uno se preparaba para, desde su formación rigurosa, ser capaz de susurrar al oído del soberano los consejos apropiados a cada situación. En términos macroeconomicos era muy sencillo de verlo. Todas las preguntas relevantes de política económica no eran sino cuestiones de estática comparada, justo las que uno había aprendido a tratar. Y, de hecho, el sylabus de cualquier asignatura de una escuela de graduados estaba planteado de esa manera. La macroeconomía y la econometría eran dos ramas de un mismo saber ya que se podía recomendar algo sobre política económica solo cuando se hubiera planteado un modelo tratable, se hubieran extraído las respuestas a las cuestiones de estática comparada y se hubieran testado en una versión econométricamente tratable del modelo que permitiera estimar los parámetros relevantes. Uno tenía que estar preparado para contestar a su representante político si había que bajar o subir el tipo de interés o modificar y en qué dirección tipos impositivos. Esta manera de entender la tarea intelectual acompañada de un poco de cultura de la Historia del Pensamiento y de los hechos económicos daban pie a una conversación social entendible y comunicable.

Que la situación ya no es esa lo reflejaba hace un par de días Backhouse en el IHT. Decía:

When economists tackle small problems, they lose any vision about what the economic system should look like….. the thousands of activists in the streets of New York and London aren’t the only ones lacking perspective: economists, to whom we might expect to turn for such vision, have long since given up thinking in terms of economic systems — and we are all the worse for it.

¿Cuando se rompió esta manera de entender la profesión? No lo sé, pero parece claro que hoy esto, está claro, es un hecho. Hemos llegado a lo que Mark Thoma llama en un artículo reciente la Gran Desconexión (The Great Disconnect). Este profesor de economía e ilustre blogero la describe como sigue.

Comienza de forma contundente:

Economics has a long history of engagement on important public policy issues, and its early history was driven in large part by the desire to answer important public policy questions.

Hasta aquí es lo que he dicho en este post. Ahora bien esos lazos se han roto:

However, ties between academic economists and the public, the press, policymakers, and economists in business and government have declined in recent decades.

Y esto tiene lo que a él, y a mí con él, me parecen consecuencias perniciosas:

This has reduced the quality of the public dialogue on important policy issues and this, in turn, has made it easier for groups with a political agenda to use false and misleading claims to influence policy in their favor.

Esta última es una afirmación muy grave para la profesión si fuera ella la responsable. Quizá no lo sea pera habría que explicar por qué y cómo los economistas más o menos técnicos no han puesto coto a la manipulación de lo que han pensado y publicado. Como ejemplo pensemos en la defensa generalizada de la proliferación de instrumentos financieros derivados en base a la idea de que completan mercados. ¿Por qué nadie ha dicho que esto es solo cierto en el caso de que de hecho completen completamente (!) la estructura de mercados?

En consecuencia, continúa Thoma:

In addition, as the ties between academic economists and the practitioners who use the models and techniques they produce have diminished, the questions economists ask have drifted away from the questions of most interest to society. To a large extent, economics has become separated from its real world users and applications.

A continuación Mark Thomas va a expresar su fe en que la emergencia y creciente respetabilidad de los blogs va a poner remedio a esta no deseable situación. Esta es una cuestión aparte de la que hablaré algún otro día; pero ahora creo que merece la pena reflexionar un poco sobre algunos efectos de esta desconexión entre el mundo académico y aquellos otros agentes hoy cruciales en el manejo de la economía y, mas en general, de la sociedad.

El primero que quiero destacar es la excesiva especialización de la economía (que hace que se segmente en trocitos difíciles de reconectar) y, en consecuencia la ruptura de una conversación general fluída. Ciertamente este no es el caso de la Macro y la Econometría tal como muestran los modelos de equilibrio general dinámico que han sido últimamente tan reconocidos y tan grandemente han influído en los jóvenes graduados que conservan el interés por la conversación pública. Pero el mantenimiento de este lazo no ha sido gratis. Por un lado la econometría ha cambiado su aspecto y juega papeles alejados de la estimación que antes citaba. Por otro lado el mantenimiento de la unión entre ambas les ha separado más de otras ramas hasta ahogar algunas de estas últimas. Esto ha creado una brecha generacional que no puede ser buena.

El segundo efecto destacable de esta Gran Desconexión es que la fuente de los problemas a tratar por los académicos ya no es la realidad sino la propia deriva del quehacer teórico. Este autismo hace muy difícil el mantenimiento de una conversación social relevante y, lo que es mucho peor hace de la vida académica cotidiana algo mucho más aburrido.

Me atrevo a decir que esta dependencia del recorrido es uno de los mayores obstáculos para la propia disciplina, tal como ya mencioné en un post previo que además ofrecía otras ideas que le hacen un buen compañero de este que ahora acabo.

mm

Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.